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Mujeres que se atreven a soñar y actúan en consecuencia

Amalia Valderrama Mujeres que se atreven a soñar
14 Aug 2019 BLOG_NUM_COMMENTS

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Este artículo apareció en mi mente hace ya varios años. De repente me vino un flash con el título y me gustó tanto que empecé a llenarlo de contenido. Nunca sabemos exactamente de dónde nos vienen las ideas, de persones, de vivencias, de conversaciones, etc. Pero una de las razones que identifico es que llevo muchos años trabajando con mujeres y en mi consulta muchas de ellas vienen porque se sienten bloqueadas, porque saben lo que NO quieren, pero no saben lo que SI quieren, porque desean hacer un cambio de trabajo, de pareja, pero no saben por dónde empezar y hacia dónde tirar.

La mayoría de las mujeres tenemos gran facilidad para analizar nuestro pasado y nuestro presente pero cuando abrimos la ventana del futuro, casi siempre hay un cambio de emoción, hay un mayor bloqueo, una especie de parálisis que se refleja en un NO LO SE.

Ese no lo sé yo lo he relacionado con dos emociones EL MIEDO y LA CULPA.

El futuro es incierto, e imaginar un futuro implica soñar, dejar ir la imaginación, implica pensar en millones de escenarios posibles y dejar ir nuestra cabeza y nuestro corazón, juntos, a la par. Y esto además de que nos es difícil nos resulta aterrador.

Aquí voy a intentar explicar por qué a las mujeres nos cuesta tanto soñar, imaginar el futuro y por tanto actuar en consecuencia.

Para empezar, yo he identificado una serie de obstáculos que nos impiden soñar con otra vida posible:

El primero de ellos parte de nuestra biología. Somos mamíferas y por lo tanto tenemos una tendencia natural a cuidar de los nuestros. Ojo no digo a aquí que estemos destinadas a cuidar, sino que tenemos esta potencialidad mucho más marcada que los hombres.  Nuestro cerebro y nuestro cuerpo es igual al de las primeras hembras humanas que poblaron la tierra y está adaptado para concebir, parir y proteger unas crías que nacen totalmente indefensas. Por lo tanto, nuestro cerebro está preparado para controlar el ambiente, para evitar los peligros, para anticipar el futuro no en clave positiva sino más bien negativa.

El segundo obstáculo tiene que ver con nuestra cultura. Históricamente nuestra cultura patriarcal ha hecho del cuidado algo EXCLUSIVO de las mujeres. Es importante ver que a pesar de nuestra tendencia natural, también hay culturas en las que el cuidado está más repartido y por tanto en esas culturas las mujeres están más libres tanto a nivel físico y mental para soltar el deber exclusivo del cuidado. Sin embargo en nuestra cultura, marcada por el patriarcado, el cuidado recae mayoritariamente en las mujeres. Y esto implica que si estamos centradas en cuidar de otros, evidentemente sabemos más de las necesidades de los otros, de los sueños y anhelos de los otros y en cambio no dedicamos tiempo y espacio mental para mirarnos a nosotras mismas y menos para explorar nuestros sueños y deseos.

El tercer obstáculo tiene que ver con la educación/socialización, que nuestro contexto ha estado marcada por los valores judeocristianos. Así nuestra socialización promueve emociones tales como el miedo, la culpa, el sacrificio cosa que reafirma a su vez el patriarcado. Así se plantea un deber ser como mujer: contenida, centrada en el presente, con los pies en la tierra, sin amplitud de miras.  Solo basta mirar históricamente a qué tipo de mujeres se tachaba de brujas o eran expulsadas de la comunidad: las aventureras, soñadoras, liberadas. Y por tanto tenemos interiorizado que si nos alejamos de ese modelo de mujer seremos rechazadas y repudiadas, por lo tanto no amadas. 

Además desde niñas se nos lanzan mensajes tipo: “cuidado te caes”, “no serás capaz…”, “no hagas eso no vaya a ser que….”, “no vayas por ese lugar que es peligroso”. Mensajes que además de limitar nuestros movimientos acaban por esculpir nuestra psique identificando que atreverse a cualquier cosa es peligroso.

Solo basta mirar la cantidad y refranes e historias que continuamente repetimos y que tienen que ver con ese miedo:

Es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer

Más vale pájaro en mano que ciento volando

Mujer precavida vale por dos.

