PREVIOUS_POST
NEXT_POST

Cómo hacer más feliz a tu mente

Pilar Navarro Colorado Entrena tu mente
21 Jul 2016 BLOG_NUM_COMMENTS

blogs_image_post_detail

¿Te gustaría hacer más feliz a tu mente?. Ahora que vienen las vacaciones es un buen momento para hacer algo que haga feliz a tu mente. Seguro que los periódicos, revistas y otros medios ya están preparando sus artículos y posts sobre el síndrome post-vacacional que publican cada septiembre. Siempre cuentan lo mismo y siempre están llenos de tópicos.

Posiblemente el mero hecho de estar de vacaciones ya haga que tu mente esté feliz. ¡Cuidado!. Puede ser una felicidad y calma momentánea, temporal, “vacacional”. Lo que te propongo es que no tengas que leer ningún artículo sobre el síndrome post-vacacional porque la idea es que tu mente sea feliz de forma permanente, también cuando no estás de vacaciones.

Quizá algunas veces hayas sentido que tu mente va por su cuenta y, sin venir a cuento, se dedica a crear pensamientos y sentimientos negativos o preocupantes, sin que, aparentemente, puedas hacer nada por evitarlo: quiero esto, me preocupa esto otro, verás cuando…, si ocurre eso…., etc etc. La mente así se entretiene, y si la dejas, no tiene fin. Así es imposible sentirse feliz.

Si sigues este blog ya sabrás que hay una manera de que tu mente “pacte” con este tipo de pensamientos y emociones negativas, de manera que puedas “acallar” la mente de mono y la rumiación. O de alguna manera tenerlo “bajo control”, aunque no me guste este término porque controlar implica luchar o poner resistencia y de lo que se trata es de todo lo contrario, no luchar, dejar ir, aceptar. Sí, esa manera es la práctica de Mindfulness.

La base de Mindfulness es la meditación. Sé que a muchos os gustaría sentir los beneficios de Mindfulness sin meditar. Esto es prácticamente imposible o, al menos, muy difícil. Hay muchos caminos para aprender a llevar una vida plena. Mindfulness es uno más.

Si eres de los que no te va la meditación, o sí pero eres principiante, anota estos trucos mindfulness que te ayudarán, al menos, a hacer que tu mente esté feliz, como dice el título del post.

1.- Observa tu mente sin analizar ni juzgar.

Puedes elegir cualquier momento del día para observar tus pensamientos. Inténtalo, al menos, durante cinco o diez minutos cada día. Podrás darte cuenta de cómo tus pensamientos van y vienen, a veces sin guía, vagando de una cosa a la otra o enredándose en una idea en concreto.

Habrás observado en más de una ocasión que cualquier cosa, algo que ves o que oyes, te lleva a un pensamiento y vas pasando de uno a otro hasta que de pronto te encuentras pensando en algo que no tiene nada que ver y te preguntas, ¿cómo he llegado a esto?. Cuando dejamos vagabundear a la mente de esta manera no la hacemos feliz. Como dice Paul Gilbert, una mente errante no es una mente feliz.

Observarás también cuántas veces te quedas enganchado a un pensamiento que tiene que ver con algo que ha ocurrido o que tiene que ocurrir y vas añadiendo pensamientos de manera que hasta puedes llegar a ver un problema donde no lo hay. Lo creas sin darte cuenta. Obviamente, esto no es lo mejor para tener una mente feliz. Como dice Daniel Kahneman, nada en la vida es tan importante como crees que es mientras piensas en ello. De hecho, muchas cosas pierden importancia al dejar de pensarlas.

Dedicamos mucho tiempo a pensar en cosas diferentes a la que estamos haciendo mientras la estamos haciendo, perdiéndonos así el presente, el momento en el que estamos. Esta es una de la principales fuentes de insatisfacción de las personas.

Observar la mente y darnos cuenta de cómo y en qué pensamos ya es un primer paso para hacer de nuestra mente una mente feliz.

El siguiente paso sería la desidentificación: tú no eres tu pensamiento. Esta es una de las frases que más se repiten en talleres, cursos, libros, etc. de Mindfulness. Puede que en un momento dado sientas mucha tristeza, pero tú no eres tu tristeza; o que sientas pánico, ira, alegría…. pero tú no eres tu miedo, tu enfado, tu alegría. El estado en que te encuentras no define quién eres. De la misma manera que si tienes hambre, no eres tu hambre, o si te constipas no eres tu resfriado. 

En general, sin Mindfulness, tendemos a identificarnos con nuestros pensamientos y emociones. Nos perdemos en nuestros pensamientos y construimos nuestro mundo alrededor de ellos.

