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Cómo diversificar nuestro negocio

María Fernandez Servicios financieros
22 Oct 2019 BLOG_NUM_COMMENTS

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Una empresa que aspire a seguir este camino debe ser una empresa ya consolidada o en proceso de hacerlo. Si nos arriesgamos a tirarnos de cabeza a la diversificación cuando nuestra empresa lleva poco tiempo de vida, nos arriesgamos a romper sin pretenderlo sus cimientos y perder a la todavía naciente y corta cartera de clientes que hayamos conseguido fidelizar durante nuestro primer año fiscal.

La gestión de nuestros clientes es tan fundamental como la gestión económica de la empresa, sea de nuestros ahorros o de préstamos sin intereses. En realidad, las dos cosas van unidas.

La pregunta del millón, una vez conseguimos encontrar ese sano y necesario equilibrio financiero a partir del cual podemos permitirnos planificar el impulso hacia otros segmentos, es la siguiente: ¿cómo nos diversificamos? Para empezar, debemos estudiar muy bien el punto exacto en el que se encuentra nuestro negocio. Esto es, el tipo de clientes que tenemos y su perfil demográfico y social.

Debemos saber qué ha funcionado con ellos y por qué. Qué intereses tienen, cuál es su género, su franja de edad, sus aficiones y su zona geográfica más común.

También, si proceden de un medio en su mayoría rural o urbano, si son de centro o de periferia, si tienen una cantidad media de ingresos o no, etc. En realidad, se supone que todo esto ya lo sabíamos, de otro modo no hubiéramos sido capaces de consolidar nuestra empresa.

Pero ahora se trata de reanalizarlos con otra perspectiva y con otro objetivo en mente: el estudio de otro tipo de público, su comparativa y el análisis del estilo y de los intereses de la marca.

Es decir, necesitamos saber hasta qué punto los objetivos básicos de la empresa pueden plegarse a las necesidades de un nuevo público, cómo de versátiles podemos ser.

Nuestra flexibilidad empresarial supone también la flexibilidad económica, ya que entonces sabremos hasta qué punto podemos arriesgarnos a utilizar un simulador de créditos o a invertir directamente del fondo de ahorros de la empresa. A partir de ahí, podemos arriesgarnos.

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