Davinia Moreno: "Habría que dejar de insinuar que las carreras de ciencias y tecnología son más adecuadas para los niños"

  • Martes, 30 Enero 2018
Davinia-moreno Davinia Moreno es investigadora y líder del laboratorio de datación por Resonancia Paramagnética Electrónica (ESR) del CENIEH (Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana) en Burgos. Se dedica a analizar los granos de cuarzo extraídos de los sedimentos procedentes de yacimientos arqueológicos y/o eventos geológicos para calcular la antigüedad que tienen, es decir, su edad. Además, es mentora del proyecto STEM Talent Girl con el objetivo de inspirar y ayudar a aquellas jóvenes interesadas en las carreras de ciencias.

Cuéntanos un poco sobre tu trayectoria en el mundo de la Geocronología.

"La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes", esta famosa frase de John Lennon, resume muy bien mi trayectoria profesional hasta especializarme en geocronología. Intentando conseguir lo que quería, acabé haciendo geocronología.

Era el año 1999, justo en el momento de elegir carrera y Universidad, a mi madre le diagnostican cáncer de mama. En Zaragoza no hay carrera de Biología, que es lo que yo quiero hacer, pero no es buen momento para ir a estudiar fuera con mi madre enferma, así que, decido empezar Geología pero, siempre con la idea de cambiarme a Biología para estudiar Evolución Humana. Finalmente no me cambié y acabé la Licenciatura de Geología porque vi la relación entre ambas disciplinas y pensé que no estaba desviándome de mis pasos. Así que, siguiendo mi idea de hacer un doctorado sobre Evolución Humana, nada más acabar la carrera, me trasladé a Tarragona para estudiar un Master en Arqueología del Cuaternario y Evolución Humana con el objetivo de llegar a hacer un doctorado sobre "el estudio de la relación entre el desarrollo del cerebro y la dieta".

Meditando en la base del yacimiento de Galería en Atapuerca

Sin embargo, me encontré siendo una geóloga en un mundo de arqueólogos sedientos de estudios geológicos en sus yacimientos, y acabé haciendo una tesina en sedimentología sobre un yacimiento Achelense del centro de Francia. Y, éste, fue el momento de inflexión en mi vida. Para hacer esta tesina, realicé una estancia de 4 meses en el Departamento de Prehistoria del Muséum National d'Histoire Naturelle (MNHN) de París donde me ubicaron en el Laboratorio de Geocronología bajo la supervisión del director del laboratorio. Durante este tiempo, aprendí mucho sobre sedimentología lo que me permitió obtener el Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en Sedimentología y el título de Master Europeo en Arqueología del Cuaternario y Evolución Humana, ambos por la Universidad Rovira i Virgili. Sin embargo, mi interés cambió radicalmente hacia aquello que yo había visto hacer todos los días a mis compañeros de área en París: la datación utilizando una técnica con un nombre rarísimo, "Resonancia Paramagnética Electrónica (ESR)".

Andábamos ya por el año 2007 y el azar quiso jugar su última carta. Tras 9 becas predoctorales solicitadas (y denegadas) para poder hacer una tesis en Evolución Humana, conseguí la 10ª beca: una beca FPI asociada al proyecto Atapuerca y cuyo objetivo era realizar un estudio sobre la posibilidad de aplicar la técnica de datación mediante ESR (esa tan rara que yo había visto en París) a los granos de cuarzo extraídos de los sedimentos de la Gran Dolina en Atapuerca. Y así es como llegué al mundo, hasta entonces desconocido para mí, de la Geocronología.

La datación por ESR era un método de datación tan innovador que no había ningún laboratorio en España donde pudiera formarme así que tuve que trasladarme a vivir a París donde realicé mi doctorado en cotutela con el MNHN de París y la Univ. Rovira i Virgili de Tarragona. En octubre de 2011 obtuve el Doctorado Europeo Cum Laude convirtiéndome en la primera española en especializarse en la Aplicación de la Resonancia Paramagnética Electrónica (ESR) como método de datación tanto de yacimientos arqueológicos como de sistemas geológicos. Tan solo dos meses después obtuve un contrato post-doctoral en un proyecto franco-inglés financiado por la Agencia Nacional de Investigación de Francia (ANR) dedicado al estudio de "La aparición de la cultura Achelense en el Noroeste de Europa" donde estuve al cargo de la investigación geocronológica de los yacimientos arqueológicos localizados en el norte de Francia y el sureste de Reino Unido. Además, como la docencia es otra de mis pasiones, conseguí acreditarme en el Conseil National des Universités (CNU) en Francia para poder trabajar en las universidades francesas como docente.

A la hora de buscar nuevas "post-doc" o contratos, fui encandenando un "no" tras otro pero conseguí mantenerme a flote impartiendo clases de grado y máster sobre métodos de datación del Cuaternario en la Universidad de Tübingen (Alemania), en el Colegio de la Universidad de Chicago y en el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) de París. Al cabo de casi dos años en esta situación, me vine abajo y decidí dejarlo. En mayo de 2014, dejé el MNHN, dejé París tras 7 años viviendo en esa fantástica ciudad y decidí volver a Ricla para empezar de cero en otra cosa. La Ciencia está bien pero también hay que vivir... o al menos, eso es lo que pensaba entonces.

