¿Eres una doer, thinker o feeler?

Martes, 24 Julio 2018

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Encontrar un trabajo o un proyecto profesional acorde a nuestra personalidad es mucho más difícil de lo que parece. En realidad, según diversos estudios la personalidad es más importante que la cualificación profesional o los títulos a la hora de desarrollar con éxito un trabajo o poner en marcha un proyecto emprendedor.

De hecho, se estima que el 60% de nuestros "fracasos profesionales" no se deben a falta de cualificación profesional, sino a factores que tienen que ver con nuestro "encaje" en el puesto concreto: Falta de motivación, ausencia de retos, dificultad para cumplir con los objetivos en los plazos fijados, aburrimiento...

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Seguramente habrás escuchado alguna vez la teoría según la cual para llegar a ser realmente buena en algo, es necesario practicarlo al menos durante 10.000 horas. Es decir, que si dedicamos 50 horas a la semana de trabajo y 40 semanas al año tardaríamos unos 5 años en alcanzar la excelencia en una materia, y por tanto empezar a ser consideradas como expertas. Pero ¿es suficiente la práctica, o nuestra personalidad juega un papel más importante del que a veces pensamos?

En 1928, Carl Jung ya identificó cómo recibimos y procesamos información según cuatro pautas: Pensamiento, sentimiento, intuición y sentido (kinestésico, relacionado con la percepción de uno mismo), y, a partir de ahí, se entiende que hay tres tipos fundamentales de perfiles profesionales:

Thinker: personas que alcanzan la excelencia en un campo del saber por el estudio detallado y pormenorizado de los datos y el análisis exhaustivo. Generalmente este tipo de perfiles se sienten cómodos en tareas que tienen que ver con el análisis y procesamiento de datos, la ingeniería financiera, los procesos y tareas en cadena y los informes y reportes cruzados. Son detallistas y analíticos, y les gusta generar flujos y sistemas.

Doer: Son personas que necesitan la práctica reiterada y de manera continuada en un campo para lograr ser expertos en la materia. Generalmente estos perfiles son más intuitivos y flexibles, más propensos a la experimentación y al cambio y más adaptables, pero flojean a la hora de generar procesos o metodologías a medio y largo plazo.

Y, por último, podríamos situar a las Feelers, personas que tienen más desarrolladas las emociones (intuición, empatía, comunicación) y que necesitan entornos que favorezcan un equilibrio adecuado en sus sensaciones para poder desarrollar todo su potencial. Estas personas son, generalmente mucho más creativas y potencialmente innovadoras que el resto. Crecen a través de la experiencia y la innovación y están abiertas al aprendizaje constante. Sin embargo, su punto débil es que necesitan sentirse cómodas para dar rienda suelta a esas capacidades innatas y, al mismo tiempo, resultan mucho más propensas a sufrir bloqueos emocionales en circunstancias adversas.

Para Mara Aznar, Psicóloga clínica y coautora del libro Deja de intentar cambiar: "La ventaja es que podemos entrenar nuestro cerebro para que no vaya en contra de su naturaleza y alcanzar así su máximo potencial ¿Cómo? Conociendo nuestros rasgos de personalidad y nuestra predisposición genética de manera que podamos elegir el entorno laboral más favorable para potenciar al máximo nuestro desarrollo. Ese es el único camino para lograr rendir al máximo y llegar al verdadero éxito". "La Neurociencia nos acerca, cada vez más a buscar nuevas formas que nos aproximan a la meta por diferentes vías y no existe una vía mejor que otra, existe la que es tuya, que es la que no deberíamos cambiar".

En la misma línea, un estudio realizado por BambooHR concluía que, cuando una persona deja su trabajo lo hace por cinco razones principales, y las cinco empiezan por el verbo sentir:

"No sienten que son valorados, no sienten que están aportando, no sienten que están preparados..." Y es que, en realidad, nuestro objetivo de ser felices en el trabajo no depende tanto del sueldo o los beneficios sociales, sino exactamente de nuestra percepción de felicidad respecto a lo que hacemos. En definitiva, de si hemos nacido, o no, para dedicarnos a lo que nos dedicamos.

Por eso, antes de buscar un nuevo trabajo, o poner en marcha un proyecto, párate a pensar cómo funciona tu cerebro y cuáles son tus aptitudes innatas ¿Eres una thinker, una doer, una feeler? Y, en función de tu respuesta imagínate en tu nueva ocupación y en cómo te haría sentir. Te sorprenderá lo clara que tendrás la respuesta.

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