La somatización, una de las consecuencias del estrés

Jueves, 29 Diciembre 2016

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Las mujeres profesionales nos enfrentamos a muchos momentos de estrés a lo largo de nuestra carrera laboral. Las emociones que no han sido bien gestionadas pueden derivar en un cuadro de ansiedad, que genera alteraciones orgánicas y pueden llegar a producir una lesión; e incluso convertirse en afecciones patológicas
si no son bien tratadas: es la somatización y de esto nos habla la Psicóloga clínica, Concha de la Torre.

En la mayoría de las ocasiones, esta se debe a un cuadro de estrés. Aunque no le demos importancia, la ansiedad está vinculada a los pequeños dolores y molestias diarios.

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Las mujeres profesionales necesitamos tomar conciencia de los síntomas que padecemos para identificar cuándo estamos sufriendo una somatización. Los más comunes son:

Dificultad para conciliar el sueño: si tardamos más de lo habitual en dormirnos, puede deberse al estrés. El insomnio es una respuesta normal del organismo ante un peligro inminente o la percepción del mismo. Debemos analizar si este es real o producto de nuestra ansiedad.

Despertarnos antes de la hora: cuando nuestro cuerpo despierta sobresaltado antes de tiempo, es síntoma de que estamos inquietos y sufrimos ansiedad. Los motivos varían según nuestro "gen despertador" y nuestro nivel individual de la hormona del estrés (cortisol). Este gen específico forma parte de una red que funciona básicamente como un reloj y se altera según varían los niveles de cortisol.

Trastornos de la alimentación: íntimamente relacionados con el estrés y la ansiedad, se convierten fácilmente en un hábito guiado por pensamientos tóxicos y obsesivos.

Problemas a la hora de concentrarnos: el estrés, los pensamientos negativos o el desánimo influyen negativamente en nuestra atención y concentración. Cuando estamos afectados por el cortisol, nuestro tipo de atención pasa de sostenida o selectiva a alternante que, como su propio nombre indica, no es constante.

Estado de sudor nervioso: al ponemos nerviosos, la velocidad de las palpitaciones del corazón y nuestra temperatura corporal aumentan, y la reacción natural del organismo es controlarla a través del sudor.

Falta de memoria: un estudio elaborado por el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (Ciberer) y del Hospital de Sant Pau ha demostrado por primera vez en humanos que un exceso de la hormona del estrés provoca pérdida de memoria.

Errores en el trabajo: se dan en gran medida por la falta de tiempo y/o dedicación a una determinada tarea. En ocasiones, es consecuencia de demasiadas responsabilidades o competencias que se exigen a una misma mujer profesional.

Dependiendo de cada cuadro de estrés y de cada uno de nosotros, estos altos índices atacan a diferentes órganos, siendo posible así que padezcamos:

• Jaquecas y dolores de cabeza: suele tratarse de cefaleas tensionales por mantener contraídos los músculos del cuero cabelludo y el cuello debido al estrés. Podemos controlarlos llevando un diario del dolor para identificar los factores desencadenantes, de manera que realizamos cambios en nuestro estilo de vida e higiene postural para reducirlos.

Trastornos hepáticos: la acumulación de cortisol por estrés provoca alteración de loslinfocitos citolíticos, unas células que están en el hígado, responsables de destruir los hepatocitos, favoreciendo que se agudicen las enfermedades que le son propias.

Colon irritable: los profesionales médicos suelen referirse a esta enfermedad como un trastorno psicosomático, es decir, tiene una causa física aunque a menudo desencadenada por estrés psicológico.

Aumento de accidentes laborales: cuando nos encontramos bajo una gran presión en nuestra carrera profesional o en nuestra vida personal, disminuye la capacidad de atención, en la mayoría de las ocasiones, por la sobrecarga de tareas.

Desde Diestres nos recomiendan los siguientes métodos, al alcance de todas las mujeres profesionales, para gestionar el estrés y evitar somatizaciones:

Descansos: hagamos una pausa de 10 minutos cada hora u hora y media, para desarrollar una actividad diaria no solo relajada, sino saludable.

Aprender técnicas de respiración: cuando el cuerpo está agarrotado, la respiración está más limitada, y cuando el cuerpo está elástico, la respiración se amplía. Los efectos de la respiración los notamos inmediatamente en bienestar y relajación, pero tardaremos algunas semanas en sentir como, con la práctica diaria, el bienestar se extiende al resto del día.

Técnicas de relajación: la meditación, el mindfulness, el yoga,... nos permitirán encontrar la paz interior y controlar la ansiedad.

Técnicas de concentración: mejorar la concentración nos puede hacer mejores estudiantes o empleados, y también personas más felices y organizadas.

Es conveniente que empecemos practicando los métodos de respiración, para continuar con relajación, visualización y, si queremos, meditación. Todo ello conlleva a una higiene mental y un estado emocional apropiado para el desarrollo de nuestro trabajo.


Tribuna escrita por Concha de la Torre, Psicóloga Clínica y Directora del programa DIESTRES (Desarrollo de la Inteligencia Emocional Para el control del Estrés)
www.diestres.com
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