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Descansa...

Maria Gomez del Pozuelo Historias de María
3 Aug 2018 BLOG_NUM_COMMENTS

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Huele a vacaciones, a mar, a playa, a río, montaña, pueblo, arena, árboles, helado, siesta, amigos, familia, niños, deporte, aperitivo, chiringuito…, a mí me huele a descanso.

No sé vosotras, pero yo lo necesito, como quien necesita alimentarse, como el que necesita beber después de mucha andadura, como el que necesita un abrazo para el consuelo, como el que necesita una medicina para curarse.

Además, este año voy a descansar un periodo largo, como dicen los especialistas que es lo sano; tres semanas seguidas para renovar las pilas después de meses y años de trabajo duro, muy retador y fascinante. También necesitamos poner distancia con las diferentes responsabilidades que tenemos, el ritmo delirante al que nos sometemos diariamente, y que nos lleva muchas veces a tener la sensación de que no paramos, no pensamos lo suficiente, no profundizamos… Nos hemos creído que el que más gana o más dinero genera, o el que tiene poder, es el protagonista de la película; a mí este mundo frenético, cada vez me produce más recelo.

Esta es una de las muchas cosas que no te cuentan cuando vas a emprender, que los primeros años tienes poco descanso, no porque no quieras, sino porque estás para todo y hay tanto que hacer y empujar que no te queda otra, y de verdad pienso que es un gran error. Sí, no parar y no descansar es un gran error.

Leyendo sobre estos temas y lo que significa el descanso me ha sorprendido averiguar, que no sólo se descansa en vacaciones, o en periodos concretos como los fines de semana, si no que hay diversas formas de conseguirlo y el que más descanso provoca es el descanso activo.

Cualquier cosa con la que uno disfrute: el deporte, andar, mirar, respirar, reír, estar con amigos, no hacer nada, especular, leer, ver la tele, dormir, ir a una conferencia a escuchar a alguien fabuloso, formarse, jugar a juegos de mesa, un concierto; cada cosa puede ser un descanso deliberado, y nos puede ayudar a reconocer y evitar caer en la trampa de una vida frenética y, a veces, sin sentido.

Como dice Alex Soojung-Kim Pang, en su libro Descansa:” El desafío que supone aprender a descansar mejor no lo asumimos para evitar el trabajo, sino para conseguir que ambas cosas encajen mejor. Lo que produce más resultados no es el esfuerzo constante, sino una forma de concentración constante, paciente y sosegada. Dedicarnos únicamente al trabajo y descuidar el descanso puede hacernos más productivos a corto plazo, pero nuestro ritmo de trabajo no será sostenible en el tiempo”.

El otro tema para mí casi inseparable del descanso es el desconectar de la tecnología. Mi trabajo me chifla, me llena tanto que para mí es muy complicado dejar de pensar en todos los retos e ilusiones que tenemos por delante, pero creo que necesito un “Detox Digital”, porque me da la sensación de que estoy secuestrada por lo digital. Aunque sean palabras mayores, hay que reconocer que tenemos un problema en este sentido, ya que algunos nos hemos vuelto unos adictos digitales.

Se llama desintoxicación digital al hecho de mantenerse fuera de las redes sociales, emails, uso de tablets y otros dispositivos con acceso a internet para lograr momentos de calma y desconexión de la infinita cantidad de información que llega por esos medios y que causa un estrés inédito en el cerebro humano.

¿Sabías que cada 4 minutos miramos el móvil?, eso son más de 150 veces al día, lo que nos lleva a interrumpir lo que estamos haciendo; y luego tardamos alrededor de un minuto en volvernos a concentrar, esto queridas mías, además de 150 minutos de concentración tirados por la borda y de dejar que sean otros los que dirijan nuestras acciones, no puede ser sano, vamos que no lo es. Si además le añadimos que lo primero que hacemos al despertarnos es mirar el móvil y lo último al ir a dormir, creo que no hace falta añadir mucho más.

A lo mejor cuando estés leyendo este post, yo estaré de camino a mis vacaciones, a mi descanso, disfrutando con los míos, sin prisa por llegar, empezando a relajarme, a no tener horarios, y dejar de lado muchas cosas.

Voy a intentar dormir mucho, ser lo más observadora posible, escuchar, disfrutar de cada momento y dejar todo lo que pueda de lado mi móvil, aunque me cueste lo iré silenciando para avanzar en mi camino al descanso. No solo estar físicamente presente, si no también psicológicamente y sentir que las personas que están conmigo son lo más importante en ese momento. Voy a intentar parar, sentir, disfrutar del aire que me da en la cara según avanzo, del sonido de las olas, de los árboles, de oler, mirar, dejarme llevar…

Desconectar poco a poco de mi intoxicación tecnológica y descansar riendo, comiendo, bebiendo, haciendo deporte, conversando y, sobre todo, dándome cuenta. También mimándome y mirándome para saber dónde estoy y donde quiero ir. Respirar cada vez más despacio y perder la noción del tiempo.

Como dice Amable Cima, profesor de Psicología de la Universidad CEU San Pablo, si no se tienen días de vacaciones, o los que se tienen no suponen verdaderamente un cambio respecto del periodo de trabajo, «el organismo no descansa, no marca un límite psicológico entre un antes y un después».

¡Felices y bien merecidas vacaciones!

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