Sin embargo, una parte de mí me decía que, después de haber llegado hasta allí, no podía simplemente "dejarlo" y me hizo seguir buscando trabajo "de lo mío". Y... ¡lo encontré! Apenas un mes después de dejar París, encontré una oferta para trabajar en el CENIEH como Responsable de Línea de Investigación en datación por ESR. ¡Lo tuve clarísimo! ¡Me tenía que presentar sí o sí! Y así lo hice. Tres meses más tarde, en octubre de 2014 empecé a trabajar en el CENIEH donde sigo a día de hoy.
 
¿Qué fue lo que más te llamó la atención de este método?

Hasta el momento en el que descubrí la datación por ESR, no tenía ni idea de cómo se calculaba la edad de los fósiles, más allá del Carbono 14 que todo el mundo conoce. Me había centrado toda mi vida en querer estudiar los fósiles de restos humanos hasta el punto de olvidar por completo el contexto que les contiene, es decir, el sedimento. Cuando entendí que ese sedimento nos puede decir tantas cosas me quedé fascinada. Al descubrir este método de datación que era capaz de descifrar la edad de unos granos de cuarzo, empecé a interesarme por otros métodos de datación, por sus límites, sus particularidades de aplicación, es decir, empecé a conocer un nuevo y maravilloso mundo: el arte de calcular la edad de eventos y objetos antiguos.

Háblanos sobre el proyecto que te ocupa ahora mismo.

A pesar de mis años fuera de España, yo siempre he estado vinculada muy estrechamente con el Proyecto Atapuerca donde sigo trabajando intentando esclarecer la cronología de los principales yacimientos de la Trinchera del Ferrocarril. Otro proyecto muy interesante en el que tuve la suerte de empezar a trabajar hace un par de años, fue el proyecto Olduvai. En él estoy trabajando para dar fecha a varios de los yacimientos que comenzaron a excavar los Leakey en la Garganta de Olduvai (Tanzania) y que siguen sin tener dataciones numéricas porque no contienen niveles volcánicos en los que poder aplicar el método del K-Ar o el Ar-Ar. Más allá de los proyectos arqueológicos, también trabajo en proyectos dedicados a la datación de eventos geológicos como los sistemas fluviales del Tajo, del Duero y del Guadiana. Mi aportación a estos proyectos es calcular la edad de las terrazas fluviales para poder estimar cómo han evolucionado esos sistemas fluviales a lo largo del tiempo.

Trabajando en el yacimiento de TK en Olduvai (Tanzania) descubierto por los Leakey

¿Cuál es para ti la parte buena y cuál la mala de la tecnología/ciencia?

La parte buena de la ciencia es que siempre estás aprendiendo cosas nuevas. Además, te permite viajar y conocer gente nueva constantemente, algo que yo valoro especialmente porque me hace sentir joven. La parte mala es, sin lugar a dudas, la inestabilidad. Nunca sabes dónde vas a conseguir tu próximo contrato y eso te pasa factura en tu vida personal. La mayor parte del tiempo tienes lejos a tu familia y es difícil echar raíces allí donde estás.

¿Qué personas en el mundo de la tecnología y la ciencia te inspiran?

Jane Goodall. Para mí es un ejemplo de superación, de dedicación y pasión por su trabajo. Una mujer sin formación científica, ya que era secretaria, consiguió superar todos los obstáculos (no eran pocos en aquella época y, más siendo mujer) y convertirse en una de las mujeres científicas más conocidas y reconocidas del mundo. Ella solía decir que "la tecnología por sí sola no basta. También tenemos que poner el corazón". Yo interpreto esta frase pensando que si no ponemos nuestro corazón (nuestra pasión) en nuestro trabajo, éste no tiene ningún sentido y, por lo tanto, no llegará muy lejos.

Si pudieras sentarte con tu yo de hace 15 años, ¿qué consejo le darías?

Le diría que hiciera exactamente lo mismo que hizo. Luchar por conseguir lo que quería aunque la lucha le llevara a conseguir un objetivo muy distinto del que, inicialmente, se había marcado. Aunque jamás pensé que me dedicaría a la geocronología, ahora me alegro de que la vida me trajese hasta aquí. De todos modos, ahora también me dedicó a estudiar Evolución Humana pero desde un punto de vista diferente al que yo imaginé con 12 años.

¿Has visto en tu carrera/entorno algún ejemplo de discriminación en el sector STEM?

Yo puedo decir con total seguridad que nunca he sufrido ningún tipo de discriminación por ser mujer. He tenido la suerte de nacer en una familia en la que nunca se han hecho este tipo de diferencias y que siempre me ha apoyado, por muy descabellado que pareciera lo que estuviera haciendo. En el ámbito universitario y laboral, tampoco he vivido situaciones difíciles o de discriminación pero sí he de reconocer que, no todas las mujeres han tenido la misma suerte que yo. Esa discriminación existe y se refleja en las estadísticas. El número de mujeres que comienza una carrera universitaria es siempre notablemente mayor que el de hombres pero cuando nos fijamos en los altos cargos de empresas y universidades, esa tendencia se invierte. Es decir, las mujeres se quedan por el camino. ¿Por qué?

¿Qué medidas crees que se podrían tomar para paliar esta situación?

En los colegios e institutos, habría que dejar de insinuar que las carreras de ciencias y tecnología son más adecuadas para los niños. El cambio pasa por la educación y la concienciación pero, por mucho que cambiemos la forma de pensar de la sociedad si la ley no va de la mano, tampoco podemos avanzar demasiado. Se necesitan más leyes que permitan una verdadera conciliación laboral a aquellas mujeres que deciden ser madres ya que esta decisión no debería ser un lastre para sus carreras profesionales.


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