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Como ha cambiado el tiempo en el diseño de las farmacias

Tere García Pateando Barcelona
14 Mar. 2018 0 comentarios

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Hace un par de semanas estaba paseando por la calle. Y me puse a pensar en lo mucho que ha cambiado cualquier ciudad en los últimos años. No en su forma, porque los edificios que hay sobre todo en grandes ciudades como Barcelona, no permiten cambios muy significativos. Pero sí en detalles como el mobiliario urbano, la gente o las tiendas. El comercio tradicional se ha tenido que reinventar, aunque hay algunos que parecen resistirse a hacerlo. Otros lo han hecho de una forma extraordinaria, como es el caso de las farmacias. Hoy, no tienen nada que ver con cómo eran hace no demasiado tiempo.

Cambios por dentro y por fuera

Ya hablamos de un tema de farmacia en el blog hace unos meses. Aunque en ese caso se trataba más de un tema laboral que de lo que es la tienda en sí. Esta vez quiero hablar de lo mucho que ha cambiado este negocio desde la propia fachada hasta el modo en el que se controlan los productos.

Por ejemplo, las antiguas farmacias tenían escaparates pequeños, con fachadas cubiertas de azulejos. Las vitrinas casi no mostraban nada, para que los clientes que necesitaban algo simplemente entraran y lo pidieran. Hoy es muy distinto, y las farmacias tienen grandes ventanales por los que además de la luz se puede ver todo el interior. Algunas veces llegan hasta el suelo, y delante se ponen todo tipo de productos, según sea la temporada.

Una vez dentro, también se ve cómo han cambiado com el paso del tiempo los diseños de las farmacias. Antes, casi todo estaba detrás del mostrador, y se pedía a quien estaba allí lo que fuera. Es normal, porque hasta no hace mucho solo había medicinas. Y no era plan de que cualquiera llegara y cogiera algo. Ahora las farmacias tienen espacios amplios para los clientes, donde se pueden ver muchos productos sin receta.

Sistemas de almacenaje automatizados

Sin duda, lo que más ha cambiado en el diseño de la farmacia es en el almacén, precisamente la parte que no se ve. Tengo la suerte de que una amiga me lo haya enseñado, y es espectacular. Depende del tamaño de la farmacia y lo moderna que sea, aunque hoy lo normal es tenerlo todo automatizado. Algunas incluso han instalado un robot, que almacena y distribuye los productos, los coloca por fecha de caducidad y hasta apunta lo que hace falta para el próximo pedido.

Este método, a mi entender, tiene bastantes ventajas. La primera es que todos los productos están más a mano, porque lo único que hay que hacer es decirle al robot lo que quieres. También es mucho más fácil aprovechar el espacio, porque el sistema se encarga de ocuparlo según la programación.

Incluso aquellas farmacias en las que no hay un robot, se pueden ver ordenadores en las cajas, que llevan un control del stock. Todo esto no solo supone una cambio en la forma que tienen estas tiendas, también en el modo en el que nos atiende el personal. Todo es más ágil y prácticamente no hay que esperar n hacer cola. Solo tienes que caminar por Barcelona y ver que la gente entra y sale de ellas muy deprisa, algo que esté haciendo una pregunta o mirando alguna cosa.

Estilo moderno y futurista

Tengo que reconocer que soy una gran fan de los negocios con estilo antiguo. Me encanta coleccionar objetos de hace décadas, como los frascos que había en las antiguas boticas. Hoy se pueden ver algunos decorando farmacias modernas, todo sea dicho, ya que a nadie le pasa desapercibido que un toque vintage siempre es agradable. Pero los materiales que se usan hoy para equipar estos sitios son muy diferentes a los de antes. Las boticas eran muy parecidas a las tiendas de ultramarinos de su época, con la diferencia de eu en vez de venderte shorts envuelto en una hoja de papel, tenían un laboratorio donde se hacían fórmulas. Y en lugar de latas de anchoas lo que se vendían eran cajas de aspirinas.

Las fórmulas y muchas de las pastillas siguen siendo casi las mismas. Aunque sí que ha cambiado el modo en el que se sirven. Tanto en los envases como en el establecimiento que los dispensa se puede apreciar que han pasado algunas décadas. Las farmacias son bastante asépticas y en muchas predominan el acero, el aluminio o el plástico. Hay quien podría pensar que es un diseño algo frío y poco atractivo, pero lo cierto es que me parece bastante más acogedor de lo que pudiera parecer a simple vista.

Otro detalle que indica que las farmacias han cambiado es que no solo se pueden comprar medicamentos. Hoy hay cosméticos, perfumes y suplementos para deportistas, que no necesitan receta. Aunque tienen en común con los fármacos que su objetivo es ayudar a nuestro cuerpo a cuidarse.

Algo que no cambia

Posiblemente este sentimiento de que entras en un sitio de confianza se deba a que hay algo que no ha cambiado a pesar del tiempo. Y es que detrás del mostrador, que hoy está más al fondo de lo que estaba hace unos años, es verdad, siempre hay un profesional dispuesto a ayudarte. Puedes pedirle algo para aliviar el dolor de cabeza, o los síntomas del resfriado, ahora que estamos en plena época. Con una amplia sonrisa atenderá todas estas cuestiones.

¿Cuánto ha cambiado la farmacia de tu barrio? ¿Te has dado cuenta?

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