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Defender lo obvio

Julia Benito Panorama desde la silla
13 Abr. 2018 0 comentarios

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La defensa de los derechos humanos, de la naturaleza, del patrimonio,   las especies en extinción, los derechos laborales, los derechos civiles, la libertad, la libertad de expresión, la democracia, cosas tan obvias como el derecho al agua o a respirar aire puro.

La lucha contra la corrupción, contra la injusticia, contra la pobreza, la desertización, las injusticias, los prejuicios, los privilegios, las guerras, el hambre, las enfermedades, la explotación de todos los seres humanos.

La lista es interminable.

Y, la imagen que me queda, es de un mundo continuamente en lucha, en defensa, desde cada sitio en el que estemos o trabajemos.

No dar nada por conseguido,  estar siempre en el esfuerzo vigilante de que nada se da por hecho, que cada pequeña victoria debe defenderse con uñas y dientes para que no se pierda todo.

Parece como si no hubiera consenso en cosas que, en principio, son buenas y beneficiosas para todos.

¿No puede haber un acuerdo común e internacional? siempre hay intereses encontrados y cada uno se escuda en su individualidad.

Pero cuándo sobrepasamos las necesidades, y queremos los privilegios, siempre es a costa de otros.

Cada día se convierte en un, a modo de trinchera, para no retroceder en lo logrado, para filtrar lo injusto, lo inmoral, lo violento, lo prepotente, lo inconsistente, lo inhumano.

Por eso, nuestra batalla permanente de defensa, es un estar ojo avizor para que no se dañen nuestros derechos, nuestro entorno, nuestra libertad de expresión, nuestras vidas, en fin.

Debemos denunciar todo lo denunciable, lo que no cumpla las leyes de la naturaleza y del ser humano y las leyes justas.

Y también, como Mario Benedetti en su poema, defender la alegría.

Que no nos quiten tampoco eso. 

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