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Falleras que cambian el mundo

Derechos de la mujer El blog del movimiento Womenalia
31 Oct 2019 BLOG_NUM_COMMENTS

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La Fundación Vicente Ferrer lleva 50 años de compromiso con el proceso de transformación de una de las zonas más empobrecidas del sur de la India: los estados de Andhra Pradesh y Telangana apoyando a los grupos más desfavorecidos con el fin de lograr un desarrollo sostenible y justicia social. Su programa de desarrollo integral aporta soluciones a largo plazo para erradicar la pobreza extrema centrando su actuación en diferentes áreas: educación, sanidad, mujeres, hábitat, ecología, deporte y cultura y personas con discapacidad.

Una de nuestras womenalias, Mayte Carvajal, lleva muchos años colaborando con el proyecto de la Fundación, concretamente con el centro de artesanía para mujeres discapacitadas donde mujeres de las castas más bajas y discriminadas por improductivas han conseguido alcanzar una merecida consideración social y familiar, recuperando su autoestima gracias a un trabajo e ingresos estables. Gracias a la actividad de este centro adquieren formación en bordados, papel maché, yute, joyería, sastrería y araconut (hojas de palmera prensada). Todos los artículos que elaboran en el centro destacan por su elaboración con materias primas autóctonas y el respeto al medio ambiente en su producción.

Con Mayte hemos hablado de todo lo que implica su colaboración con este proyecto.

Mayte, cuéntanos un poco más de ti, ¿en qué momento una profesional vinculada durante años a la dirección de RRHH decide invertir su tiempo en colaborar con el proyecto de la FVF? ¿Hubo un punto de inflexión?

Me gusta mucho viajar y la India era mi asignatura pendiente. Un día vi en la tele un reportaje sobre la labor de Vicente Ferrer, “La felicidad según Vicente Ferrer” se titula, os lo recomiendo, ¡y fue amor a primera vista! Y como las casualidades no existen, un tiempo después surgió la ocasión y viajé a Anantapur junto a la Fundación Vicente Ferrer para conocer de cerca su trabajo.

La verdad es que el vínculo surgió de inmediato. Como dices, mi vida profesional siempre ha estado vinculada a la dirección de RR.HH., que al fin y al cabo es dedicarse a las personas. Si eso es lo que te gusta, encuentras la manera de hacer cosas, da igual dónde.

Realmente el punto de inflexión se produjo cuando decidí crear mi propia empresa, maytecarvajal.com. Me considero una persona afortunada y tenía claro que quería dar un paso más allá en mi vida profesional y revertir en otros  lo que sabía, así que decidí aportar mi experiencia y conocimientos en el mundo empresarial y como emprendedora a otras mujeres, tengo también una empresa de complementos para gafas, carlotalulu.net. Tener mi propia empresa, tanto como mentora de emprendedoras como a través de mi consultoría de RR.HH., me permite dar visibilidad y colaborar con proyectos como los de la FVF, y eso es algo que personalmente me aporta un sentido especial a lo que hago.

¿Consideras qué es importante que los objetivos de una empresa estén vinculados a los ODS? ¿En qué les beneficia?

Para mí es una cuestión de coherencia. Si una empresa se identifica con valores u objetivos como pueden ser cuidar de la salud y el bienestar de sus empleados, proteger el medio ambiente, proporcionar un trabajo decente, colaborar en conseguir el pleno empleo o favorecer una educación de calidad, por ejemplo, vincular a un ODS las acciones que lleva a cabo es dotarle de un valor añadido, de compromiso. Al fin y al cabo, en muchas ocasiones tan solo le ha de poner nombre a lo que ya está haciendo. En mi caso, mi compromiso se traduce en tener presente cada día los ODS vinculados a la misión de mi empresa, y en colaborar y dar visibilidad a proyectos de carácter humanitario y social. Mis ODS son el “Pepito Grillo” que me recuerda cuando me despisto el porqué de lo que hago.

No se me ocurre por qué no debiera ser importante vincular los objetivos de la empresa a uno o varios ODS, ¿acaso hay quién no esté de acuerdo con que erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos es importante? Y por otro lado, los beneficios son tangibles, por ejemplo, ayuda a potenciar el sentido de pertenencia de los trabajadores al hacerles sentir orgullosos del lugar donde trabajan, también ayuda a la empresa a concretar las acciones de RSE en las que quiere invertir su tiempo y su dinero, predicar con el ejemplo les da argumentos para requerir determinados compromisos de sus proveedores, y aunque debemos evitar que ello sea el motivo principal, la imagen de la empresa seguramente se vea favorecida. Es una forma práctica de aportar nuestro granito de arena a la construcción de un futuro mejor para las futuras generaciones.

