El Árbol que hay en el centro de mi plaza es un olivo

Remedios Serrano Herreros remeisehe
5 Nov 2019 BLOG_NUM_COMMENTS

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El árbol que hay en el centro de mi plaza es un olivo, y es testigo de miles de conversaciones, él sencillamente esta ahí, lleno de olivas, que van cayendo para deleite de los niños y niñas pequeños que las utilizan para aprender a contar, comparándolas con las de los demás:

_¡¡¡Yo tengo 5!!!

_¡¡¡Pues yo 7!!!

"Ale, pues a buscar más"

Es testigo del testimonio de los votantes, porque, en el centro cultural que hay en mi plaza votamos los de mi distrito; es testigo en las noches cuando los enamorados, sentados al lado del olivo, se juran amor eterno mientras se meten mano, y un largo eccétera que mejor sería que no contara el olivo que hay en mi plaza.

Hoy ha vuelto a ser testigo, impasible, sereno, sin inmutarse, de otra historia que a mi me ha hecho asomarme a la ventana.

Estaba yo leyendo en el sofá, al lado del balcón, y he visto llegar a dos mamis con sus niños, una de ellas, con los niños más mayores, es posible que de 7 u 8 años, parecen mellizos porque son casi iguales de tamaño, aunque la niña es un poco más alta.

La otra lleva otros dos, una niña de unos 5 años y lo que creo que es un niño (aunque su melenita rizada y rubia me hace pensar en un primer momento que es una niña).

Ellas toman asiento, el más pequeño se posa bajo el olivo y subiéndose de inmediato a los asientos que rodean el árbol se pone a recoger olivas y a hacer recuento de elllas mientras presume de todas las que ha cogido.

Los otros tres, juegan a fútbol, aunque a la niña más pequeña no se la ve muy interesada.

Las mamis quedan fuera de mi vista y no me fijo en ellas, en ese momento ya sigo con mi lectura.

Mi plaza es muy cuadrada, con bancos, palmeras, un teatro en el centro cultural, y suele atronar todo lo que dices cuando levantas un poco la voz; el llanto de la niña futbolera atronaba con fuerza en la plaza e hizo que volviera a dirigir mi vista hacia ella. Los dos niños más pequeños siguen recontando olivas.

A gritos, la mamá de los niños futboleros le quita la pelota al muchacho mientras le dice que la pelota va a la basura, el niño que ya está llorando también, dice que no ha sido culpa suya, a todo esto la niña llora desconsoladamente porque le duele el balonazo que le ha pegado su hermano.

Contra más se quiere defender el chico, más alza la voz la madre, que ha guardado la pelota bajo su brazo jurando y perjurando que la pelota va a la basura y no sé cuantas cosas más.

Yo ya he cerrado mi libro y me levanto del sofá para ver la escena más en directo. Observo a la niña futbolera ya más calmada, sentada junto a la otra mami, los más pequeños, miran la escena acercándose a donde está su madre para acabar todos sentados en el banco mientras la primera mamá sigue discutiendo con su hijo sobre el pelotazo, la pelota y la culpa.

Observo a la otra mama que esta sentada en la direccion de mi balcón y le veo la cara muy roja y con un gesto triste; yo aprovecho y limpio el cristal, que he visto manchitas... Pasados unos minutos todos han dejado de llorar, de gritar, los niños siguen contando olivas y el nene más mayor se ha alejado un poco del grupo para mirar a la gente que pasea perros.

Cuando termino con el cristal, miro a las dos mamis, la que mira hacia mi lado sigue con la cara roja, habla despacito y, a veces, apoya sus codos en las rodillas y mira al suelo, saca un pañuelo del bolsillo, levanta sus gafas de sol (por cierto hoy está muy nublado) y se limpia los ojos.

El niño más mayor se ha sentado entre las dos, apoyado en su madre mirando a la otra mami; los otros niños lo llaman para que se una a ellos en "La recogida de la aceituna".

Pienso que ese niño de 7 u 8 años no sabrá o no entenderá, que toda la escena anterior (la riña) puede deberse a la falta de momentos propios, porque desde el momento en que somos mamis, ya no tenemos una conversación sin ser interrumpidas por una petición, un deseo o un mandato, gestionar esas situaciones es lo que se hace cuesta arriba. Por eso, toda la ayuda que nos regalemos ha de celebrarse, porque si nosotras nos queremos, todo es más fácil.

                                                                                       Remedios Serrano. Personal Shopper

Por cierto, los niños ahora están todos jugando al fútbol.

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