Inés Vázquez y Rosario Ortiz: “Nuestro objetivo es reducir el desempleo y cerrar la brecha de género en el sector tecnológico”

  • Martes, 12 Junio 2018

AdalabInés y Rosario parecían destinadas a unir sus carreras profesionales, por lo que no extraña que acabaran uniéndose para crear Adalab. Las dos estudiaron Empresariales (Rosario también estudió Derecho), y las dos comenzaron su vida profesional en la empresa privada. Allí descubrieron que a su trabajo le faltaba algo, un ingrediente social que impactase en las personas.

Todavía no se conocían cuando ambas estudiaron un máster en cooperación y empezaron a trabajar en ONG, en destinos repartidos por todo el mundo. Hasta que, por fin, el destino las vino a juntar en una ONG en España. Pronto empezaron a hablar de emprender con una finalidad social, aunque aún les esperaban nuevos destinos hasta que Inés decidió guardar la maleta y crear su propio proyecto, en cuya creación contó con Rosario.

Adalab es una empresa social que proporciona formación en perfiles digitales a mujeres desempleadas o con trabajos precarios, con el objetivo de ayudarlas a reinventarse para conseguir nuevas oportunidades de inserción laboral. La primera parte de su nombre se la debe a Ada Lovelace, poetisa y científica, hija de Lord Byron, considerada la primera programadora de la historia. La segunda parte, lab, alude a las oportunidades laborales que proporciona.

WOMENALIA.- ¿Cómo nació la idea de Adalab?
INÉS VÁZQUEZ Y ROSARIO ORTIZ.- Estuvimos investigando sobre emprendimiento social y viendo ideas que estuviesen funcionando en otros sitios. Descubrimos el concepto de bootcamps de programación –un formato de cursos muy intensivos– y conocimos una experiencia en Latinoamérica que se llama Laboratoria, que estaba teniendo mucho impacto. Vimos que aquí tendría sentido, porque había mucha demanda de perfiles digitales y la brecha de género en el sector tecnológico era igual que en otros sitios. Nos presentamos con la idea a dos premios de emprendimiento social y los ganamos. Con ese dinero, pudimos lanzar nuestro primer curso.

W.- ¿Cuáles son vuestros objetivos?
I.V. y R.O.- Nacemos con vocación de empresa social porque tenemos un doble objetivo: por un lado, reducir el desempleo, y por eso nos centramos en mujeres desempleadas o con trabajos precarios. Por otro lado, queremos cerrar la brecha de género en el sector tecnológico. Ahora mismo, el porcentaje de mujeres que trabajan en tecnología es bastante bajo y, si nos centramos en programación, las estadísticas hablan de entre un 13% y un 20%. Los estudios que hablan de hacia dónde va el mercado laboral dicen que dentro de pocos años el 50% de los puestos van a ser tecnológicos. Ahora mismo el perfil que trabajamos es el de programadoras front-end. El objetivo es que una vez reinventadas, consigan una primera experiencia laboral en empresas, e inicien una nueva carrera profesional como programadoras.

W.- ¿Vais a crear más formaciones?
I.V. y R.O.- Hemos empezado con programación web front-end porque hay muchísima demanda y no exige una formación específica reglada. Hay otros perfiles también muy demandados y de hecho, el próximo programa que lancemos abarcara un nuevo perfil, seguramente programación back-end. En el futuro iremos lanzando nuevos perfiles, siempre poniendo el foco en que tengan una alta demanda que se traduzca en posibilidades de empleabilidad y que ayuden a cerrar la brecha de genero.

W.- ¿Cómo funciona el programa formativo?
I.V. y R.O.- Las mujeres a las que nos dirigimos no pueden invertir de dos a cuatro años de su vida. Necesitan llegar pronto al mercado profesional y generar ingresos. Por eso hacemos programas que en poco tiempo les dan herramientas para empezar a trabajar y seguir formándose. El programa completo dura aproximadamente un año. Empieza con un curso base muy intensivo y presencial de cuatro meses. Desde el principio están programando y adquieren otras habilidades de desarrollo profesional. Cuando se gradúan, les ayudamos a buscar empleo en empresas, y tardan de media dos meses, en los que tienen una mentora que les guía en la entrevistas, el primer día de trabajo... En los siguientes seis meses las acompañamos en el proceso de inserción, y hablamos también con el tutor que les asigna la empresa.

W.- ¿Tienen contacto con empresas del sector?
I.V. y R.O.- Precisamente nuestra investigación antes de crear la empresa nos sirvió para ver que había empresas interesadas en contratar talento junior, y que en este sector no requieren titulaciones universitarias sino gente que sepa hacer cosas y tenga ganas de aprender. Otra pata de nuestra empresa consiste en crear ese vínculo con las empresas. Hemos tejido una red de empresas colaboradoras que comparten nuestra misión. Firmamos con ellas un convenio de colaboración por el que, si contratan a una de nuestras alumnas, contraen una serie de obligaciones, tanto a nivel económico por los servicios que les prestamos, como a nivel de ofrecerles un tutor y un tipo de experiencia laboral determinada. Esa primera inserción laboral se hace con contratos laborales al uso, y después de esos seis meses hay muchas alumnas que ya han firmado contrato indefinido. A las empresas no les interesa que se vayan, porque la inversión de tiempo, a nivel de formación, es muy alto.

W.- ¿De dónde obtienen sus ingresos?
I.V. y R.O.- Queremos que Adalab sea accesible para cualquier mujer que tenga la motivación para reinventarse. Por eso, tan sólo hay una parte de la formación a la que hacen frente las alumnas y que se divide en dos periodos: durante los cuatro meses del curso, pagan una cuota de compromiso de 50 euros al mes, y sólo si consiguen esa primera experiencia laboral, pagan seis cuotas retroactivas de 250 euros. Las empresas colaboradoras pagan una única cuota de 830 euros por cada alumna contratada. Con eso aproximadamente cubrimos un 50% de la formación, y para el resto buscamos apoyo de fundaciones y entidades privadas que apuestan por lo que hacemos. Todos los beneficios que consigamos se reinvertirán en la empresa.

W.- ¿Cuál es el perfil de las alumnas?
I.V. y R.O.- La media tienen entre 30 y 32 años, normalmente con una educación de nivel FP o universitaria. El mínimo que exigimos es la ESO completa. Son mujeres que han estudiado algo con pocas salidas laborales y deciden reinventarse. La mayoría viven en Madrid pero también vienen algunas de fuera. Estamos en la cuarta promoción y el 91% de alumnas graduadas están trabajando como programadoras. Han pasado por Adalab 105 alumnas, en grupos de veinte como máximo, porque es una formación muy práctica. Los profesores son gente que trabaja en el sector y conocen las herramientas que están utilizando las empresas.

W.- ¿Cuáles son vuestros planes para el futuro?
I.V. y R.O.- El próximo curso empieza en octubre y la idea es ir teniendo más alumnas y más perfiles profesionales, primero en Madrid y, cuando tengamos el modelo bien definido para poder sistematizarlo, en otras ciudades. Para poder crecer, necesitamos también voluntarias que quieran hacer de mentoras de nuestras alumnas, empresas colaboradoras y fundaciones que nos apoyen económicamente.


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