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Tu hijo, tu espejo

LCoach Mas allá de las aulas
30 Jun 2015 BLOG_NUM_COMMENTS

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TU HIJO, TU ESPEJO.

"Un padre lleva a su hijo a jugar al fÚtbol. El niño está feliz, pero el padre se pone nervioso porque el hijo hay veces que se queda en el banquillo y cuando sale al campo no mete goles". Otro ejemplo, "tu hijo se empieza a morder las uñas o se le cae algo de las manos y eso hace que aflore en ti una fuerte emoción, te pones muy nervioso y empiezas a regañarle de forma exagerada".

¿Qué está pasando ahí? ¿Quién sufre, el hijo o el padre? ¿De quién es la frustración, del hijo o del padre?

Estos son ejemplos de las proyecciones que como padres hacemos constantemente en nuestros hijos.

La proyección es un mecanismo de defensa mediante el cual atribuimos a los otros lo que nos pertenece a nosotros mismos, de forma que aquello que percibimos en los demás es en realidad una proyección de algo que nos pertenece.

¿Qué proyectamos? Tanto lo bueno como lo malo, es decir, proyectamos nuestras expectativas, frustraciones, conflictos sin resolver, necesidades insatisfechas.... Pero también las cosas buenas, todos los aspectos bellos y sanos de nosotros mismos.

Por eso decimos que nuestros hijos son nuestros espejos, y si vemos algo en ellos que nos molesta o contrae, es que ese algo también está en nosotros.

Todos deseamos tener unas relaciones cariñosas y educativas con nuestros hijos, pero hay veces que logran sacarnos de nuestras casillas y nos sorprendemos actuando con una severidad que nunca habíamos sospechado.

¿Por qué nos ocurre esto?, porque hay momentos en los que las emociones asumen el control. Las relaciones entres padres e hijos hacen aflorar nuestros temas irresueltos.

Cuando nos convertimos en padres, nos somos un folio en blanco, sino que llevamos con nosotros muchas cuestiones del pasado que van a condicionar la educación que brindamos a nuestros hijos, son nuestras creencias, nuestros miedos, todas las asociaciones que ha hecho el cerebro sobre las experiencias vividas. Y ser padre nos da la gran oportunidad para ayudarnos a cerrar nuestros asuntos pendientes.

Os invitamos a revisar constantemente vuestras emociones, creencias y sensaciones en relación a vuestros hijos.

Abrazar lo que somos puede ser una tarea ardua y difícil al principio. Es un acto de valentía que al final hace que nos aceptemos y que con ello mejoremos nuestras relaciones. Es el inicio de un cambio en la relación con nuestros hijos.

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