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La irónica soledad de las madres

Mireia Fornos Madre y trabajadora
12 Feb 2015 BLOG_NUM_COMMENTS

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Si lo decimos, lo hacemos flojito o no lo decimos, porque se supone que la felicidad que trae un hijo no puede causar este tipo de sentimientos, pero lo cierto es que la soledad es compañera de la maternidad. Y aunque nadie lo cuenta, mucho menos cuando estamos embarazadas; en algún momento después de ese encuentro inicial con nuestro bebé, una especie de desolación, nos toma por sorpresa: "¿Cómo me voy a sentir sola si acabo de traer un nuevo ser al mundo?" o "¿Cómo me voy a sentir sola si paso buena parte de mis 24 horas acompañada por una personita de tres años?" Una ironía, si se mira de lejos.

Yo me fijo en la cantidad de blogs o en redes sociales dedicados a la maternidad, para inferir que si estos espacios existen es porque hay una vacío. No en vano, en 2009, una encuesta on-line realizada a 1.321 madres en Estados Unidos arrojó que 80 % cree que no tiene suficientes amigos, 58 % se siente sola y 67 % de esas tienen hijos entre 0 y 5 años.  

Nuestros hijos son motivo de felicidad, pero la maternidad, sobre todo en los primeros años, es algo solitaria. Esto influye más, para aquellas mamás que han decidido dedicarse al hogar o que trabajamos desde casa, y que además de pasar el día atendiendo las continuas demandas de los niños tenemos poco contacto con otros adultos.

Sin embargo, quienes tienen horario de oficina, con frecuencia suelen sentirse marginadas por jefes o compañeros que les demandan mucho, y que no entienden su nueva realidad.

A mi me pasó al tener mi primera hija, ya que para mí el trabajo pasó a segundo plano, y mi hija era lo primero ante todo. Hasta que entendí, que debía buscar soluciones prácticas, o pedir a terceras personas ayuda, para no llegar tarde a mi trabajo o no ir, si la niña se ponía mala. Estube a punto de perder mi trabajo, por ser madre...por no querer dejar sola a mi hija, y por que otras personas no entendían que era durísimo para mi, dejar a mi primer bebé enfermo, solo sin su madre.

En ambos casos reunirnos con amigas –inclusive mamás– suele ser complicado por razones logísticas (salir con un bebé requiere planificación), de tiempo (obligaciones pendientes) o de intereses (la rutina de una madre variará además de acuerdo a la edad del hijo).

Hoy en día, el hecho de necesitar compartir con otras mamás experiencias, es más complicado por el tiempo, los espacios públicos y la dificultad de habla que nos surge a veces con otros seres humanos, y que es muy difícil recibir de la misma manera, a través de un ordenador. También es verdad, que antes las famílias eran mayores, y tias, hermanas, abuelas, primas se ayudaban mútuamente, y era más llevadero. Otro factor es que ahora se retrasa más la edad en la que somos mamás, y al retrasar la edad en que tenemos hijos, la salud o calidad de aquellos que en un momento podrían habernos acompañado, probablemente se ha visto comprometida.

Más allá de estas razones, existe otra de carácter emocional que es para mi fundamental: el peso que viene con la responsabilidad de proteger, nutrir, criar y educar a un nuevo ser. Y cuando escribo "peso" no lo hago con una connotación negativa, sino me refiero al espacio que ocupan los pensamientos sobre ese hijo en nuestra vida. Aunque estemos en el trabajo, o de paseo, o con otras personas, siempre habrá una parte del cerebro que se estará preguntando, "¿Estará bien? ¿Habrá comido? ¿ Le haré falta?" Y no estar completamente presente en el momento que se vive acentúa la soledad.

Aunque no es algo para lo que existe una solución fácil o inmediata confío en que a medida que los hijos crezcan, avancemos en el camino de la maternidad y seamos más conscientes de nuestras relaciones y experiencias, que nos haran sentirnos más "conectadas" con el mundo.

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