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Por qué es importante una buena higiene

Globalpharma . The Beauty Inspector
17 Dec 2019 BLOG_NUM_COMMENTS

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Tener un buen aseo diario es fundamentar para dar una buena imagen de nosotros y para gozar de una estupenda salud.
Con respecto a lo primero, la higiene nos hace mantener un buen aspecto. Es fundamental para no desprender mal olor y tener suciedad. Una mala higiene puede afectar a tu autoestima y a tu salud mental, porque puede dañar tanto tus relaciones personales como profesionales en el trabajo.
Además de la salud psíquica, también se puede ver afectada la física. Simplemente con asearnos bien todos los días podemos prevenir el contagio de infecciones comunes como los resfriados o incluso otras más graves como neumonía. Con tan solo agua y jabón eliminamos los microorganismos que provocan este tipo de enfermedades.

¿Qué hay que tener en cuenta para que esta higiene sea eficaz? Tienes que contar con todas las partes del cuerpo, por lo tanto vamos a contaros como asear específicamente cada una.

En primer lugar, la higiene facial. Dicen que la cara es el reflejo del alma. Probablemente es la parte que da la primera impresión sobre nosotros. No solo hay que limpiar la piel, también tenemos que incluir los ojos, la nariz y los oídos. 
Es fundamental elegir productos adecuados al tipo de piel que tengas. Si tienes la piel grasa necesitarás un gel que elimine el exceso de sebo y equilibre tu piel; o si tienes la piel seca necesitarás un limpiador con propiedades hidratantes que no reseque. 
Para conseguir eliminar las toxinas, impurezas y células muertas que quedan en la piel, un exfoliante será tu mayor aliado. Es muy importante que los poros no queden taponados por el sebo que produce nuestra piel o por las toxinas que se acumulan junto al sudor, si no queremos tener granitos. Por último, no olvides hidratar tu piel con un fluido, emulsión o crema adecuada a tu tipo de piel.

Si te maquillas, tienes que desmaquillarte todos los días. Puedes elegir un agua micelar, que es apta para todo tipo de piel, incluso para piel sensible. Como ahora están tan de moda los maquillajes permanentes y resistentes al agua (waterproof), necesitarás un desmaquillante que consiga eliminar de tu rostro estos productos. Por ejemplo, un desmaquillante bifásico que combina una fase acuosa junto a una fase oleosa. Esta segunda es la encargada de retirar este tipo de maquillaje. Pero es aconsejable utilizarlo solo en ojos y labios, para no aportar al resto de la piel un producto graso.

Pasamos a los ojos. Son una parte muy delicada, por lo que necesitan cuidados más especiales. Durante el día, se introducen partículas por tocarnos los ojos con las manos sucias o por el maquillaje. De forma natural, nuestro ojo produce lágrimas para limpiar y expulsar toda esta suciedad, pero durante la noche estas lágrimas se secan produciendo legañas. Conviene ayudar al ojo a purificarse utilizando suero fisiológico o colirios, ya que si no podríamos desarrollar infecciones como conjuntitivis. En este caso, es necesario tratar la infección con un colirio específico y no compartir toallas para evitar el contagio. 

En los oídos se acumula cerumen donde quedan retenidos los gérmenes. Para eliminar la cera, se recomienda utilizar un spray o gotas específicas para la limpieza de los oídos, pero no los típicos bastoncillos porque, en ese caso, la suciedad quedaría en el interior del oído.
Para acabar con el rostro, nos queda la nariz. Hay que limpiarla con frecuencia, no solo con pañuelos. Lo mejor es utilizar una solución salina o bien suero fisiológico.

Continuamos con la higiene bucal. La boca es una de las partes que más muestran nuestros hábitos de aseo, porque si no son buenos aparecerá sarro y mal aliento. Pero una mala higiene puede afectar gravemente a tu salud por la aparición de caries, gingivitis, pérdida de dientes o periodontitis.
En la higiene bucal englobamos el cuidado de los dientes, las encías y también la lengua. Cepíllate los dientes 3 veces al día, después de cada comida, en movimientos verticales desde la encía hasta el final del diente. No se recomiendan los movimientos horizontales, porque de esta manera la suciedad se arrastra de un diente a otro, sin conseguir eliminarla. Dedícale el tiempo necesario al cepillado, se recomienda unos 4 minutos. También puedes optar por los cepillos eléctricos, que proporcionan una limpieza más cómoda y eficaz. 

