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Así rebajan los impuestos la rentabilidad de tus depósitos

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18 Sep 2019 BLOG_NUM_COMMENTS

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Supongamos que hace un año contratamos un depósito por un importe de mil euros y una rentabilidad del 1%. El plazo acaba de vencer y el banco nos informa de que ha ingresado el principal más los intereses en nuestra cuenta corriente. Si nuestros cálculos no nos fallan, deberíamos haber ganado diez euros (el 1% de mil euros), pero, ¡sorpresa!, en nuestra cuenta corriente solo hay 8,1 euros en concepto de intereses. ¿Qué ha pasado con el resto? ¿El banco se ha equivocado? Lo cierto es que no: la diferencia entre lo que creíamos que íbamos a ganar y lo que realmente nos ha ingresado el banco se corresponde con los impuestos que se lleva Hacienda sobre las rentas del ahorro.

Si queremos calcular la rentabilidad de un plazo fijo, es decir, lo que ganaremos al vencimiento de la imposición, debemos tener en cuenta el importe invertido, la duración del contrato y el tipo de interés nominal. Por ejemplo, para un importe de 10.000 euros, una rentabilidad del 5% y un plazo de un año, las ganancias deberían ser, a priori, de 500 euros. Si los intereses se pagasen mensualmente en lugar de a vencimiento, bastaría con dividir las ganancias entre doce para saber cuánto nos correspondería cada mes.

Sin embargo, no basta con la información anterior para calcular el interés final de un plazo fijo. Nos falta un dato: los impuestos que deberemos abonar y que mermarán la rentabilidad del producto. En España, las rentas del ahorro se gravan por tramos: los primeros 6.000 euros tributan al 19% (el tipo impositivo más habitual), los siguientes 44.000 euros, al 21% y de 50.000 en adelante, al 23%. Es decir, que si un año obtenemos, por ejemplo, 10.000 euros en concepto de intereses, Hacienda nos reclamará el 19% de los primeros 6.000 euros y el 21% de los siguientes 4.000.

escalas del ahorro

Si el depósito es español, el banco practicará una retención automática del 19% en el momento de liquidar los intereses, por lo que en realidad la cantidad que finalmente recibiremos será menor de la que hayamos calculado. En el ejemplo anterior (un depósito de 10.000 euros al 5% a un año), las ganancias reales no serían de 500 euros, sino de 405, ya que Hacienda se quedaría 95 euros. Esa es la cifra que nos pagaría el banco, ya que él mismo se encarga de ingresar en las cuentas de la Administración el impuesto.

¿Qué ocurre si el depósito es extranjero?

Si, por el contrario, el depósito no es español, estaremos sujetos a los gravámenes del país en el que esté ubicado el banco. Es probable que si en el momento de la contratación informamos de que no somos residentes fiscales allí, sino en España, y adjuntamos un certificado de residencia fiscal, el banco no nos practique ninguna retención (dependerá de la legislación de cada país) y recibamos los intereses en bruto. Así que volviendo al ejemplo anterior, en este caso el banco sí nos ingresaría 500 euros.

Pero borremos la sonrisa de nuestra cara. Los impuestos los pagaremos igualmente, solo que en lugar de hacerlo el banco automáticamente, los tendremos que anotar nosotros a mano en la declaración de la renta. El resultado será el mismo: 95 euros para Hacienda, 405 para nosotros.

Si el banco extranjero sí nos practica una retención, entonces, para no pagar dos veces por la misma renta, deberemos informar en la declaración de la renta tanto de los intereses brutos percibidos en el extranjero como de la retención que nos hayan practicado.

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