Cada empresa ha de decidir con que ODS se identifica, son 17 los Objetivos para el Desarrollo Sostenible, eso es lo bueno, que eres tu quién lo decide. Puedes empezar por uno, como en todo, pienso que lo importante es dar el primer paso.

¿Qué significa ser mujer en India?

Nacer mujer en la India es realmente duro, piensa que nadie desea tener una hija porque la mujer es considerada una carga para la familia. Aunque actualmente no está permitido conocer el sexo del feto antes de nacer, muchas mujeres deciden abortar, voluntaria o forzadas a ello, cuando saben que van a tener una niña. Aunque hay leyes que les reconocen los mismos derechos que a los hombres, en la práctica no es así. Muchas niñas mueren en sus primeros años, y si llegan a vivir, son obligadas a casarse antes de los 18. La violencia dentro y fuera del matrimonio es habitual, cada 7 minutos una mujer sufre abusos. Suponiendo que logren estudiar o encontrar un trabajo, la discriminación está asegurada. Y si al hecho de ser mujer se le añade contar con alguna discapacidad, entonces todo esto se acrecienta de manera exponencial porque la familia y la sociedad consideran que no sirven para nada y la carga es mucho mayor.

Pero afortunadamente esta realidad en la India no es la realidad del estado de Andhra Pradesh donde trabaja la Fundación Vicente Ferrer desde hace 50 años. Esta es la India con esperanza donde el índice de alfabetización de las niñas en la región de Anantapur es del 100%, donde a las mujeres con una discapacidad se les enseña un oficio para que puedan aspirar a una vida mejor o donde existen programas de microcréditos destinados a las mujeres para que puedan empezar un negocio. El año pasado organicé una gala solidaria de ballet destinada al centro de danza de niñas con discapacidad auditiva y la llamé “Sonrisas de la India en danza”, porque esa es la impresión que yo me traje de allí, sonrisas por doquier.

¿Qué te aporta la experiencia de colaborar con la FVF? ¿Lo recomendarías?

¡Por supuesto que lo recomiendo!, tanto si puedes colaborar como es mi caso poniendo en marcha iniciativas propias vinculadas a algún proyecto, como si dispones de un poco de tiempo para realizar voluntariado. Para mí la experiencia de colaborar con la FVF es un regalo. Pasar de la intención a la acción materializando proyectos a través de las ideas que se me ocurren, contando con el apoyo de personas y profesionales que, como dice Sergio Moraton, entre semana trabajan para la fundación y fuera de horario hacen voluntariado, es muy grato. Te puedo decir que me llena por dentro como pocas cosas, y sin lugar a dudas, recibo mucho más de lo que doy.

¿Cómo surge la iniciativa "Falleras que cambian el mundo" y qué objetivos se persiguen?

La iniciativa surgió porque me pierde el entusiasmo y todo me lo veo hecho, y aunque la cabeza me dice “cállate que no tienes ni idea”, a veces el impulso me puede. Estábamos visitando el centro de artesanía para mujeres con discapacidad en Anantapur, cuando Silvia, una cooperante valenciana preguntó si alguien sabría cómo introducir en Valencia unas falleritas hechas en el centro. Y ahí fui yo a levantar la mano para ofrecerme a ayudarla, yo que del mundo fallero ni idea, vamos, que ni contactos ni nada que se le pareciera.

Así que me lancé a la aventura, primero rehaciendo un poco la muestra de prueba que habían confeccionado para que fuera menos india y más valenciana. Está fue toda una prueba de paciencia, virtud de la que no puedo hacer alarde, y que me ayudó mucho a conocer la forma de ser y hacer las cosas tan diferente que tenemos entre nuestras dos culturas. Si antes admiraba a los cooperantes que se encargan de coordinar todo el proceso, ahora ni te cuento.

El resultado son unos preciosos broches de falleritas realizados a mano por estas mujeres increíbles con los que hemos dado nombre a la iniciativa “Falleras que cambian el mundo” pretendiendo trazar un vínculo entre la labor de Vicente Ferrer en la India y Valencia, de donde procede y donde vivió su infancia y juventud. Estas pequeñas obras de arte forman parte del programa de Comercio Justo y cuestan 3,50€, y aunque parezca increíble, con ese dinero una mujer tiene asegurado un programa de nutrición durante casi 3 meses. El objetivo principal de esta acción es proporcionarles la oportunidad de sentirse útiles, de potenciar su autoestima a través de un trabajo justo, que confíen en sí mismas, y después, gracias a los ingresos obtenidos con la venta de las falleritas junto al resto de productos que elaboran con sus manos, una vez concluya su estancia en el centro, puedan si lo desean, montar su propio negocio y no tener que depender para sobrevivir de casarse con alguien mucho mayor que ellas porque es a lo único que podían aspirar antes. ¿A qué merece la pena?

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