Vera Rubin, astrónoma en un mundo de hombres

  • Martes, 27 Diciembre 2016

Vera RubinVera Rubin, la segunda desde la izquierda, en un encuentro de científicas organizado por la NASA en 2009.Hay algunos ejemplos que a lo largo de la historia han ido dejando testimonio de la capacidad de las mujeres para destacar entre el común de los seres humanos en sectores tecnológicos y rabiosamente innovadores. Son mujeres profesionales que supieron combatir la desigualdad con sus manos y sus brillantes ideas. Por supuesto, no dejan de aparecer quienes, escondidos tras el anonimato de las redes sociales, tachan de mentiras o tratan de restar importancia a los logros de mujeres como Ada Lovelace, que en el siglo XIX programó el primer algoritmo destinado a ser procesado por una máquina, y la actriz Hedy Lamarr, que fue menos conocida por su contribución a la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial con el invento de un complejo sistema de comunicaciones.

Otro gran ejemplo de científica, precursora e inspiradora de muchas otras mujeres que se han negado a admitir que las profesiones STEM son cosa de hombres, es la estadounidense Vera Rubin, que nos ha dejado el día de Navidad cuando contaba 88 años. Esta prestigiosa astrónoma fue pionera en la medición de la rotación de las estrellas dentro de una galaxia, al establecer que ésta se producía en plano y que la velocidad de rotación de las estrellas era la misma en el centro de la galaxia y en sus extremos. Esta simple afirmación es considerada la primera evidencia de la existencia de la materia oscura.

Rubin tuvo que luchar también contra ese pensamiento anticuado que le impidió estudiar Astronomía a finales de los años cuarenta, tan sólo por su condición de mujer. Este freno se mantuvo hasta 1975. Como alternativa, estudió Física y redactó su tesis doctoral en la universidad de Georgetown al tiempo que cuidaba de sus hijos.

Unos años más tarde comenzó a investigar en la Institución Carnegie de Washington, donde su medición de la rotación de las estrellas acabó dando el fruto más exitoso de su carrera. Como colofón de su carrera profesional, acabó formando parte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y de la Academia Pontificia de las Ciencias, y fue candidata una y otra vez a un premio Nobel de Física que nunca llegó, según unos, porque quedaba pendiente la detección directa de materia oscura que corroborase sus teorías y, según otros, tan sólo por su condición de mujer.

Queda su ejemplo para combatir la desigualdad con hechos y para demostrar la capacidad de la mujer profesional para alcanzar las metas que se propone.


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