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Por qué un buen líder no es suficiente

Begoña Serra Lidera tu vida con Begoña Serra
10 Feb 2020 BLOG_NUM_COMMENTS

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Los cambios en el mercado laboral y los desafíos a los que tienen que enfrentarse los directivos del siglo XXI nos han llevado por apostar por un nuevo estilo de liderazgo horizontal que fomenta la autonomía de los trabajadores

Muchas empresas invierten tiempo y dinero en la formación de sus directivos para capacitarles en un estilo directivo enfocado en las personas y para ello trabajan aspectos de crecimiento personal, de comunicación asertiva, de gestión emocional, de cohesión y motivación de equipos y de resolución de conflictos. Todo ello orientado a potenciar los talentos y habilidades de sus trabajadores para que puedan desarrollar todo su potencial, para que sean personas autónomas y responsables, capaces de aportar sus opiniones y valor a la organización, de ser vreativas, de innovar, de gestionarse su tiempo, de tener iniciativa, de saber trabajar en equipo,...¿Pero los trabajadores están preprados para este cambio de paradigma?

Hemos pasado de una cultura empresarial en la que existía un jefe que mandaba y distribuía las tareas con unos trabajadores que las ejecutaban a una cultura empresarial en la que el lider motiva e inspira a un equipo que propone, que es creativo, que innova, que se tiene que autogestionar. Ya no hablamos de un grupo de trabajadores, ahora lo hacemos de un equipo.

Una organización está formada por personas que están acostumbradas a relacionarse y a actuar de determinada manera, haciendo que las respuestas sean predecibles y, por lo tanto, creando una sensación de control y de seguridad. En el estilo de liderazgo vertical, los trabajadores sabían perfectamente qué tareas tenían que cumplir y los roles estaban muy diferenciados. El jefe era el jefe y los trabajadores tenían que cumplitr con su horario y con las obligaciones encomendadas por lo cual recibían un salario. Los conflictos se resolvían desde dirección que ejercía su autoridad bajo el lema premio castigo.

Con la implementación del estilo de liderazgo horizontal, el trabajador deja de ser un simple ejecutor de tareas para ser parte de un equipo en el que se le piede y se valora su aportación, sus ideas, en el que se le pide que sea partícipe del proyecto empresarial, que coopere, que establezca sinergias, que aprenda a gestionarse su tiempo, que tome decisiones, que tenga iniciativa propia,... Porque todo eso son hablilidades valoradas y premiadas con la empresa. Al trabajador ya no le es suficiente con su formación académica sino que también tiene que tener toda una serie de habilidades personales y emocionales que no ha aprendido en su currículum académico.

De la misma manera que los estudios universitarios, postgrados y másteres no le sirven al directivo para un liderazgo efectivo, al trabajador se le queda corta su formación académica para dar respuesta a las nuevas demandas de la organización de la que forma parte.

Todas estas habilidades que se le demandan forman parte de un liderazgo personal basado en el autoconocimiento y la gestión emocional.

¿Por qué no es suficiente con formar al líder?

Partiendo de la premisa de que un líder es la persona que tiene que cohesionar, inspirar y motivar al equipo, siendo un referente para el mismo, podríamos pensar que con la formación del líder es suficiente para el buen funcionamiento de la organización y para que el desempeño del equipo. Si bien es cierto que la formación del directivo en liderazgo efectivo es una condición necesaria, no es suficiente porque el directivo no puede promover la autonomía, la cratividad, el trabajo en equipo, etc si el trabajador no está preparado para asumir esas nuevas funciones. 

Para conseguiir los resultados esperados de un liderazgo vertical tenemos que formar a ambas partes de la relación; a directivos y a trabajadores porque si no es como si "hablaran distintos idiomas". Me explico, no se le puede pedir a un trabajador que tenga autonomñia e iniciativa propia si no se le ha enseñado a tener un pensamiento crítico, una capacidad de análisis,... y todo ello requiere un proceso de autoconocimiento y un entrenamiento de habilidades totalmente nuevas para él.

Mi experiencia en distintas organizaciones, me ha demostrado que la implmentación de un liderazgo horizontal cuando sólo se ha formado al directivo conlleva muchas dificultades, malentendidos y tensiones que provocan que la eficiencia y productividad de la empresa se resientan. El trabajador se siente descolocado y perdido ante un directivo que le permite tomar decisionees, que no le marca una estructuración de su tiempo, que no premia y castiga, que le pide su opinión... Si el trabajador no está preparado para dar respuesta a estas nuevas demandas, lejos de sentirse motivado, se sentirá "abandonado a su suerte" y frustrado, llegando a perder la confianza en si mismo, lo que puede dar lugar a dinámicas disfuncionales, a la búsqueda de un reconocimiento negativo y a juegos psicológicos. 

Tengamos presente que el estilo de liderazgo vertical es directivo y en cierto modo paternalista, el jefe actúa desde el Estado del Yo Padre (Según el Análisis Transaccional) y el trabajador ejecuta desde el Estado del Yo Niño Sumiso, sin cuestionarse lo que le dicta el jefe. El cambio al estilo de liderazgo vertical apela directamente al Estado del Yo Adulto del trabajador, porque la relación es de Adulto-Adulto y este cambio de paradigma provoca un choque en la mentalidad del trabajador que no está acostumbrado a una relación de igual a igual y a potenciar su Estado del Yo Adulto que es en el que reside la autonomía y la responsabilidad que demanda un liderazgo vertical.

Por ello, en mis asesorías y formaciones siempre aconsejo que para que el liderazgo vertical realmente sea efectivo, se tiene que formar tanto a directivos como a trabajadrores para que ambos tengan un auténtico liderazgo personal, potenciando lla autonomía y responsabilidad de ambos.

Si quieres saber más, no dudes en contactar conmigo. Estaré encantada de escuchar tus necesidades y ver la formación que mejor se adapta a tu empresa.

¡Que pases una feliz semana!

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