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Mindful Sexualidad Virtual

Jorge Urrea Yin yang del desarrollo personal y profesional
28 Nov 2016 BLOG_NUM_COMMENTS

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¿Mindful Sexualidad Virtual?

Jorge Urrea

www-psico-tao.com

 (foto de emujer.com)

La sexualidad es a menudo confundida con genitalidad, cuando en realidad es mucho más que eso y no solo me refiero a una sexualidad que se reparte por todo el cuerpo, que también, sino a una actitud de disfrute ante la vida. Para mi la sexualidad es una actitud de disfrute ante la vida, sintiendo el viento, los olores, las texturas, contemplando la naturaleza, comiendo y bebiendo sin prisa. Hacer el amor es mucho contacto corporal, de toda la piel, de caricias por todas partes, besos, saliva, compartir el aire del aliento, la piel, la mirada, y no tener prisa por llegar a ninguna parte. Para mi estar sexualmente vivo es emocionarse con la experiencia de estar vivo ante tantísimos estímulos.

La sexualidad consciente, está relacionada con una vibración energética, emocional e incluso espiritual, que va desde la sutilidad de la caricia del aire en el pelo, hasta la cresta del orgasmo, incluida la enorme descarga energética e incluso arrobamientos, como los que dicen vivía Santa Teresa, entre otros místicos. Todos los matices intermedios son interesantes y no deben ser despreciados.

Sin embargo hoy en día, son pocos los interesados en lo sutil, la mayor parte de la gente está abducida en una búsqueda frenética de la intensidad en la mayor brevedad, no solo como estilo de vida, sino también como modo de NO VIDA, de escape de la realidad, donde la dopamina generada por el propio cuerpo, nos tenga evidentemente “dopados”, drogados, callados, entretenidos, mansos para lo que realmente importa, que son tantas y tantas deviaciones personales e incluso vejaciones sociales, como vamos admitiendo de manera sumisa, consciente o inconscientemente.

En este sentido la sexualidad virtual campa a sus anchas. El individuo que se acerca a ella, entra por una puerta escondida donde escapar de tantas miradas juiciosas, como cuando por ejemplo antiguamente se acercaba a comprar una revista pornográfica y debía llevarla guardada dentro de otro periódico, con culpa y/o vergüenza. Ahora con entrar en google, uno puede ver millones de fotos de todos los colores. También hay contactos que antes uno no hacía por miedo, pero que ahora desde la seguridad y distancia de un “click”, muchos sí que se atreven a explorar. Los chats, encuentros de uno a uno, o multiencuentros con sonido, imagen e incluso sensaciones, cumplen de largo la necesidad de muchos, que jamás se atreverían a hacerlo en un entorno no digital, por miedo al rechazo, por falta de autoestima, por complejos físicos, por miedo a un contagio de enfermedades sexuales, etc. Ahora sí que se puede hacer todo eso de manera más segura, aunque no siempre, como demuestra la revelación pública de datos de infieles a manos de hackers.

En cualquier caso, hay que reconocer que algunas necesidades antes solo se satisfacían con pornografía o prostitución, y ahora, gracias a la tecnología, se puede vivir muchas más experiencias, de manera mucho más segura y sin pagar por ello, salvando conflictos morales.Hasta ahí aparentemente va todo bien, quizás, pero hoy quiero destacar otro peligro: la realidad virtual.

El otro día pude experimentar algunos modelos pioneros de gafas con diferentes programas, donde mi cerebro fue engañado hasta el punto de sentir cosas que allí no estaban sucediendo: subí virtualmente a una montaña rusa, que ascendía al cielo, se paseaba entre las nubes, y luego hacía grandes picados hacia el mar a una velocidad vertiginosa. Yo que me precio de tener un gran sentido del equilibrio trabajado durante décadas con Tai Chi, necesité ser apoyado para no caerme, como Merkel.

Charlando con el experto que hacía la demostración, escuché cómo el futuro que ya está aquí (se puede comprar en amazon) pasa por trajes con sensores por todo el cuerpo, y encuentros eróticos de todo tipo, donde uno pueda ser hombre, mujer o todo lo contrario y experimentar virtualmente lo que le plazca, aparentando también edad a voluntad. De nuevo me pareció un avance para los aventureros, que siempre andan buscando experiencias nuevas, pero me quedé preocupado por las consecuencias.

