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Cómo tomar las decisiones correctas

Arancha de la Cámara Liderazgo e Innovación
30 Ene. 2015 0 comentarios

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Nuestras vidas y las empresas de las que formamos parte dependen de dos factores: la decisiones que tomamos y el entorno externo. En este artículo vamos a reflexionar sobre los principios que hay que tener en cuenta para tomar buenas decisiones, es decir, para poder actuar sobre aquellas circunstancias que nos suceden en la vida y sobre las que si tenemos posibilidad de influir.

Para tomar decisiones correctamente lo fundamental es conocernos bien a nosotros mismos: cuales son nuestros puntos débiles a la hora de decidir. Al conocer bien como pensamos, como decidimos, evitaremos los errores evitables y, sobre todo, podremos ir aprendiendo de los errores cometidos.

Es muy importante que tomemos conciencia de que nuestra historia personal es la historia de las decisiones que hemos ido tomando hasta ese momento - en el que hacemos la reflexión - y que nuestro futuro también será el resultado de las decisiones que tomemos hoy. Es decir, tomar decisiones es la actividad más importante que realizan las personas.

Es verdad que cuando tomamos una decisión, ésta va ligada a la posibilidad de error.  Muchas personas no toman decisiones por temor a equivocarse y dejan que las circunstancias decidan por ella. Ahora bien, hay que tener en cuenta que renunciar a la posibilidad de fracasar también supone una renuncia a la posibilidad de triunfar.

El éxito muchas veces es fruto del fracaso. Ahora bien, tenemos que ser conscientes de que el fracaso, desde mi punto de vista, es bueno si, y sólo si, sirve para obtener un aprendizaje que nos ayude a hacer las cosas de una forma distinta cuando se nos vuelva a presentar una situación similar. Por que el error por el error no sirve para nada más que para ponernos excusas y creer erróneamente que estamos haciendo algo para conseguir nuestro objetivo cuando en realidad no es cierto.

PRINCIPIOS PARA TOMAR BUENAS DECISIONES

El principal problema con el que solemos encontrarnos es que muchas veces andamos despistados sobre si la alternativa escogida es la adecuada o no para resolver el problema que tenemos.

La buena noticia es que podemos seguir una serie de principios que nos ayudarán a seguir un proceso correcto en la toma de decisiones. Estos principios no nos dictarán que alternativa debemos elegir pero si nos indicarán las características que tienen que tener las alternativas que escojamos para no equivocarnos. Es decir, son una especie de "check list" que deberemos verificar cada vez que vayamos a afrontar la toma de decisiones.

Ahora bien, tenerlos en cuenta no nos va a garantizar la decisión óptima, aunque si evitará que entremos en una espiral de errores sistemáticos.

Estos principios son los siguientes:

1.     Preocúpate por decidir bien más que por acertar. Decidir bien no es lo mismo que acertar. A veces decidimos correctamente y , sin embargo, son las circunstancias imprevisibles las que hacen que las cosas no salgan como habíamos pensado. Las decisiones son correctas o incorrectas en función de cómo se decidieron y pueden ser favorables o desfavorables en función de los resultados.

2.     Identifica claramente tus objetivos.  Debemos pensar bien que objetivos queremos lograr. Cuando confundimos objetivos secundarios con vitales, solemos tomar malas decisiones. Además de saber que es lo que queremos, es fundamental establecer y clarificar los criterios que nos permitirán decantarnos por una decisión u otra.  Es recomendable escribir dichos criterios y priorizarlos ya que algunos criterios tendrán más relevancia que otros a la hora de tomar la decisión más adecuada.

Por ejemplo, si tenemos que tomar una decisión para seleccionar entre dos ofertas de trabajo y nuestro criterio fundamental es el dinero, entonces seleccionaremos aquella oferta que nos proporcione mayores ingresos.

3.     Plantea los problemas de una forma realista. Debemos decidir sobre la base de hechos reales y nunca sobre opiniones. Un mismo problema se puede plantear desde distintos puntos de vista y la decisión que tomemos dependerá de cómo lo hemos planteado.

Muchas veces no nos planteamos los problemas de una forma adecuada y ponemos en el enunciado del problema una posible solución del mismo. El problema muchas veces es que cada uno tenemos una visión particular de la realidad conformada por nuestras experiencias. Debemos, por tanto, centrarnos en los hechos y no en la opiniones o interpretaciones de los hechos.

4.     No te autoengañes. Muchas veces nos engañamos a nosotros mismo buscando pretextos que justifiquen una decisión difícilmente justificable. La mejor manera de evitar este autoengaño es teniendo claro a que no puedes renunciar, por que si no, acabará haciéndolo.

Para evitar este autoengaño, una vez seleccionada una de las posibles alternativas, debemos buscar todos los argumentos que pudiesen mostrar que esa opción no es la  más conveniente. Una vez desmontados todos los argumentos, buscaremos las razones por  las que una alternativa diferente podría ser la más adecuada...y una vez desmontadas también estas razones...y solo entonces, podremos empezar a pensar que nuestra alterativa inicial es la más conveniente.

