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Hay vida más allá de los préstamos personales

Comparador HelpMyCash La portada financiera
30 Jan 2019 BLOG_NUM_COMMENTS

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Si en algún momento has necesitado financiación, seguramente lo primero que te haya venido a la mente haya sido solicitar un préstamo personal. No en vano, es el producto de financiación más conocido, pero ¿es siempre el más adecuado? Y, lo más importante, ¿el más barato? Veamos cuál es el mejor producto para cada tipo de cliente.

Para los que tienen grandes proyectos

Financiar una reforma, la compra de un coche o la universidad de los hijos requiere un desembolso importante. Los préstamos personales nos permiten conseguir importes que pueden llegar hasta los 100.000 euros a devolver en hasta ocho o diez años. Están indicados para financiar proyectos de gran envergadura, ya que, por un lado, permiten solicitar importes altos, algo a lo que no podemos aspirar con otros productos, y, segundo, porque se encuentran entre las opciones más baratas (de media su precio es inferior al de los preconcedidos, al de las líneas de crédito y al de las tarjetas).

Eso sí, tampoco sirven para cualquier cosa. Si buscamos inmediatez, en general no nos serán de mucha ayuda, salvo en casos concretos en los que las entidades son especialmente rápidas (algo más habitual en las entidades virtuales que en los bancos físicos) y si lo que necesitamos es financiar importes reducidos, por debajo de los 300 o 400 euros, tampoco.

Actualmente, la TAE media de los préstamos personales es del 8,07%, según el Banco de España, pero podemos encontrar préstamos con precios inferiores como el Crédito Proyecto de Cofidis desde el 5,07% TAE o el Préstamo Freedom+ de Banco Mediolanum al 7,23% TAE.

Para los que quieren dormir tranquilos

Las líneas de crédito son la red que nos puede impedir caer al vacío en caso de necesidad. Especialmente útiles para autónomos y pymes, con este vehículo de financiación disponemos de un capital que podemos usar cuando queramos o no usar nunca si no tenemos la necesidad; algo así como un cojín.

La diferencia con un préstamo es que con la línea de crédito solo se pagan intereses por el dinero que se usa. Además, se pueden realizar disposiciones a medida que se necesite el dinero, mientras que con un préstamo el capital total se entrega de golpe.

Así, por ejemplo, si solicitamos una línea de crédito de 2.000 euros y al cabo de dos meses necesitamos 300 euros para abonar la factura a unos proveedores, podremos retirar esa cantidad y solo tendremos que pagar intereses por ese dinero. Además, seguiremos teniendo disponibles los 1.700 euros restantes por si los necesitamos.

Generalmente, tienen un tipo de interés similar al de las tarjetas de crédito, de en torno al 21 o 22% TIN.

Para los que tienen imprevistos

En este apartado hay multitud de opciones. Podemos solicitar a nuestro banco un anticipo de nómina, que nos permite adelantar el importe de una o varias nóminas y devolverlo en uno o varios meses muchas veces sin intereses, pero con una comisión de apertura. Es una opción barata y muy rápida.

Otro producto que puede presumir de velocidad es el préstamo preconcedido. Al estar preautorizado, la entidad ya ha estudiado la solvencia del cliente y este lo único que tiene que hacer es aceptarlo para que el dinero se transfiera a su cuenta. Para saber si disponemos de un préstamo preconcedido, podemos acceder a nuestra banca online o acudir a una oficina. Su precio es superior al de los préstamos personales tradicionales, aunque puede ser inferior al de las tarjetas de crédito.

Precisamente, un clásico son las tarjetas de crédito, que bien podrían estar también en el apartado anterior, ya que simplemente son un rectángulo de plástico que nos permite llevar una línea de crédito en el bolsillo, con la ventaja de que para usarla basta con sacarla de la cartera. Financiar una compra o servicio con ellas cuesta de media un 21%.

La cuarta opción son los minicréditos. Son muy rápidos, pero también son caros; más que las tres opciones anteriores. Permiten solicitar importes de hasta unos mil euros a devolver en 30 o 60 días como máximo. Suelen tener un interés del 1% diario. Entonces ¿son la peor opción? Si tenemos en cuenta que son caros y que generalmente solo disponemos de un mes para reembolsarlos, no parecen la opción más adecuada, pero cuentan con la ventaja de que son muy rápidos, de que, por muy alto que sea el interés, si se piden cantidades bajas, las cuotas son asequibles y de que muchas compañías ofrecen el primer préstamo gratis a los nuevos clientes.

Para los ecologistas

Si queremos que nuestra vida sea lo más ecofriendly posible, los préstamos verdes pueden ayudarnos. Son préstamos personales al uso, pero están pensados para financiar proyectos sostenibles, como la adquisición de vehículos híbridos o eléctricos, la reforma de viviendas para mejorar su calificación energética o la inversión en proyectos verdes como la colocación de placas solares. Aunque de momento son pocos los bancos que ofrecen este servicio, algunos de los que sí lo hacen tienen tipos de interés muy atractivos. Por ejemplo, Cetelem comercializa un préstamo verde para la compra de un coche híbrido o eléctrico desde el 4,02% TAE, mientras que si se contrata un préstamo en la misma entidad para la compra de un vehículo corriente la TAE mínima es del 7,18%.

Para los alternativos

No todo pasa por los bancos. También podemos pedir financiación a un particular, aunque no lo conozcamos. Gracias a las plataformas de préstamos P2P, podemos conseguir que un grupo de inversores independientes invierta en nuestro proyecto. Ellos conseguirán un interés por prestarnos el dinero y nosotros conseguiremos financiación con un pecio acorde a nuestra solvencia, en ocasiones inferior al que nos ofrecería el banco. Los préstamos P2P pueden solicitarlos tanto particulares como autónomos y pymes y permiten conseguir cantidades elevadas de dinero.

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