Ay esas soñadoras, acaban perdiéndolo todo por ponerse a soñar. Mejor estar en presente, poner los pies en la tierra y trabajar duro, pues sólo el sacrificio tiene su recompensa. Así pues ser una “soñadora” se convierte casi en un insulto.

                 

¿Y cuál es pues el resultado de todo este proceso de construcción de nuestra psique?

Pues que nos hemos creído QUE SOÑAR ESTÁ MAL y además que es mejor no cambiar, es mejor mantenerse en lo poco conseguido que ser ambiciosas y desear un cambio. 

Por otra parte el soñar implica llenarse de motivos para actuar y la acción nos impulsa irremediablemente a un afuera, la mayoría de las veces incierto. Si, realizar cambios implica muchas veces una serie de rupturas y movimientos y  es ahí donde  aparece el miedo a ser rechazada o a no ser querida.

Porque para las mujeres es indispensable sentirnos parte de, sentirnos necesarias, indispensables. Y cuando nuestros sueños implican no poner TODA la atención en los otros, aparece el miedo a perder su amor y reconocimiento.

En conclusión, pasar a la acción implica exponerse, arriesgarse, ponerse en evidencia, mostrarse, a veces luchar y competir. Y no estamos acostumbradas a ello, por lo tanto preferimos bajar el volumen de nuestros sueños como mecanismo para resguardarnos no solo del fracaso sino también de la exposición, del terror a quedar en evidencia si fracasamos o de hacer daño a los otros si triunfamos (pareja, hijos, etc), porque finalmente tenemos más miedo al éxito que al fracaso.

Sara Ban Breathnatch nos dice al respecto “Tanto si nos gusta, si lo admitimos como si no, el éxito de una mujer es secundario a sus relaciones. Tememos al triunfo porque nos asusta el impacto que tendrá (y no hay ninguna duda de que lo tendrá) no sólo en nuestra vida sino en las personas que amamos.

Tenemos buenas razones para temer al éxito. Nos jugamos mucho. El éxito trae consigo cambios y los cambios son incómodos. Pero al intentar superar los retos de uno en uno, acuñamos una nueva definición de éxito para nosotras y nuestros seres queridos. Al sentirnos más cómodas con nuestros logros, aprendemos que el éxito no tiene por qué tirar, apretar o rozar si llevamos puesta nuestra verdadera talla” (Breathnach, S. 1996 El encanto de la vida simple)

Por todo esto, el mayor obstáculo que tenemos las mujeres para soñar es nuestra propia mente, construida a través de la combinación entre biología, cultura y socialización. De ahí que lo primero que tenemos que hacer es ganar en consciencia de esos obstáculos, mirarlos de frente y comenzar a ver las ventajas de soñar, de hacer cambios y por qué no de triunfar a nuestra manera.

“Los sueños pasan a la realidad de la acción. De la acción emana otra vez el sueño: esta interdependencia produce una forma de vivir más elevada”

Anaïs Nin

“Todo lo material tiene origen en lo inmaterial.

Todo lo visible tiene lugar en lo invisible”

Principio de la abundancia

Estas frases nos invitan a soñar, a ser conscientes de que soñar con una vida mejor, es el paso indispensable para empezar a construirla. Que las grandes acciones, los grandes inventos, los grandes proyectos nacieron de un sueño. Que tras soñar, actuamos, tras actuar nos sentimos capaces y sintiéndonos capaces somos más libres. Y por último, que soñar en grande es el motor que nos permite ponernos en movimiento y llegar lejos.

Así que hoy más que nunca te invito a que te permitas soñar, imaginarte escenarios posibles aunque hoy te parezcan locos, es a partir de esa semilla que sembrarás en tu mente acompañada de grandes dosis de confianza en ti misma, empeño y perseverancia, que en un futuro más o menos lejano verás los frutos de tus sueños.

¿Te atreves a soñar?

¡Haz el ejercicio a continuación!

Para acabar te propongo un ejercicio, que es tan sencillo como contestar a estas preguntas en papeles separados (post-it). Una vez tengas las respuestas pegarlas en un lugar visible para que puedas recordarlos siempre!

¿Qué harías si tuvieras todo el dinero del mundo?

¿Qué harías si tuvieras una varita mágica?

¿Qué harías si tuvieras un superpoder?

¿Qué harías si estuvieras en el lugar idóneo?

¿Qué haría si tuviera toda la energía y salud que necesito?

¿Qué haría si supiera que todo va a salir bien?

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