Igualdad: la asignatura pendiente

Jueves, 27 Septiembre 2018

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La igualdad empieza en la escuela. Esta es una premisa con la que todos estamos de acuerdo. La educación en Igualdad es la base para construir una sociedad en la que los roles preestablecidos y los estereotipos terminen por diluirse y seamos capaces de desterrar, de una vez para siempre, los sesgos de género.

Suena bien la teoría, sin embargo ¿Tenemos claro cómo conquistar la igualdad desde el ámbito de la educación?

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Hace más de tres décadas que la igualdad formal está garantizada: niños y niñas comparten ámbito de estudio y acceden al mismo conocimiento. No existe discriminación, ni tratamiento diferenciado en la escuela, al menos a priori. De hecho, si miramos los resultados globales en términos de finalización de los estudios superiores, nos encontramos que, según los últimos datos disponibles en el Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades, en España el porcentaje de mujeres graduadas en educación superior es superior al de los hombres, (53,3% frente al 46,7%). Algo que se repite en el ámbito europeo.

Pero entonces, si las mujeres son capaces de alcanzar en mayor número los últimos ciclos de Formación reglada ¿dónde está el problema de "genero"?

Para los educadores y pedagogos el gran reto de esta próxima década no es ya la igualdad formal (suficientemente garantizada en la mayor parte de países de nuestro entorno) sino la supresión de sesgos sexistas que aún se mantienen, ayudando a perpetuar roles sociales que acaban traduciéndose, a posteriori, en diferencias en las oportunidades de desarrollo profesional, mayor dificultad para acceder a puestos de responsabilidad y en la persistencia de la conocida brecha salarial, entre otros factores.

Por tanto, la igualdad en la escuela no es una cuestión de forma, sino de fondo. Se trata de una desigualdad más profunda y arraigada en la base misma de nuestro subconsciente colectivo: Ese sexismo implícito en la manera de aproximarnos a la Historia (en la que el foco se pone casi siempre en los logros alcanzados por "hombres"), el Lenguaje, la Ciencia...

Para Tamara Pinto, responsable de centros educativos de Educcacio "Lo primero al hablar de Igualdad en el ámbito educativo, es analizar una sencilla diferencia: La desigualdad en matemáticas es una relación sencilla de orden que se da entre dos valores cuando éstos son distintos...En caso de ser iguales, lo que se tiene es una igualdad. Si los hombres y las mujeres, cómo valores en cuestión, somos elementos de un conjunto ordenado, como la humanidad, como la sociedad, entonces podemos ser comparados: menor que, menor o igual que, mayor que, mayor o igual que...La discriminación de géneros pervive y se alimenta de modelos repetidos en el tiempo que, desde nuestras más profundas estructuras mentales, modelan nuestra manera de percibir el mundo y de relacionarnos".

"La historia, que tradicionalmente es ejemplificada y protagonizada por hombres, y no por mujeres, genera estructuras de pensamiento difíciles de romper. Poner el foco en los logros conseguidos por mujeres permite a las estudiantes conocer nuevos modelos en los que mirarse, donde reconocerse y afianzarse en ellos"

Es evidente que los libros de texto, poco a poco, van incorporando una visión más amplia y empieza a prestarse mayor atención a la contribución de mujeres en ámbitos como el arte, la literatura, la ciencia, o la aeronáutica... Pero siguen siendo una atención mucho menos relevante que la que se les dedica a sus colegas masculinos.

"La coeducación, es un instrumento de trabajo para educar en la igualdad a partir de la diferencia. Diferencias de las sexualidades, de las identidades, de los diferentes tipos de familias. Estas diferencias no deben convertirnos en eternas comparaciones, en eternos restos ni en valores. Es necesario tener en cuenta la perspectiva de lo que queremos, hacia donde vamos y dejar a un lado el hacer por el simple hecho de cumplir, para empoderarnos y empoderar", concluye Tamara Pinto.

En definitiva, la Igualdad se construye a través de muchos ámbitos y contribuciones distintas, pero no será factible, ni real, mientras no impregne por completo el ámbito más decisivo en la formación elemental de cualquier ser humano: la educación. Y ese es un reto que no podemos seguir aplazando.

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