5.     Atiende únicamente a la información relevante. Es muy habitual que ignoremos las señales que nos llegan de la realidad cuando éstas son contrarias a nuestros intereses, lo que  nos dificulta la toma de decisiones ajustadas a la realidad.

Es muy importante ser conscientes de que la perspectiva desde la que vemos las cosas determina el tipo de información que obtenemos, por ello es conveniente analizar las distintas perspectivas de una misma situación para obtener más información.

Hasta que no se tiene el conocimiento del estado de la situación, no pueden tomarse decisiones adecuadas. A la hora de buscar información hay que preguntarse en primer lugar si la información que se está buscando tiene algún valor o no de cara a la decisión a tomar.  Debemos tener en cuenta que un exceso de información nos puede llevar a la "parálisis por análisis".

6.     Reconoce la incertidumbre y gestiónala. Una decisión casi siempre implica una incertidumbre, y querer evitar dicha incertidumbre puede acabar anulando la capacidad de tomar decisiones.

Ante una situación futura incierta, lo primero que haremos es suponer cual será el escenario más razonable.  El error puede darse si nos creemos que ese escenario es el que realmente va a haber y actuamos en consecuencia olvidando que las cosas podrían darse de un modo diferente al supuesto.

Reconocer la incertidumbre supone, por tanto, arriesgar. Por ello, quien no esté dispuesto a arriesgar no podrá tomar decisiones de calidad, o las que tome serán muy poco innovadoras. Además, en el contexto actual de continuo cambio, lo realmente arriesgado es no arriesgar.

7.     Se creativo y genera alternativas. Para poder decidir necesitamos tener alternativas. Sin ellas no hay elección posible. Por tanto, cuantas más alternativas haya, tendremos mayores posibilidades de elección para tomar una decisión.

La generación de alternativas ante una determinada situación se convierte en un elemento fundamental para tomar decisiones de calidad.  Cuantas más alternativas seas capaz de generar, mayores probabilidades tendrás de tomar una mejor decisión. Por tanto, la creatividad adquiere una importancia relevante en el proceso de toma de decisiones en la medida en que nos permitirá generar alternativas.

8.     Ten en cuenta que tus decisiones SIEMPRE tienen consecuencias.  Las decisiones que tomamos, siempre tienen unas consecuencias, las queramos o no, las hayamos previsto o no.  Por eso, antes de decidir es fundamental analizar las implicaciones que nuestras decisiones puedan tener. Si no lo hacemos, correremos el riesgo de que las consecuencias negativas de nuestras decisiones superen a los beneficios que pretendíamos alcanzar.

Por tanto, cuando vayamos a tomar una decisión tenemos que prestar atención a tres cosas:

-       ¿Se va a solucionar con esta decisión el problema que tenemos?

-       ¿Qué impacto tiene esta decisión en las personas a las que afecta?

-       ¿Qué impacto tiene esta decisión en mi?

Si tenemos en cuenta estos 3 aspectos veremos que ideas que nos podían parecer correctas no lo son ni mucho menos.

9.     Lo que decidas ponlo en práctica. Antes de tomar una decisión debes asegurarte que tienes los recursos mínimos necesarios para implantarla. No se trata únicamente de tomar decisiones, sino también de prestar atención a como vamos a ponerlas en práctica, porque de cómo se haga también dependerán los resultados. Para conseguir efectividad, a la decisión le tiene que seguir la acción.

10. Se consciente de que no todo es racionalidad. Teóricamente decidir de un modo racional es lo más adecuado. Pero el ser humano no es sólo racional. Incluso cuando intentamos ser racionales, los impulsos emocionales emergen.

El ser humano tiene sentimientos, por eso, con frecuencia, tomamos decisiones que no están basadas estrictamente en la razón.

Al final, decidir bien consiste en una combinación adecuada de razón e intuición. La intuición es muy útil si va acompañada de la razón. La intuición es un proceso casi instantáneo en el que intervienen las emociones y los afectos antes que la razón.

La intuición como sospecha es muy útil para generar alternativas. Para encontrar nuevos posibles modos de afrontar situaciones y proponer soluciones creativas y distintas a los problemas que nos enfrentamos. Pero esta sospecha requiere siempre de un análisis detallado para saber si tiene sentido  o no.

CONCLUSIONES FINALES

La mejor consecuencia de decidir bien es que cada vez estaremos en mejores condiciones para decidir mejor y al contrario, si estamos decidiendo mal, quizás estemos en peores condiciones para decidir la última vez.

Es decir, no olvidemos que no debemos juzgar la calidad de una decisión por los resultados, sino por el proceso que se ha seguido para tomar la decisión, ¿hemos seguido los principios básicos para tomar la decisión?. Si ha sido así, no desesperemos, los resultados acabarán llegando y se producirá el aprendizaje.

Fuentes consultadas:

-       Iceberg a la vista: Principios para tomar decisiones sin hundirse de Miguel Á. Ariño y Pablo Maella, Editorial Empresa activa.

-       El pequeño libro de las grandes decisiones de Mikael Krogerus y  Roman Tschäppeler. Editoral Alienta.

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