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Viviendo en la nube

Jorge Urrea Yin yang del desarrollo personal y profesional
5 Apr 2016 BLOG_NUM_COMMENTS

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Recientemente, he dado varias conferencias para jóvenes desde adolescentes hasta estudiantes de máster recién acabados sus estudios, es decir, bastante jóvenes. Me costó muchísimo llegarles, diría que más que nunca en mi ya larga experiencia hablando en público. Sentí una falta de conexión, como si viviéramos en dos mundos. Efectivamente, es una generación que vive "en la nube".

Este gracioso término de las TICs, se me antojó también coincidente para una generación, que acumula muchas horas diarias viviendo en el ciberespacio, y a la que ya no se le ocurre acumular fotos en papel, vinilos de música, ni si quiera cds, ni tan si quiera memorias usb con teras grabados. Son el siguiente escalón, lo tienen a la mano, en la nube.

Por la misma razón, ya no sienten la emoción que yo experimentaba de niño cada vez que acumulaba toda mi "paga" del mes sin gastar una peseta, e iba a Melody, una tienda de música de barrio, donde pasaba toda la tarde charlando con el dueño, hombre musicalmente erudito, antes de comprar un solo disco. Después me iba lleno de ilusión a casa y aprendía a disfrutar de cada sonido durante cientos de repeticiones en disco y otras tantas en casete que prolongaba su vida, porque era un lujo escaso y un placer para los sentidos al que yo daba un inmenso valor. Flaubert decía que "para que algo resulte interesante, basta con mirarlo largo tiempo", y así hacía yo, desarrollando profundidad en lo sentidos, y el corazón...

Hoy, tras la avalancha de avaricia por tener, donde algunos rozaron el síndrome de Diógenes informático, bajándose todas las discografías, videotecas y bibliotecas imaginables, ya no valoramos esas cosas, ya no ponemos atención-energía-deseo-pasión en ello. Consumimos en la nube, online e incluso sin coste. Además, a menudo ni elegimos lo que escuchamos, porque los análisis masivos de nuestros datos, que regalamos con poca o ninguna conciencia, nos proponen música, restaurantes, cine, ropa, actividades, pareja y tantas otras cosas, que ningún vendedor erudito habría sabido nunca asesorarnos. ¿No? No lo sé, eso parece, pero yo ya no veo donde tiran los dados estos señores. En cualquier caso, Melody ya no existe y aquel vendedor que años después vi en la fnac, y con los recortes de ésta luego ya no vi, ya no tiene la misma función; de igual manera el comprador tampoco tiene porqué pensar ni siquiera desear, pues ya lo hacen por él, por lo que cada vez anda más por las nubes. "Querida aplicación: ¿qué me apetece comer hoy, a quién debería besar?".

Por otro lado esta generación sabe muchas cosas de fuera del sexto continente (el virtual). Sabe por ejemplo que el bosque amazónico sigue desapareciendo y los polos se funden, que no es un mito, (NNUU evacuó en 2005 a la población de Tegua, primera isla que quedaba completamente anegada por el agua, sin posibilidad de moverse al interior, primeros refugiados por cambio climático; pronto veremos apátridas también). También sabe de conflictos bélicos, refugiados, superpoblación, poco cuidado de los recursos, economías insostenibles, por no hablar de diferencias sociales, exiguo mercado laboral sin oportunidades para jóvenes menores de 30 ni viejos mayores de 42 años, hundimiento de la sanidad, educación, desaparición de la propiedad intelectual, etc.

Todo eso lo sabe, pero ¿cómo se siente esta generación de entre 9 y 25 años? No siente. Es una generación que ya no entra en la ansiedad que hemos estado viviendo los que hemos conocido otras cosas en el pasado y hemos ido viendo cómo se venían abajo. Vive en la nube, en una especie de hedonismo cibernético narcotizante y falto de valores, porque no tiene otro referente, ni motivación, ni horizonte.

Llevo muchos años luchando desde lo académico, mediático, y terapéutico por una sociedad con más conciencia, como salvación para las personas y nuestra humanidad, pero francamente, mirando a esta nueva generación, no siento capacidad de influencia. Pido desde aquí a todos los que somos sus mayores, que reaccionemos a tiempo dando ejemplo: restrinjamos el uso de lo digital a un espacio-tiempo muy limitado. Sostengamos la mirada de nuestros jóvenes, y entrenémoslos en descubrir otra realidad por la que despertar, luchar y "bajar de la nube". De no hacerlo, lo que ocurrirá sin duda es que todos sin consideración de edad, acabaremos "viviendo en la nube", "entre-tenidos" por algo o alguien que nos mueve con unos hilos invisibles, produciendo el efecto inverso de Pinocho: convirtiéndonos en marionetas, sin vida, voluntad ni corazón.

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