La desigualdad se aprende demasiado pronto

  • Miércoles, 08 Marzo 2017

ninos en clase de cienciaCada vez es más evidente que la igualdad de género es un objetivo en el que hay que trabajar desde la cuna. La influencia de la sociedad es muy importante, pero la de la familia no lo es menos, tanto para empoderar a las mujeres como para lograr que los hombres traten este asunto con naturalidad.

Lograr que las niñas elijan estudios universitarios relacionados con la ciencia y la tecnología para forjarse una carrera profesional en ese campo no sólo requiere, sin embargo, el apoyo familiar sino la difusión de referentes profesionales que demuestren que la desigualdad no es natural.

Un estudio publicado recientemente por la revista Science demuestra que ya a los seis años, las niñas comienzan a alejarse de las actividades que piensan que están pensadas para personas realmente inteligentes. Una edad muy temprana a la que ya empiezan a distinguir los géneros por una supuesta diferencia de brillantez intelectual y que además tiene una gran influencia en sus elecciones vitales.

Según el estudio, esta actitud se debe a los estereotipos sociales, que hacen que las niñas comiencen a asociar la habilidad intelectual de alto nivel con los hombres más que con las mujeres. Este hecho sería una de las razones que, ya desde la tierna infancia, desincentivan la búsqueda de carreras tecnológicas (y otras como la de filosofía), en un círculo vicioso en el que, ante la falta de referentes, las niñas piensan que se trata de un terreno reservado a los hombres.

La investigación, desarrollada conjuntamente por las universidades de Nueva York, Illinois y Princeton para evaluar cuándo surgen esas percepciones diferenciales, se elaboró con 400 niños y niñas de entre cinco y siete años. A los cinco años, no se detectaron diferencias entre niños y niñas, pero a partir de los seis se descubrió que las niñas asociaban más a los niños que a ellas mismas con la categoría de “realmente inteligentes”, al mismo tiempo que comenzaban a alejarse de juegos en los que primaba la inteligencia.

En una de las pruebas, se contaba a los participantes en el estudio la historia de una persona muy inteligente, y mientras los pequeños de cinco años pensaban en alguien de su propio género, a partir de los seis algunas niñas ya lo atribuían al género masculino.

En definitiva, mientras las mujeres sigan subrepresentadas en las profesiones STEM, faltarán referentes de éxito que animen a las niñas a seguir creyendo en la igualdad de género cuando crezcan.


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