Correr no es un juego

  • Viernes, 13 Noviembre 2015

1511-uno3. El gran objetivo de un corredor popular es la maratón

Correr la distancia de Filípides -el pobre acabó tan exhausto que también murió- parece que se ha convertido en único objetivo de cualquier corredor popular que se precie. La META. Para muchos corredores populares -muchos de los cuales apenas llevan un lustro corriendo-, si no has corrido un maratón, no eres nadie. Correr 10 kilómetros lo hace cualquiera, pero un maratón... Así, nos encontramos con corredores que, en apenas un año, pasan del más absoluto sedentarismo a meterse, entre pecho y espalda, no uno, sino dos, tres, cuatro y hasta cinco maratones al año. Una auténtica locura. ¿Correr así es realmente bueno para la salud? Para que nos hagamos una idea, los atletas profesionales corren, como mucho, dos maratones al año.

4. La culpa, de los entrenadores y del entorno

Es fácil echar toda la culpa de estas locuras a los corredores populares. Son unos inconscientes, no tienen ni idea... Sin embargo, muchos siguen los planes de entrenamiento que un profesional ha elaborado específicamente para ellos. Profesionales a los que, en muchos casos, poco importa que el corredor apenas lleve unos meses corriendo o que no sea lo más apropiado para él, ya sea por su condición física, porque arrastra una lesión… Aparcamos la ética profesional y damos paso a la chequera.

Obviamente, quien toma la última decisión a la hora de correr una maratón es el corredor popular. Nadie le pone sobre la sien una pistola para que lo haga. ¿O sí? Que levante la mano quien alguna vez haya intentado disuadir a un amigo runner de cometer una locura con las zapatillas. Pues eso.

5. ¿Es necesaria una prueba de esfuerzo?

Seguramente, sí. Pero no solo para correr una maratón. Cuanto menor es la distancia recorrida, mayor suele ser la intensidad del ejercicio. Obviamente, no corremos al mismo ritmo un 'diezmil' que una maratón, y, por tanto, aunque a nivel físico y de articulaciones castigamos mucho más a nuestro cuerpo en los 42 kilómetros, sometemos a nuestro corazón a un mayor estrés en carreras mucho más cortas. Yo he corrido una maratón y no superé de máxima las 165 pulsaciones, sin embargo, en la última carrera de 10 kilómetros que hice rocé las 180 pulsaciones, y en la Tower Run de Madrid -consistía en subir corriendo las nueve plantas de El Corte Inglés de Callao-, se me dispararon hasta 190.


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