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5 estrategias para no procrastinar

Ana Apesteguía Armijo Mi tiempo es mi vida
19 Feb. 2015 2 comentarios

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¿Qué es procrastinar?

Procrastinar (del latín: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro), significa postergar o posponer. Es la acción o hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes y agradables.

Todos en algún momento postergamos. Nos ocurre cada vez que nos enfrentamos a una tarea que no nos apetece hacer, y que de forma consciente o inconsciente dejamos a un lado, para enfocarnos en otras actividades (ante las que no tenemos tanta resistencia, por supuesto) que captan nuestra atención.

¿Para qué es útil procrastinar en tu vida?

Básicamente para no enfrentarte a lo que te cuesta un esfuerzo. Si, por ejemplo, tienes que hacer una llamada desagradable, te sirve para retrasar ese momento todo lo posible, tal vez con la esperanza de que desaparezca por arte de magia, o de que alguien lo haga en tu lugar (la esperanza es lo último que se pierde). O, simplemente, porque la sensación que te genera es lo suficientemente mala para que tu cabeza intente taparlo debajo de otras cosas que "también tienes que hacer".

La principal causa de que procrastines es que valoras más el beneficio a corto plazo de no hacerlo (disfrutar de otra actividad más placentera, evitar una tarea dura, descansar, no fracasar,...) que el beneficio a largo plazo de sí hacerlo, como evitar la sensación de ansiedad ante las tareas pendientes de concluir, cumplir con tus compromisos, alcanzar tus objetivos o reducir tu nivel de estrés.

Para muestra un botón. Por muchos propósitos que hayamos hecho de empezar a hacer deporte de forma regular, siempre hay días en los nos vence la pereza y procrastinamos. En este momento la sensación placentera de estar sentada en tu sofá descansando después de un día agotador, es más importante que el beneficio a medio y largo plazo de sentirte mejor contigo misma y mejorar tu salud, que tenías tan claro pocos días antes.

Además tu cerebro no te ayuda con este tema. Si eres de las que dicen "yo es que trabajo mejor bajo presión", piénsalo dos veces antes de continuar por este camino, porque, si bien es verdad que nuestra capacidad de concentración y actividad aumenta para cumplir con los objetivos al finalizar el plazo  fijado, también es cierto que se produce un alto gasto mental y emocional.

Consecuencias de ser una procrastinadora habitual:

Si eres de las que procrastinas de forma habitual te encontrarás que siempre dejas para el final el mismo tipo de actividades, las que más te cuesta realizar. No suelen ser las acciones clasificadas como urgentes, ya que si hemos llegado a un punto final donde algo tiene que hacerse quieras o no, ya no hay lugar para la postergación. Eso sí, sentirás altas dosis de estrés y ansiedad por no haberlo hecho antes y tener que terminar aprisa y corriendo.

El tipo de actividades que se suelen posponer son las clasificadas como importantes. Esas que tienes que realizar para alcanzar objetivos a medio y largo plazo, pero que no tienen caracter de urgencia (hasta que pasa el tiempo suficiente y entonces ya no hay forma de seguir retrasándolo, claro está!).

La consecuencia más importante de tu comportamiento es que tu productividad se verá afectada. Si vas retrasando una y otra vez las actividades que te desagradan (llamadas comerciales, entrega de informes,...) los proyectos se quedarán bloqueados siempre en el mismo punto y no avanzarás hacia la consecución de tus metas.

Uno de los defectos más habituales, y que suelo encontrar en los procesos de coaching, es una enorme diferencia en la respuesta que damos para compromisos con terceros o con una misma. Es muy común, más todavía en mujeres, que tendamos a cumplir con los plazos y actividades que nos llegan por parte de clientes, jefes o compañeros, pero sin embargo nuestro compromiso disminuye radicalmente cuando la beneficiada soy yo, cuando es algo para mi. Imaginaros el problema que se crea, sobre todo para las profesionales que comienzan a emprender un proyecto propio.

5 estrategias para superar la procrastinación:

¿Te sientes identificada, eres una procrastinadora? ¿Te gustaría hacer las cosas de forma diferente? Veamos estas 5 estrategias para ayudarte a conseguirlo...

1.     Ponte objetivos claros con fecha límite. Dedicar un tiempo para pararte a pensar en las cosas que realmente son importantes para ti, te puede ayudar a darte el empujón necesario para terminar de una vez esa actividad que llevas tiempo retrasando, pero que es imprescindible para conseguir tu meta. ¿Cuánto tiempo dedicas a reflexionar sobre tus actividades? ¿Tienes clara la diferencia entre importante y urgente? ¿Actúas de forma diferente si es para ti o para terceras personas? ¿Dejas lo tuyo siempre para lo último y sólo en el caso de que lo demás esté cerrado?

2.     Recompénsate. Si una de las dificultades es valorar más las recompensas a corto plazo que las futuras, por qué no jugar a nuestro favor? Identifica esas actividades que siempre dejas para el final y prométete a ti misma algo cada vez que lo consigas. ¿Qué cosas te motivan? ¿Qué te gustaría regalarte? ¿Cada cuánto te permites felicitarte por lo que haces con tanto esfuerzo?

3.     Chupito de cianuro para desayunar. Siempre que sea posible dedica el primer momento del día para esas actividades que más te desagrada hacer. Sentirás una sensación de superación contigo misma muy agradable y tendrás las pilas cargadas para todo lo que venga después. ¿Qué es lo que no quieres hacer? ¿Qué pasa si te lo quitas de encima en vez de arrastrarlo durante horas o incluso días?

4.     Desglosa la tarea en acciones concretas. A veces el problema no es tanto realizar algo concreto, si no comenzar con un proyecto grande por el que no sabes ni cómo empezar. En este caso dedica un tiempo a desglosarlo en objetivos manejables y concretos. En acciones fácilmente controlables que puedas realizar. ¿Tienes algún proyecto a gran escala en la cabeza? ¿Sólo pensar en ello te deja sin energías? ¿Sabes cuál es el primer paso que puedes dar? ¿Y el siguiente?

5.     Trabaja tu fuerza de voluntad todos los días. Igual que los músculos se ejercitan para fortalecerlos, la fuerza de voluntad también se trabaja a diario. Cuantas más veces hagas lo que "tienes que hacer" aunque no te apetezca, más fácil será que la próxima vez lo vuelvas a repetir. Es cuestión de cambiar un hábito por otro. Y en esto de los hábitos, no hay secretos. Hazlo una vez, y otra y otra, hasta que sea parte de ti.

Derechos de imagenes: Fotolia.

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Ana Apesteguía Armijo

Ana Apesteguía Armijo

Coach por ICF. Facilitadora de cambios y formadora, A3Coaching

Muchas gracias por tu comentario!
violeta murillo vega
Claro y conciso para poder llevar a cabo. Gracies
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