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Algo más que un poema de amor

Alicia Ripollés García Negro sobre Violeta
21 Oct 2019 BLOG_NUM_COMMENTS

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¡Hola de nuevo!

Hay mujeres que han sufrido mucho pero han conseguido hacer de su trauma, arte. Convertir basura en oro es un milagro de los grandes y no el de los panes y los peces. Pues bien, la artistaza que ha obrado esta magia no es otra que la escritora canadiense Rupi Kaur.

Tiene muchos poemas, pero este que transcribo a continuación, encierra una verdad tan aplastante y es tan clarificador y fácil de leer, que merecía la pena compartirlo y sacarle punta. Ahí va:

no quiero tenerte

para que llenes las partes vacías de mí

quiero llenarme para mí misma

quiero estar tan completa

que pueda alumbrar una ciudad entera

y entonces

quiero tenerte

porque la mezcla de los dos

podría incendiarla.

(LIBRO: Otras maneras de usar la boca)

Existen muchas teóricas/os, investigadores/as, profesionales, etc, que han estudiado el AMOR, pero Rupi Kaur, habla desde el trauma, desde el dolor, desde la recuperación. Pese a su edad (jovencísima) es una mujer sabia que ha vivido quizás más de lo que hubiera debido, pero que nos regala sus palabras y nos da una lección de vida, que al menos yo, espero aprovechar.

Nuestra sociedad nos taladra con mensajes de buscar a tu media naranja, a alguien que nos complemente, que nos llene. Y nos lo creemos y nos ponemos como locas a buscar esa persona que nos ilumine, nos saque una sonrisa y de paso el cubo de la basura por la noche. Y si no es mucho pedir, que también nos saque  a cenar, y a bailar, y nos lleve a la cama a darnos el placer que esperamos nos tiene que dar un hombre que nos quiere y que le interesa nuestro bienestar.

En conclusión, buscamos a alguien que nos rellene los vacíos. ¿Es que acaso somos un colador? ¿Un saco agujereado por el fracaso de otras relaciones? Porque si es así, que seguro que todas nos hemos sentido al salir de una mala experiencia, hundidas, y "despeluchadas" como diría una amiga mía, no estamos en posición de ir a la caza y captura de pareja. Estamos para mimarnos, cuidarnos, reflexionar y, una vez en pie y fuertes, pasar a la acción.

Desde mi humilde punto de vista, tenemos que partir de dos principios fundamentales para no cagarla más de la cuenta:

Punto 1. Los hombres (si somos mujeres hetero), no son, ni deberían ser, nuestra tabla de salvación.

Punto 2. No podemos ir por la vida sintiendo que estamos a medio hacer, o medio hundidas. A veces lo podemos estar, pero nos recuperamos y a seguir.

El hecho de que hayamos pasado por un bache no significa que no podamos salir de él, solitas y enteras. Para eso, tenemos dos piernazas y dos brazos (no siempre, lo tonificados que quisiéramos pero aún así con la fuerza suficiente para llevar un bebé de diez kilos en brazos y dos bolsas de mercadona sin casi despeinarnos).

Como personas adultas, podemos necesitar la ayuda puntual de alguien, ¡claro que sí! Podemos ser valientes, fuertes y preciosas pero somos humanas. Pero si estamos en búsqueda activa de pareja, debemos hacerlo cuando estemos al 100%. Cuando nuestras heridas estén lamidas y bien curadas, cuando yo no necesite un hombre que me llene los vacíos, sino un compañero de viaje que quiera compartir conmigo mi camino, por diversión, para disfrutar del paisaje y hacer alguna que otra parada, detrás de un seto para aliviar ardores. Pero no para que me lleve la mochila, y en brazos si se tercia, cuando la senda se llene de pedruscos y se empine. 

De esto, habla Rupi Kaur.

Necesitar al otro nos hace vulnerables, nos hace presa fácil de desalmados que se aprovechan de la debilidad y angustia del desfavorecido. Nos hace sentir que no somos nadie sin mi pareja. Y en lugar de fortalecerme, porque supuestamente ha rellenado mis puntos flacos (aunque no sea de manera altruista), me empequeñece todavía más. Al fin y al cabo, la conclusión que podría sacar es que yo no sé salir solita a delante, necesito a alguien que me saque las castañas del fuego porque soy un poco floja. Que por cierto, no es que sea precisamente, super guay para el hombre que tenga al lado ir de héroe por la vida con nosotras, ¡que menuda curz!. 

No me fortalece estar al lado de una persona más fuerte. Me debilita si dejo en sus manos mi debilidad. Si le responsabilizo de mi carga y me limpio las manos, se perpetúan mis vulnerabilidades.

Así que guapas, arremanguemos las mangas, y saquemos brillo a nuestras capacidades de superación, de lucha y de supervivencia, porque las tenemos ahí. Y solo entonces, vayamos a por todas en busca de la pareja que deseemos. Saquemos la fortaleza, porque la tenemos, solo es cuestión de encontrarla (el clítoris también está un poco escondido y con un espejito mágico y un dedo curioso se encuentra sin muchos remilgos). 

Porque empoderadas, nos cambiará la perspectiva. Ya no buscaremos a hombres que nos complazcan por nuestra cara bonita. Nos atraerán hombres que nos respeten como iguales, que valoren nuestra compañía como la mejor que podrían tener en su equipo. Y a la inversa. Atraeremos a hombres sensibles y equitativos, que no busquen una mujer florero para regar, sino una igual a la que respetar.

Busquemos más bien un hombro donde reir, y solo muy puntualmente, donde llorar. No a la inversa.

Chicas, amemos de una manera sana y completa. Sin necesidad del otro, sin esperar que nuestra pareja nos ilumine. Si finalmente comenzamos una relación con ese propórisito acabaremos apagándonos los dos. Seamos una bombilla encedida que busca otra bombilla encendida, e iluminemos toda la ciudad. E ir más allá. Como dice nuestra brava Rupi Kaur, "la mezcla de los dos podría incendiarla" ¡Atrevámonos!.

¿Qué opináis? ¿Os habéis encontrado en una situación similar a la que os he descrito? 

Alicia Ripollés García.

@aliciaripolles

- Psicóloga, formadora, experta en género, prevención y violencias hacia la mujer -

 
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