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Reinventar tu carrera profesional es posible

En positivo Think Tank. Diversidad e igualdad de género
9 Mar 2018 BLOG_NUM_COMMENTS

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La titulación oficial es importante para poder ejercer una carrera profesional en determinados sectores. Sin embargo, esto ocurre cada vez menos, porque el impacto de la tecnología ha transformado las necesidades de las empresas. Las compañías necesitan profesionales preparados, y las universidades no terminan de alcanzar el ritmo de la realidad para formar a sus alumnos.

El profesional que buscan las empresas es aquel que conozca y sepa aplicar las nuevas tecnologías, porque el ritmo actual no deja tiempo para formar a las nuevas incorporaciones. Es importante tener la mente abierta para seguir aprendiendo, porque el aprendizaje será continuo, pero ser productivo desde el primer día es lo que cuenta, por encima del título que cuelgue de la pared de su salón.

Los bootcamps son una herramienta que nació en Silicon Valley en 2012 para dar respuesta a las nuevas necesidades de personal de las empresas. Un bootcamp es una formación intensiva que, en unos dos meses, forma a sus alumnos de forma práctica para ejercer una profesión con todos los conocimientos tecnológicos que requieren las empresas en la actualidad. Para acceder a uno de estos cursos, no es necesaria una formación previa, sino muchas ganas de aprender y reinventarse.

El bootcamp ayuda a reconducir la carrera profesional de personas que tienen perfiles adaptables a una nueva disciplina. Es el caso de Garazi Larrea, diseñadora gráfica sin carrera universitaria, que se convirtió en consultora estratégica tras pasar por un bootcamp organizado por Ironhack, el tercero mejor valorado del mundo según el ranking elaborado por Course Report (www.coursereport.com).

Beca Wallapop

Por esta capacidad para reinventar la carrera profesional, una fórmula que puede ayudar a muchas mujeres a hacerse hueco en el mercado laboral, hace un año Wallapop se asoció a Ironhack para lanzar una beca que ayude a captar talento femenino. Si la compañía aportó 200.000 euros en 2017 para facilitar el acceso de estas mujeres a estudios de programación web y diseño de experiencia de usuario, este año ha duplicado la cifra, hasta un total de 400.000 euros repartidos en diez becas completas y varias decenas de becas parciales.

La Wallapop Women’s Scholarship de Ironhack, lanzada el 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora, aspira a mejorar los datos que maneja la Comisión Europea: en 2020 habrá 900.000 puestos sin cubrir en el sector de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), pero hoy, sólo 29 de cada 1.000 mujeres tituladas universitarias tienen un título de informática o similar, y sólo cuatro trabajan en actividades relacionadas con las TIC. Otro informe de la propia CE asegura que atraer a más mujeres al sector TIC supondría un crecimiento de 9.000 millones anual para el área de la Unión Europea.

En la actualidad, el 85% de los alumnos de Ironhack encuentran trabajo en los tres primeros meses tras la finalización de sus cursos, y tienen una media salarial de 24.000 euros anuales. Gracias a la beca Wallapop, el porcentaje de mujeres que estudian en Ironhack ascendió del 8,33% de 2013 al 29% en programación web y el 70% en diseño de experiencia de usuario de 2017.

Historias reales

Virginia Ortiz estudió Empresariales y trabajaba en operaciones comerciales y logísticas en Londres. Cuando se planteó volver a España, comenzó a buscar empleo y, explica, “me di cuenta de que en el mundo tecnológico había muchas más vacantes y veía que el sector se movía mucho más”. Ya en su pasado profesional se había dedicado a resolver incidencias con proveedores y clientes finales, y pensó que podía transferir sus habilidades a este campo. En la actualidad está terminando el bootcamp de dos meses en diseño de experiencia de usuario (UX/UI Design): “Es muy intenso, pero siento que este tipo de formación en la que aprendemos haciendo da mil vueltas a la educación universitaria que he recibido. En un principio me costó mucho tomar la decisión, pero no ha habido un solo día en el que me haya arrepentido”.

Garazi Larrea estudió diseño gráfico, trabajaba en un pequeño estudio enfocado a eventos y nunca se había acercado a la tecnología. Ahora es diseñadora de producto digital y, cuenta, “me asignan proyectos y participo en ellos de principio a fin, desde que se define cómo va a ser el producto que el cliente necesita, hasta que lo pasamos a desarrollo. El ritmo de trabajo es rápido, pero muy gratificante ya que puedes ver todas las etapas por las que va pasando”. Sobre el curso que la trajo hasta aquí, explica: “La experiencia ha sido inmejorable, he aprendido mucho, he conocido a gente nueva con mis mismos intereses, pero sobre todo creo que he aprendido a aprender, a no estancarme y a seguir evolucionando”.

Gema de Rus Carnero estaba cansada de los trabajos precarios y aprendió html y css de forma autodidacta. Trabajó dos años con estas herramientas hasta que conoció las becas Wallapop, se presentó y obtuvo una ayuda parcial. Confiesa que “tenía clarísimo que no iba a hacer el curso si no me daban la beca total, pero vi que podía ser una posibilidad de darle un impulso a mi carrera profesional, era una oportunidad que no podía dejar escapar y me embarqué en esta aventura”. La experiencia, resume, ha sido buenísima, sin olvidar los nervios, el miedo a hablar en público y la necesidad de dejar a sus hijos en Málaga para ir a Madrid durante nueve semanas, pero “profesionalmente hablando, es impresionante la cantidad de puertas que se me han abierto”. De hecho, ha terminado llevando a su familia a Madrid para aceptar una de las tres ofertas de trabajo que le llegaron en la Hiring Week, la jornada que organiza Ironhack para poner en contacto a alumnos y empresas. Hoy De Rus es fronted developer en Cabify.

Cristina Bertrand estudió ADE y Derecho, pero siempre le llamó la atención el mundo de la tecnología. Programó su primera web a los 19 años y acabó trabajando en una startup, 11870.com, en la que ha pasado por cuatro puestos en siete años hasta convertirse en CEO, gracias a un bootcamp de programación web. “Es mi responsabilidad estar al día de las nuevas tecnologías, conocer los procesos que hacen falta para llevar el proyecto a cabo y ayudar a los responsables de cada área a coordinar la ejecución del plan en los plazos definidos”, afirma. Ella ya ha logrado romper el techo de cristal, pero aún mira el futuro con ambición: “Aspiro a crear mi empresa de cero, también relacionada con internet y las nuevas tecnologías, y convertirme así no sólo en CEO, sino en socia fundadora de una sociedad que cree algún producto que aporte valor”.

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