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Adolescencia, el final de la infancia, cambios afectivos

LCoach Mas allá de las aulas
11 Dec 2017 BLOG_NUM_COMMENTS

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Mientras dura la transición entre el abandono de la forma infantil y dependiente y la aparición de un proyecto de vida personal, el adolescente se siente “en tierra de nadie”, algo que incluso los adultos que le rodean ratifican, ya que unas veces se les trata como niños y otras como adultos.

Durante este tiempo,  los jóvenes experimentan cambios en sus sentimientos y emociones. Viven por primera vez el amor sexualizado, el deseo de ser independientes junto con el miedo a la responsabilidad que ello conlleva. Sienten de una manera turbulenta y contradictoria: a veces están eufóricos y otras disfóricos, egoístas o altruistas, idealistas o melancólicos…

Sin embargo, la evolución de la afectividad adolescente debe enmarcarse en la normalidad en la mayoría de los casos, sin negar que durante esta etapa tengan lugar procesos de ajustes psicológicos y sociales.  

Cambios afectivos y de pensamiento

Responder a la pregunta “¿Y ahora, quién soy?” es una de las tareas más importantes del adolescente.

La identidad individual y adulta se irá desarrollando a medida que el sujeto vaya cambiando, se integre en nuevos grupos y asimile sus propios valores.

A partir de este momento, el adolescente se empieza a distanciar de su entorno familiar, no solo físicamente, sino también en lo que a pensamientos se refiere. Los razonamientos que hasta ahora no se cuestionaba, empiezan a ser pensados de una manera abstracta,   elaborando sus propias teorías cuya validez querrán comprobar en la realidad. Pasan de un razonamiento concreto basado en lo sensorial a un razonamiento de lo posible, donde predomina la inferencia mental a partir de los datos sensoriales. Es lo que llamamos pensamiento hipotético deductivo.

La mayoría de los adolescentes se plantearán las grandes cuestiones de la vida: el amor, los valores, la amistad, la muerte… creando así su propio desarrollo moral, que se apoyará en los modelos de su entorno. Es fundamental que los padres actúen con coherencia.

La intensidad de las nuevas emociones, las experiencias turbulentas y contradictorias generan inseguridad en la persona. El adolescente necesita apoyarse en un pensamiento racional y moral caracterizado por la intransigencia como forma de encontrar una seguridad perdida. Defiende sus ideas con intransigencia y exaltación, imaginando un mundo en el que la incomprensión y las injusticias no son posibles. A medida que el adolescente madure y aumente su seguridad interna, los pensamientos podrán ir evolucionando hacia planteamientos más flexibles y adaptados a cada caso.

El papel de los padres y de la sociedad en este momento es dotarles de oportunidades para expresar su opinión y vivir experiencias, fomentar su motivación y crearles curiosidad.

De esta manera, estaremos aumentando las posibilidades de su pensamiento. 

Laura 

www.lcoach.es

www.coachingconlaura.com

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