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¿Son fiables los rumores?

Polly Hernández Polly Comunica
15 Feb 2015 BLOG_NUM_COMMENTS

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¿Quién no se ha considerado en algún momento de su vida, víctima de un rumor? Ya sea en el ámbito laboral o no, es muy probable que alguna vez nos hayamos sentido "atacados" por uno de ellos.

Solemos escuchar e incluso utilizar la palabra rumor, y a nuestra cabeza viene una imagen de "cierta información que viaja como una especie de nube y de la cual nadie se hace responsable, pero que genera gran revuelo". Pero esta no es su definición real. O no del todo. 

Los flujos de mensajes entre las personas, dentro de las organizaciones, son conocidas como redes de mensajes. Dentro de ellas encontramos las formales y las informales.

Las redes formales fluyen siguiendo los caminos oficiales, pero las informales no. Estas últimas son conocidas como "grapevine" (enredadera); o también se les llama rumores. 

Se les denomina "grapevine" desde la Guerra civil de los Estados Unidos. Porque las líneas de telégrafo de los servicios de inteligencia colgaban de un arbol a otro, lo cual les daba el aspecto de enredaderas; y la retransmisión de los mensajes no era muy clara.

¿Pero, quién puede provocar un rumor?

Cualquier persona, en cualquier ámbito, que emita un mensaje que no sea especificado racionalmente, estará fabricando o formando parte de un "grapevine"; y éste puede ser cierto, o falso si no hay pruebas de su exactitud.

¿Dónde solemos encontrarnos con rumores?

Si bien el rumor puede aparecer en cualquier ámbito social, se le puede observar mejor en una organización. En ella se diferencia mucho mejor un mensaje emitido por una red formal, de otro emitido por una informal, (rumor). En una organización la información suele estar muchísimo más controlada, y fluye de forma descendente, (de altos cargos hacia subordinados); ascendente, (de subordinados a los altos cargos); y horizontalmente, (entre iguales en jerarquía). Y sí, también se dan los rumores, esos mensajes que, normalmente, no se sabe de forma exacta de donde han surgido, pero que, si se hacen indagaciones, se puede descubrir el origen de ellos.

¿Son malos los rumores?

La mala fama la tienen, escuchamos la palabra "rumor" y dudamos en seguida de la información que este nos proporciona, pero no todo es malo en un "grapevine". Los rumores viajan de una manera rapidísima; y esto ocurre porque no siguen el camino oficial de difusión, sino que van por vía libre y son más personales en la transmisión de la información, porque se sirven del boca a boca; y últimamente de las redes sociales que hay en internet. Por todo ello forman el canal más rápido para la difusión de mensajes entre empleados.

Además de la rapidez con la que cuentan; y contrariamente a la fama que acostumbran tener, los "grapevine" son exactos. Esto último no me lo he inventado yo, ni me lo he sacado de la chistera que no tengo porque no soy maga. Diversos estudios realizados desde 1961, ya lo demostraban. La exactitud de los rumores oscilaba entre el 80 y el 90 por ciento.

Los rumores contienen mucha información y son una gran herramienta para proporcionar retroalimentación a los directivos relacionada con los sentimientos de los subordinados. Además sirven de potente válvula de escape a los empleados; ya que les ayudan a expresar mensajes con alta carga de emotividad, lo cual repercute enormemente en la disminución de los niveles de hostilidad entre ellos.

¿Entonces por qué dudamos de los rumores?

Porque tiene el mismo efecto de un vestido blanco impoluto que se acaba de echar a perder con una manchita negra. Destaca más lo malo (la manchita negra, que lo bueno: el vestido blanco que antes de la manchita era impoluto). Es decir, nuestra mente recuerda más, o le da más importancia a los rumores cuando estos eran falsos, que cuando eran ciertos. No nos sienta mal enterarnos de los hechos reales por un rumor, pero nos sienta fatal que por la misma vía (por los "grapevines"); nos cuenten una mentira.

Este efecto se debe a que las redes informales, por las cuales circulan nuestros queridísimos rumores, muchas veces son contaminadas con falsos rumores: aquellos "grapevines" de los cuales no se presentan pruebas de su exactitud a la hora de ser comunicados o investigados. Aquellos en los que no hay un culpable, (entiéndase emisor); que se haga responsable de sus mensajes.

¿Y qué se puede hacer para separar rumores ciertos de rumores falsos?

Podemos, a la hora de conocer un rumor, pedir pruebas de los hechos; y a la hora de compartir un rumor, proporcionar sus pruebas. Sería buena idea que, si no nos consta algún hecho, lo admitamos ante los demás. Para evitar así los falsos rumores.

Es mejor admitir que no conocemos si la información es real, a que nuestra veracidad quede en entredicho en la empresa.

 

Fuente documental:

Comunicación organizacional. Gerald M. Goldhaber

Fotografía: Polly Hernández

 

 

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