Ahora que has empezado a observar tus pensamientos, intenta hacerlo como un observador externo hasta ver cómo tú no eres ese pensamiento. De esta manera incluso te darás cuenta de que ese pensamiento o emoción no tenía tanta importancia. A lo mejor ese ataque de ira, al observarlo, reconoces que no era más que cansancio; el cansancio te llevó a tener menos paciencia y saltar automáticamente con un grito descomunal. Por ejemplo.

Poco a poco irás asumiendo y aceptando que todo está en tu cabeza. No eres tú. Es importante reconocer que un pensamiento es un pensamiento. Nada más.

Reconoce tus preocupaciones, frustraciones y miedos como pensamientos. No son tú, son tus pensamientos.

Para ayudarte a la desindetificación, añadimos un tercer paso que es: Etiqueta tus pensamientos y emociones.

¡Vaya! Ya te has dado cuenta de que no eres tus pensamientos o emociones, pero éstos continúan ahí. ¿Qué puedes hacer?. Ponles una etiqueta y déjalos ir. No digas “soy un ogro”, mejor dí: “ siento ira”. Así con todo lo que sientas o pienses. De esta manera lograrás desidentificarte de ese pensamiento o emoción. Al ponerle nombre y observarlo desde fuera, te sientes más relajado. Y no hagas nada más. Hay muchos estudios que avalan el beneficio de etiquetar las emociones y pensamientos. Nos hace ver nuestro estado o problema con perspectiva, y sobre todo como algo externo. Una situación puede ponerte triste, pero tú no eres la tristeza. 

El etiquetado de los pensamientos reduce su impacto emocional. ¿Porqué? por que nos permite gestionar ese pensamiento, que no somos nosotros, de una manera más efectiva y tomar mejores decisiones en nuestra vida, lo que nos hace más felices y productivos.

Este ejercicio en tres pasos es recomendable hacerlo al menos una vez al día hasta que lo tengamos tan integrado en nosotros que seamos capaces de no identificaron con los pensamientos y emociones en nuestra día a día. Y lo puedes hacer en cualquier sitio y a cualquier hora (¿ahora mismo en la playa? ¿Por qué no?).

2.- Responde sin reaccionar.

Para responder sin reaccionar necesitamos haber practicado antes el ejercicio anterior. El objetivo es no reaccionar automáticamente a tus pensamientos. Date un espacio para decidir: responder sin reaccionar.

¿Cuántas veces nos dejamos llevar por un pensamiento y reaccionado automáticamente? Muchas, ¿Y cuantas veces nos arrepentimos por habernos dejado llevar?. Todas (o casi todas). Esto ocurre cuando nos identificamos con nuestro pensamiento y no damos espacio a la respuesta. Es una actuación impulsiva que no nos hace feliz.

Con un entrenamiento adecuado podremos responder conscientemente, sin automatismo, generando un espacio en nuestra mente que nos lo permita. Y esto, en una mente entrenada, toma décimas de segundo.

El gran poder de una mente mindful es que nos permite abandonar las reacciones nocivas y cultivar las buenas. Actuar así contribuye a tener una mente feliz.

¿Cómo me entreno?. La mejor manera es a través de la meditación. Si no quieres o crees que no tienes tiempo, puedes hacer el ejercicio anterior y acostumbrarte a hacerte preguntas. 

Cuando una situación te lleve a reaccionar de manera impulsiva, pregúntate: ¿es útil? ¿a dónde me lleva esa reacción? ¿quiero ir allí? ¿me ayuda o ayuda a otros? ¿es una respuesta buena y necesaria, real, o tamizada por mi juicio o estado de ánimo?… Es más sencillo de lo que parece… para una mente entrenada.

Es importante comprender, como estamos viendo, que con la práctica de Mindfulness no buscamos eliminar ni aniquilar los pensamientos. El objetivo es aceptarlos, observarlos y ser capaces de crear un espacio en el que tomar una decisión clara y consciente. ¿Quiero seguir con ese pensamiento y alimentario o lo dejo ir?. 

Piensa en alguna situación que te haya enfadado mucho (un vuelo que te cancelan, un autobús que tarda más de la cuenta, una copa de vino que se derrama por el sofá,….), recuerda cómo reaccionaste y si fue con mucho enfado, con ira, tanta que la emprendiste con, por ejemplo, la azafata de tierra o el conductor del autobús. Pregúntate: ¿fue útil?. ¿es útil reaccionar de esa manera?. 

Cuando, a partir de hoy, te surja alguna situación de ese tipo, antes de reaccionar preguntarte sobre la utilidad de esa reacción. Y decide si esa es la mejor o hay otra opción. Tú decides.

Publicidad
Publicidad