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Educar en el Porno

Jorge Urrea Yin yang del desarrollo personal y profesional
6 Mar. 2018 1 comentario

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Corría el final de los 70 cuando yo pasaba mis vacaciones jugando en la huerta urbana de mi tío, saltando de un árbol a otro, feliz de contar con mis primos mayores, que pronto se aburrieron de jugar al pilla-pilla y montaron un club secreto detrás del gallinero.

Allí me ofrecieron mi primer cigarrillo y revista porno a mi tierna edad de 7 años, para indudable asco por mi parte. Yo que quería sentirme parte del grupo, traté de adaptarme como pude, y cuando hacían recolecta de dinero para ir a comprar mercancía, ponía toda mi paga (5 pesetas por año cumplido), pero pedía que también me compraran caramelos de menta, que era en realidad lo único que deseaba. Con el paso del tiempo, poco, incorporé los cigarrillos mentolados de Fortuna (engañoso nombre para una marca que trae cáncer), que picaban un poco pero puestos a hacer como los mayores, era más cercano a mis caramelos.

Simultáneamente, seguía viendo pasar las revistas porno por delante de mi nariz. Algunas me parecían tremendamente desagradables y retiraba la mirada, sobre todo cuando veía el semen por encima de la cara de señoras feas del porno de la época. Había alguna más “bonita”, donde solo se veían los naturales senos asimétricos (todavía sin acceso a operarciones) de alguna bella mujer como Marisol entre brumas (efecto niebla, lo llaman en fotografía). Aquello sí me llamaba, aunque debido a mi corta edad nunca produjo algo parecido a una excitación, claro.

Todo acabó de manera abrupta y por unos cuantos años, cuando mi tío se debió oler algo y desmanteló el chiringuito y el primo líder desapareció de la huerta. Mi miedo al castigo hizo que mintiera diciendo que no sabía de lo que me hablaban, y nadie insistió porque era demasiado pequeño.  Fallo mío, porque quizás me habrían ayudado a entender lo que allí se cocía. Ni fue buena puerta a la sexualidad ni me dejé acompañar, como supongo que le pasa a tantos niños todavía hoy.  

Casi 40 años después, me encuentro leyendo un artículo del New York Times, https://www.nytimes.com/2018/02/07/magazine/teenagers-learning-online-porn-literacy-sex-education.html, sobre la importancia de enseñar a los niños y adolescentes a consumir pornografía, porque dicen que con el acceso que tienen a la tecnología actual es absolutamente inevitable. Añado algunos números de la situación en España verdaderamente inquietantes para mi que soy padre de dos: Un 53 por ciento de los niños y niñas de 12 años ven porno explícito. El 45 % de los menores acceden desde dispositivos sin filtro de contenidos. No solo son webs, son incluso redes sociales, con intercambio de imágenes entre supuestos niños, que no siempre son tales. Hizo buen trabajo de sensibilización Telefónica con este vídeo que recomiendo divulgar:

https://www.youtube.com/watch?v=7nLGudwypQs

Comparando mi experiencia de entonces y la de ahora me doy cuenta de algunas cosas:

  • La naturaleza humana sigue siendo la misma, los niños necesitan explorar, pero ahora la parte de atrás del gallinero de mi tío, es tan grande como el mundo entero, incluidas habitaciones oscuras de gente siniestra sin ningún tipo de moral, que les introduce a través de la tecnología en su propia intimidad y juegos perversos. Ningún tío podrá nunca controlar tan vasto espacio, tan solo la puerta de entrada, y ni eso.
  • Pasar de caramelitos de menta a orgías es mucho más que saltarse etapas, extinguiendo la inocencia de la infancia con un click. Hay cosas que una gran mayoría de la gente no necesita explorar, es más, presenciar esas cosas como si fueran normales está generando en estos niños y niñas una falsa creencia de que “si no accedes a esas prácticas, no eres normal, no perteneces, te quedas solo" y eso es insoportable. De ahí por ejemplo la cantidad de niñas que se están quedado embarazadas jugando al muelle con la penetración de varios niños tumbados en batería, por no hablar de desgarros internos o externos por evidente falta de excitación de unas y roce áspero para los otros, contagio de enfermedades, etc, No es leyenda urbana, mira http://www.elmundo.es/madrid/2017/01/08/5870df0fe2704ea2588b458e.html
  • ¿a los tuyos no les va a pasar? Tú puedes intentar controlar el acceso a webs y redes en tu casa, yo por ahora uso un programa que se llama Qustodio, pero si el padre de los amigos de tus hijos no lo hace te da igual. Van a verlo. Si queremos bajar la probabilidad y frecuencia de que suceda debemos sensibilizar a adultos y niños sobre la gravedad del problema, y los adultos debemos aprender a acompañar, escuchar y orientar a los niños que ya están en esas aguas turbulentas. Véase este antiguo artículo mío http://www.psico-tao.com/?p=454

No estoy yo todavía preparado para pronunciarme sobre si se puede educar en el consumo del porno, mis niños son muy pequeños y no soy capaz de ponerme en situación, pero lo que leo como propuestas no me parece tampoco bueno. Se está asumiendo que el consumo de porno, por ser inevitable, es bueno, y tan solo se debe educar en cómo hacerlo. Algo así como si te vas a drogar con heroína, que sepas que tienes todas estas maneras, tipos, calidades, instrumentos, etc.Ambos temas son adictivos, y pueden llegara ser mortales por contagio de enfermedades.