El documentalde la BBC Sex in Japan, que todo el mundo debería ver a nivel formativo, (cuidado que hay varios llamados así) explica la evolución de una sociedad donde cada vez más se retira el contacto físico, mercantilizándolo o bien reservándolo para prácticas onanistas, solo o con muñecos hiperrealistas customizados, que no se quejan y siempre están ahí, para acoger las necesidades de uno. La tendencia hacia el aislamiento e individualismo es tal, que hay incluso un nuevo grupo social, hermafrodita, absolutamente volcado en su vanidad narcisista, que "no alcanza a entender el interés de mezclarse con los fluidos y olores de otro ser humano".

Este documental que ya es viejo al ritmo al que cambian hoy las cosas, no incluía la tecnología y exponía como salvación del cariño y la ternura, los salones de gatos, para que altos directivos pudieran ir a acariciarlos, pero es de entender que si incluimos en la ecuación la realidad virtual de la que antes hablaba, el resultado de la historia es obvio: La masturbación dejará de ser considerada una práctica individualista, sustituida por una falsa sensación de acompañamiento, donde uno por un rato, “abandone la soledad”, o crea hacerlo... ¿Salvación o condena?

El verdadero drama de la existencia del ser humano, es la soledad: “nacemos, vivimos y morimos solos”, decía Buda, aunque se atribuye a Orson Welles. Estamos encarnados en seres aparte, como islas separadas en medio de un océano, y solo en momentos puntuales como el orgasmo, nuestra energía asciende de manera brutal, y tenemos la sensación de que un movimiento tectónico nos ha acercado al otro, y podemos vernos y sentirnos de manera tan profunda que prácticamente nos reconocemos en el otro, como manifestaciones de lo mismo.

Si la sexualidad virtual, ahora va a engañar a nuestro cerebro, haciéndolo sentir como parecido, nuestra percepción de la escena será igual, pero nuestra realidad fuera de las gafas, o del traje llegado el momento, será un ser humano solo, que se mueve de manera patética al son de un programador que tira los dados donde quiere y para lo que quiere, que dudo sea tan excelso como el sentido de comunión místico, sino más bien un adormecimiento de la percepción de lo que verdaderamente está pasando.

El viaje está claro, los fines del sistema también, solo queda comprobar la frecuencia, y ahí aviso de que no hay droga más fuerte en el mundo. La capacidad de generar adicción, sobrepasa con mucho a la de los marcianitos o las revistas que nos tenían enganchados de jóvenes; este juego es mucho más peligroso. Nos enfrentamos a una matrix que nos acecha a todos en mayor o menor medida, pues rara es la persona que hoy en día no tenga un teléfono más inteligente que uno mismo, que le domine y exija mirar la pantallita cuando él desea (incluso si no hay contenido sexual) y no cuando uno decide, y donde lo virtual, llame más la atención que lo que está pasando aquí y ahora, que sin embargo es la clave para la salvación de la humanidad en todos los sentidos.

Lo que aquí escribo es preconsciente, es decir, no llega después de la experiencia, luego me puedo confundir, tiempo al tiempo, pero si en algún momento compruebas que tus relaciones afectivas se empiezan a resentir porque dicen que ya no las cultivas, que nos les tocas, que no les llamas o das atención, reacciona antes de perder a tu familia y amigos. Si en el trabajo te advierten que ya no eres productivo, porque constantemente te escapas de su tedio con pequeñas o grandes dosis de realidad virtual, incluida la sexual, reacciona antes de que te despidan. Todo está cambiando, y no tenemos manual para hacer frente a las nuevas enfermedades tecnológicas y su correlato psicológico-existencial: la única salvación está en el referente del aquí y ahora: ¿qué sientes aquí y ahora?. Recuerda que “aquí y ahora” no está dentro de una pantalla, de unas gafas ni un traje sensorial, “aquí y ahora” que todavía puedes. No siempre lo harás.

Jorge Urrea

www.psico-tao.com

foto de emujer.com

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