Pilar Tejera, autora de Reinas de la carretera

  • Lunes, 10 Diciembre 2018

Pilar TejeraCon Reinas de la carretera, Pilar Tejera rinde homenaje a aquellas mujeres que ya a finales del siglo XIX y a comienzos del XX se pusieron al volante sin importarles los rígidos códigos morales de la época. En bicicleta, en moto, en sidecar o en coche, algunas de estas pioneras fueron incluso encarceladas, y la mayoría fueron criticadas. Afortunadamente, sus historias no han sido borradas por el tiempo y hoy la autora las recoge en un libro publicado por ediciones Casiopea que recuerda su contribución, de una u otra forma, al mundo que conocemos hoy, sobre el asfalto y fuera de él.

WOMENALIA.- ¿Por qué decidió relatar la historia de estas mujeres?
Pilar Tejera.- Todas ellas fueron pioneras. Abrieron camino cada una a su manera y en una época en la que las mujeres que querían salirse de lo establecido lo tenían realmente difícil. Además, vi que la mayoría de ellas, sobre todo las motoviajeras y las viajeras en coche, estaban unidas por el humor con el que relataron sus aventuras. La mayoría restó trascendencia a lo que hicieron, y lo cierto es que los viajes no fueron lo que se dice una cosa baladí. No había carreteras, ni gasolineras, ni hoteles donde pernoctar, ni mapas... viajaban llevadas por el instinto y, en algunos casos, tras varios pinchazos, rellenaron los neumáticos con las mantas que llevaban, enrolladas, al no haber estaciones de servicio... Además, en aquella época la gente no hacía grandes desplazamientos, por lo que los coches no tenían maleteros... y ellas se las ingeniaron montando una especie de bacas de madera, donde ponían sus baúles... Es una época llena de glamour, maravillosa, y estos relatos tan inspiradores no han sido traducidos ni dados a conocer en español. Esa fue una de las razones.

Alice ramseyW.- ¿Cómo han influido estas mujeres en la lucha por la igualdad?
P.T.- En muchas cosas de las que ahora no somos conscientes. Para empezar, demostraron algo tan sencillo como que tenían la misma capacidad de aventura y de resistencia que los hombres. Aquello supuso una auténtica revolución, un escándalo que socavó los cimientos de la sociedad victoriana que quedaba atrás. ¿Una mujer viajando en bici, en moto o en coche, y en solitario? Era algo inaudito. Además, montaron clubes, asociaciones, algo que antes no existía. Las mujeres estaban atomizadas y no se congregaban. Aquello también supuso un paso de gigante. Se montaron clubes de motociclistas, de ciclistas, de viajeras, en los que se daban cita, aprendían a dominar un vehículo, ayudaban a las demás a rebelarse... Es muy bonito ver cómo los viajes y los vehículos ayudaron a abrir la puerta a la libertad, y la autorrealización. Eran auténticas aventureras...

W.- El uso de un vehículo a motor es común a la mayoría de las mujeres que aparecen en el libro, pero también lo es la aventura por lugares tan lejanos para ellas como Vietnam y África, no menos controvertidos en su época para una mujer que viaja sola. ¿Qué movía el espíritu de estas mujeres?
P.T.- Les movía la curiosidad por el mundo, el espíritu deportivo que abrigaban, su energía... Dar la vuelta al mundo a principios de siglo no era algo que todo el mundo podría hacer. Viajar al sureste asiático, atravesar África de norte a sur en moto, hacer una ruta transcontinental en Estados Unidos de costa a costa, resultaba una locura...

Effie y Avis HotchkissW.- Indudablemente todas ellas han aportado su granito de arena a esa lucha por la igualdad, pero ¿cómo han influido en el mundo del motor en general?
P.T.- Mucho más de lo que imaginamos... A título de ejemplo, a Dorothy Elizabeth Levitt (1882-1922) le debemos el espejo retrovisor en los coches, y unas cuantas, incluso, quisieron saberlo todo acerca de aquellas máquinas, escrutar los secretos de su funcionamiento, desmontar los motores, mejorar sus prestaciones… Fue el caso de Mary Anderson, inventora de los limpiaparabrisas en 1903. Mary ideó una escobilla de goma suspendida sobre un eje unido a un mango en el interior del vehículo. Se le ocurrió la idea después de un viaje a Nueva York durante el invierno, cuando los conductores tenían que salir de sus automóviles para limpiar el parabrisas de la lluvia y los copos de nieve. Diez años después de que el dispositivo fuera patentado, prácticamente todos los coches usaban su invención. Las mujeres influyeron, incluso, en el transporte público: Wilma K. Russey pasó a la historia al convertirse en la primera mujer taxista de la ciudad de Nueva York, en 1915. Fue al parecer una mujer lista, seductora, terriblemente curiosa, que había trabajado durante más de un año en un taller de automóviles situado en la calle 50 y no tardó en comprender los principios de la mecánica, los secretos de la conducción, el funcionamiento de un embrague. Ella contribuyó con algunas mejoras de los vehículos. Hay casos como éstos, muy curiosos.

W.- Entre las protagonistas del libro, ¿cuál ha sido la idea más atrevida que ha descubierto al escribirlo?
P.T.- Todas ellas son maravillosas locas. Hay, claro, historias que me han divertido más, como la de Effie Hotchkiss, que cruzó Estados Unidos en moto en 1915 llevando a su oronda madre de 50 años subida a un sidecar que acopló a la Harley-Davidson, o la de Anita King, la estrella del cine mudo que también cruzó Estados Unidos en solitario, conduciendo un descapotable. Fue la primera mujer que hizo este recorrido sola. También está la historia de Aloha Wanderwell, que en 1920 y con sólo 16 años se animó a participar en una carrera con un desconocido para recorrer el planeta... Y la de Lady Warren, que en 1915 recorrió los desiertos de Argelia y Túnez subida en un sidecar...

Portada Reinas de la carreteraW.- ¿Hasta qué punto cree que tener un vehículo y una licencia de conducir empodera a las mujeres?
P.T.- Bueno, a mí la palabra empoderar no me gusta nada. Ni todo lo que tenga que ver con usar las historias para reivindicar, para presumir de algo, para demostrar algo... Yo creo que viajar subido a un vehículo le proporciona a cualquiera una sensación de libertad, de desapego... Pero es cierto que obtener una licencia de conducción, o una licencia de piloto, fue para la mujer, a principios de siglo, un logro. Pero por aquel entonces no había normas, ni escuelas, como hoy. Se improvisaba. El mundo automovilístico en aquel entonces aún iba a tientas e improvisaba. No se habían implantado normas ni exámenes y muchos países aprendían sobre la marcha. Vera Hedges Butler, adicta al peligro que se atrevió incluso a volar a bordo de rudimentarios globos, fue la primera británica que pasó un examen de conducción. Esto ocurría en 1900, cuando muy pocas temerarias hacían el intento de manejar un vehículo. Como las pruebas aún no se habían implantado en Gran Bretaña, Vera viajó hasta París para realizar el examen. Vera celebró el acontecimiento viajando de París a Niza, lo que fue cubierto por varios medios de la época. En opinión de la revista Automobile, el éxito debía atribuirse más al automóvil que a la pericia de la conductora. ¡Qué tiempos! Son esos tiempos los que he querido recoger en este libro... y espero que entretenga a los lectores. Está lleno de anécdotas.


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