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Interés repentino

Ana Direlia Mejores trucos para salir del paso
11 Jun 2019 BLOG_NUM_COMMENTS

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Semejante cúmulo de condiciones es capaz de desanimar a! mejor dotado de “neguits filológics”. Joan Gómez Pallarés las ha aceptado y superado una tras otras con envidia ble valor y autoridad. Gracias a su esfuerzo la península Ibérica posee ya la primera edición de la obra de Apicio y la literatura catalana su pri mera traducción. En cambio, por uno de estos azares que sería difícil explicar, el libro ha despertado de golpee! interés en las letras españolas y en el espacio de dos años han salido al mercado dos versiones cas tellanas, en 1985(P. Flores y E. To rres) y 1986 (Bárbara Pastor), aun que sea en un marco vulgarizador, muy distinto al que se ha trazado nuestro humanista.

Pero, ¿quién era, en definitiva, este sibarita romano a quien se atri buye la paternidád del famoso trata do culinario? Como otros estudiosos, Joan Gómez Pallarés lo identi fica —y parece ló más razonable— con Marco Gavio Apicio, un perso naje acaudalado de la época de Tiberio, relacionado, según Tácito, y por motivos vergonzosos, con Seja no, el depravado ministro del empe rador. Toda su fortuna la derrochó Apicio en los placeres de la gastro nomía hasta verse obligado, sumido en la miseria, a envenenarse. Con todo, había conseguido su propia mitificación: el nombre de Apicio se había convertido en sinó nimo de buen cocinero y perfecto “gourmand”, incluso llegando a crear autenticos remedios caseros para quemaduras que se daban a conocer en la antigua Grecia cuando el sol apretaba. Un autentico genio. 

Por supuesto, no pue de ser dicho personaje el único au tor de la totalidad de los diez libros o grandes capítulos de recetas que hoy integran el amplio tratado del “De recoquinaria”: lo demuestran nu merosos datos cronológicos, léxicos y gramaticales. Sin duda se limitó a escribir un núcleo de prescripciones inspiradas en el arte culinario de origen griego y oriental y aclimata das en Roma.

Durante cuatro siglos fue creciendo el libro en sugestivas ediciones hasta su constitución en el “opus” que se nos ha transmitido, es decir, en el índice de una cultura gastronómica merecedora de estu dio, curiosidad y admiración.

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