Yo como terapeuta he tenido ya unos cuantos clientes con disfunciones sexuales: eyaculación precoz, vaginismo, anorgasmia femenina y masculina… todos los que a mi han llegado, tenían una clara raíz biográfica. Uno fue abusado por otro niño mayor en un descampado (esas cosas también pasaban hace 40 años) y de mayor solo tiene sexo con porno, sin contacto con persona alguna; otro es adicto al porno y acostumbra a eyacular en pocos segundos, lo que le produce un alivio existencial “ansiolítico”, que le hace sostenible su día, o eso piensa por la cantidad de veces que repite al día. Después no es capaz de mantener una relación satisfactoria con una mujer de verdad, lo que seguramente acrecienta esa ansiedad que necesita ser calmada. Otra americana, especifico por lo del N.Y.Times, presenciaba a su padre viendo “porno guarro” desde adolescente, y no tiene claro haber tenido un orgasmo nunca. Quizás eligió el control y la no entrega como modo de mantener la atención del padre, o todo lo contrario, vete a saber. Mejor evitar un riesgo así con tus hijas adolescentes, creo yo. 

Si trato de sacar algo bueno de mi experiencia infantil con el porno, puedo subrayar como diferencia que el porno de entonces tenía mujeres de verdad de todos los colores, sin operar, y me pudo dar cierta perspectiva real, asumiendo que en la variedad está el gusto. Esto pudo y puede que facilitara el proceso a aquellos que sentían complejos o dificultad para asumir su orientación sexual, y al verlo pudieron darse cuenta de aquello que les atraía más. En la tendencia actual sin embargo hemos perdido madurez con algunas “mejoras”, creo: pechos operados perfectamente simétricos y colocados, depilación obligatoria de ambos sexos, prácticas multirebote compulsivo y eternamente viagril, donde la sensibilidad del acompañamiento mutuo no existe, obligatoriedad de sexo grupal, identificación de dominación con amor pasional, etc. ¿Todo esto es el modelo a seguir para nuestros hijos? (lee el  artículo del NYTimes y los relatos de los niños) No podemos esconder la cabeza y decir aquello de “eso no se hace”, pero ¿qué se puede hacer y qué están dispuestos a aceptar ellos como consejos?

Recuerdo que mi madre me sacó un libro amarillo sobre la sexualidad, con dibujos de un niño y una niña desnudos, que a mi me escandalizó ver y rechacé comentar con ella por pura vergüenza, pero al año estábamos casi todos viendo el Private o Playboy (de algún amigo que se lo había robado a su padre) a escondidas, durante la clase de los Maristas, con tutela pero sin cuidado.  ¡Qué difícil tender puentes entre mayores preocupados y pequeños necesitados de conocer! Sin embargo, es necesario tratar el tema del sexo de manera natural, abierto, donde los niños sientan que pueden preguntar y los padres sientan que son libres de responder. Quizás para esto los mayores deberíamos empezar por trabajar nuestras propias creencias limitantes, por demasiado restrictivas o demaisado expansivas, que también los hay, y sanar nuestra propia relación con el tema, antes de ponernos a intentar educar a los niños. Todavía hay adultos que creen que besarse delante de los niños es malo, y adultos que necesitan el porno a diario para funcionar.

Tampoco la religión ha ayudado históricamente. Yo todavía escuché en el mismo colegio que la masturbación me dejaría ciego y estéril, cortocircuitándome entre el instinto y el ánimo de cuidar mi vista y poder ser padre, todo ello muy importante para mi desde temprana edad. Yo elegí el instinto y disfruté, pero luego me quedé con culpa en cada ocasión durante años, prometiéndome que no lo haría más, sufriendo. Otras personas, sobre todo mujeres, eligieron quedarse lejos de su instinto, como si fuera malo, llegando vírgenes a los 35, como alguna que he tratado para gran agradecimiento suyo, que ahora puede disfrutar y tener pareja. Otras de la misma hornada, aceptaron relaciones con sus parejas, por y para ellos, pero sin integrar su propio disfrute de manera libre, lo que es otra tragedia en sí.

Para mi 40 años después de aquellas escenas, la única opción actual es tratar la sexualidad como algo sagrado, donde hay un respeto profundo por uno mismo y por el otro, en el que está incluido explorar con libertad de prejuicios el deseo, la excitación, el movimiento de la energía por el cuerpo. Uno de los grandes regalos para mi fue descubrir que la sexualidad no está limitada al pene, que se puede experimentar como una forma de vibración que te invade por todo el cuerpo, la piel y hasta las vísceras, que se puede sostener y disfrutar en forma sutil, amplificando con la respiración, y canalizando hacia el corazón. Una práctica donde uno acaba llorando de emoción, al descubrir carnal y místicamente que los dos somos lo mismo, manifestación de energía, Dios, o como lo quieras llamar. No se me ocurre nada más lejos de las esposas, dominación y muelles grupales. ¿debemos mostrar porno a los niños? Habría que ver cada caso, pero por ahora digo "al menos No antes de los 15, no sin demanda explícita por su parte, y no el porno que yo he conocido como tal. Debemos antes y después enseñarles a amar-se con respeto y libertad, incluido el sexo seguro y amoroso. Debemos al menos no estorbarles en su aprendizaje de la vía sagrada de la sexualidad, como práctica y modo de vida consciente. ¿tú estás preparado? No te preocupes, pide ayuda, no estás solo.

www.psico-tao.com

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José Carlos Meneses Pardo
Excelente Jorge. Yo también recuerdo mirar las revistas sin tener muy claro en de qué tenía que disfrutar.
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