No te olvides de las muelas más traseras y de la cara posterior de los dientes. Entre los dientes también se acumulan restos de comida, por lo que necesitarás seda dental o cepillos interdentales, en función del espacio que tengas entre tus dientes. Cepilla también la lengua, con tu cepillo de dientes o con un limpiador lingual, ya que se acumulan bacterias y produce mal aliento.
Por último, enjuaga tu boca con un colutorio para eliminar todos los restos que hayan podido quedar después del cepillado y para tener un aliento fresco. Utiliza tanto un enjuague bucal como una pasta de dientes que sean adecuadas a tus necesidades. 
Cambia tu cepillo de dientes cada 3 meses y, por supuesto, no lo compartas con otras personas.

Seguimos con la higiene corporal. Necesitamos eliminar la suciedad que produce nuestro cuerpo de manera orgánica, como el sudor o las toxinas, pero también la suciedad que vamos adquiriendo a lo largo del día. La grasa natural de nuestra piel y las toxinas que salen de nuestro organismo por los poros a través del sudor, se acumulan y producen mal olor si no nos aseamos. Por eso, es imprescindible una ducha al día. Incide en las zonas con pliegues, porque hay mayor tendencia a que se acumule el sudor y proliferen las bacterias. 

No se recomienda una excesiva higiene porque puede ser perjudicial. Los jabones pueden irritar la piel y el agua la reseca, alterando la barrera protectora natural de nuestra piel. Utiliza un gel de ducha que sea suave, hidratante y respete el pH de la piel. 
Después de la ducha, sécate bien con una toalla para evitar la aparición de hongos por la humedad. No olvides hidratar tu piel para combatir la sequedad y utilizar un desodorante o antitranspirante para evitar el mal olor durante todo el día.

Aunque estaría englobado en  la higiene corporal, le dedicamos un espacio aparte a la higiene íntima. Es una zona muy sensible que requiere unos cuidados más suaves. Es fundamental un buen aseo de esta zona, no solo por los olores, también para evitar infecciones por bacterias o por hongos. Utiliza un gel con el pH adecuado y que limpie eficazmente pero con suavidad. Elige ropa interior limpia cada día, a ser posible de algodón para evitar irritaciones.

A continuación, hablaremos sobre la higiene de manos y pies. Las manos están en contacto con todo, por lo que son la principal fuente de transmisión de infecciones. No solo debes evitar tocarte los ojos, la boca y la nariz con las manos sucias, además tienes que lavártelas con frecuencia. Elije preferentemente agua y jabón, ya que los geles desinfectantes hidroalcohólicos resecan mucho la piel. Puedes elegir esta opción cuando no tengas disponible agua y jabón. 
Lávate las manos después de ir al baño, cuando toques un animal, cuando llegues a casa después de estar en la calle, antes de comer y cuando vayas a cocinar. Si además estás enfermo o vas a visitar a alguien que lo esté, esta higiene cobra mayor importancia. La higiene de manos es la mejor medida de prevención de infecciones. 

Los pies, al estar dentro de los zapatos todo el día, no transpiran y sudan, produciendo mal olor. Para evitar el mal olor, utiliza polvos de talco o desodorantes específicos para los pies. Lava bien tus pies y, sobre todo, sécalos adecuadamente para evitar infecciones por hongos. Los hongos crecen normalmente entre los dedos, porque es donde más se acumula la humedad. Además, para reducir la probabilidad de padecer hongos, utiliza chanclas en piscinas y baños públicos. 
No te olvides de las uñas. Límpialas bien por debajo porque se acumula suciedad. Córtalas y límalas para que, no solo luzcan bonitas, también evitar que se claven y nos produzcan heridas. 

Por último, la higiene capilar. El cuerpo cabelludo produce grasa que se va acumulando en el pelo. Dependiendo de cómo sea tu cuero cabelludo o de si realizas ejercicio físico, la frecuencia del lavado será mayor o menor. Lo que se recomienda es lavar el pelo entre dos y tres veces por semana. No es recomendable lavarlo todos los días, porque el exceso producirá un efecto rebote, es decir, el cuero cabelludo producirá más grasa para contrarrestar la sequedad que produce el champú. Si quieres que luzca bonito, brillante y saludable, utiliza una mascarilla para nutrir el cabello y mantener las puntas cerradas.
En el caso de los niños, hay que prestar atención a los piojos y liendres. Utiliza productos para prevenir el contagio, es lo más eficaz. Si ya es demasiado tarde y tienes que eliminarlos pero no quieres que el pelo de los más pequeños se estropee, utiliza antipiojos de farmacia, porque son los más eficaces y de calidad.

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