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Casinos y deportes

Maria Rodriguez Misceláneo
15 Jun 2018 BLOG_NUM_COMMENTS

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Apostar es algo inherente al ser humano. Dicho así, parece una locura. ¿Cómo va a ser una afición como otra cualquiera algo innato a las personas, si de hecho todos los hobbies y todas las actividades de ocio del planeta son fruto de una cultura concreta? No en todos los países del mundo se juega al fútbol y, por su historia y trascendencia, las artes marciales solo están consolidadas de verdad en Asia. En fin, a lo que me refiero es a que esa sensación de jugarse algo, de divertirse compitiendo y siendo conscientes de que podemos ganar o perder algo valioso para segregar adrenalina, es algo muy humano. Es algo que podemos hacer con muchas cosas, sí, pero nada como las apuestas deportivas y de toda clase para hacerlo bien.

Además, si lo pensamos detenidamente, los deportes y las apuestas van muy de la mano. Cuando vemos un partido de lo que sea, solemos posicionarnos en favor de un equipo concreto o de una jugadora determinado, y los animamos hasta el final. Sufrimos cuando pierden un punto y vitoreamos cuando lo consiguen. Si estamos viendo el espectáculo con amigos cuyos intereses se alinean con los del rival, los piques tontos le dan un extra de diversión a todo el asunto. Por eso, las apuestas de fútbol o de cualquier otro deporte de éxito, como el tenis o el baloncesto, ayudan a que la experiencia de disfrutar de un deporte como actividad social sea todavía más entretenida.

No obstante, no vayamos a pensar ahora que solo las apuestas en el ámbito de los deportes nos pueden ayudar a sentir esa emoción de jugar y ganar algo gracias a la inestimable ayuda del azar. Los casinos online, por ejemplo, también se están haciendo cada vez más populares, y ello se debe a que partimos de la misma premisa: seleccionamos nuestro modo de entretenimiento, en este caso una actividad recreativa en vez de un deporte, y apostamos la cantidad de dinero que nos apetezca. Si perdemos, bueno, otra vez será. Si ganamos, habremos pasado un rato entretenido. ¡No nos podremos quejar después!

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