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Inversión Socialmente Responsable y criterios ESG

Miguel José Balanyá Vidal Finanzas familiares. Soñar, planificar, conseguir.
30 Mar 2019 BLOG_NUM_COMMENTS

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Podemos entender la Inversión Socialmente Responsable (ISR) como la integración de factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG) en los procesos de inversión a largo plazo combinando el análisis fundamental y la evaluación de factores ESG para capturar mejor los retornos a largo plazo para los inversores y beneficiar a la sociedad al influir en el comportamiento de las empresas.

Los factores ESG cubren un amplio espectro de temas que tradicionalmente no forman parte del análisis financiero, pero que pueden tener relevancia financiera.

Entre ellos destacamos cómo las corporaciones responden al cambio climático, qué tan buenas son con la gestión del agua, cómo tratan a sus trabajadores, qué tan efectivas son sus políticas de salud y seguridad en el trabajo, cómo administran sus cadenas de suministro y si tienen una cultura corporativa de empresa que genere confianza y fomente la innovación.

La sostenibilidad es una gran preocupación para muchas personas hoy en día. La conciencia sobre la sostenibilidad está aumentando a todos los niveles exigiendo a las empresas una responsabilidad creciente no solo para generar una rentabilidad financiera sino para demostrar cómo están contribuyendo de forma positiva a la sociedad.

Lejos de ser una tendencia de moda, la ISR responde a una fuerte demanda que sin duda seguirá creciendo en los próximos años. Encuesta tras encuesta, los ciudadanos expresan su preocupación por estas cuestiones. Cada vez más inversores, en particular las mujeres y los inversores más jóvenes están interesados ​​en ver como los factores ESG se abordan en sus carteras.

Para muchos, su interés está basado en valores. Quieren invertir en empresas cuyas actividades reflejen sus preocupaciones de sostenibilidad. Para otros, incluidos muchos administradores de activos que ahora incorporan habitualmente los factores ESG en sus procesos de inversión, el interés se basa en el valor. 

Dado el creciente reconocimiento de que los problemas de sostenibilidad pueden afectar los resultados finales de una empresa, simplemente tiene sentido considerar los factores ESG en un proceso de inversión exhaustivo, especialmente con una perspectiva a largo plazo.

La historia de la inversión en ESG tiene su origen en enero de 2004 cuando el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, escribió a más de 50 directores ejecutivos de las principales instituciones financieras, invitándolos a participar en una iniciativa conjunta bajo los auspicios del Pacto Mundial de la ONU y con el apoyo del Corporate Finance Institute® (CFI) y el gobierno suizo. El objetivo de la iniciativa era encontrar formas de integrar los criterios ESG en los mercados de capital. 

Un año después, las conclusiones de esta iniciativa se plasmaban en un informe titulado "Who Cares Wins”. El informe señalaba que la incorporación de factores ambientales, sociales y de gobernabilidad en los mercados de capital tenía buen sentido comercial y conducía a mercados más sostenibles y mejores resultados para las sociedades.

Al mismo tiempo el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente - Iniciativa de Finanzas (UNEP FI) publicó el "Informe Freshfield", que demostraba como los problemas de ESG eran relevantes para la valoración financiera.

Estos dos informes sirvieron para establecer los Principios para la Inversión Responsable (PRI) publicados en la Bolsa de Nueva York en 2006 y el lanzamiento de la Iniciativa de la Bolsa de Valores Sostenibles (SSEI) el año siguiente. Todo este proceso condujo al establecimiento de los “Objetivos de Desarrollo Sostenible” en los acuerdos de Paris en 2015.

Por último en marzo de 2018, la Comisión Europea puso en marcha una iniciativa regulatoria con el nombre “Plan de Acción sobre Finanzas Sostenibles” con el objetivo de reorientar los flujos de capitales hacia una economía más sostenible, integrar la sostenibilidad en la gestión de riesgos y fomentar la transparencia en el sector financiero.

Los inversores institucionales con una visión a largo plazo, se juegan mucho con lo que ocurra en el mundo desde la perspectiva de la sostenibilidad. El impacto negativo del cambio climático es un factor que ya nadie deja de incorporar en sus previsiones, lo que influye claramente en sus mandatos fiduciarios.

En cuanto a los inversores particulares, se estima que el 15% de los inversionistas menores de 35 años probablemente rechacen una inversión si el fondo o la compañía participan en actividades cuestionables. Quieren saber el impacto concreto de sus inversiones Las preocupaciones éticas y ambientales juegan un papel central en sus decisiones. Los Millennials están cambiando no solo sus métodos de consumo sino también sus hábitos de ahorro e inversión.

Estos nuevos inversores socialmente responsables buscan invertir sus ahorros en productos financieros que no solo ofrezcan una rentabilidad financiera sino que además permitan obtener una serie de retornos sociales y han propiciado que las grandes gestoras de fondos como AXA IM, BlackRock, Fidelity o Pictect no solo incluyan criterios de exclusión en los procesos de selección de sus carteras sino que diseñen vehículos de inversión que consideran estas preocupaciones de manera integral considerando los impactos y los riesgos extra-financieros.

Por otra parte este desarrollo ha impulsado la creación de nuevas instituciones: las agencias de rating de sostenibilidad que operan como instrumentos de control, valoración y medición de la sostenibilidad corporativa.

Hoy en día, los asesores y gestores de activos, tenemos a nuestro alcance herramientas para seleccionar correctamente fondos y construir carteras con un claro perfil de sostenibilidad sin renunciar por ello a la rentabilidad. Tenemos un papel crucial que desempeñar influyendo en pro de un entorno sostenible e informando a los clientes sobre el impacto positivo de este estilo de gestión de carteras. 

De hecho, en el Plan de acción de la Comisión Europea para financiar un crecimiento sostenible de 2018 fija como cuarta acción a realizar el deber de los asesores financieros de incorporar la sostenibilidad al proporcionar asesoramiento incluyéndolo en las directivas MiFID II e IDD. Estos profesionales deberan preguntar sobre las preferencias de sus clientes (como los factores ambientales, sociales y de gobernabilidad) y tenerlos en cuenta al evaluar la gama de instrumentos financieros y productos de seguros que recomienden.

La combinación de conocimiento medioambiental, social y de gobierno corporativo con enfoques de inversión tradicionales, puede resultar en una mejor rentabilidad evitando la exposición a compañías o sectores que puedan ir en contra de los valores del inversor y alineando las inversiones con determinados objetivos utilizando baremos ESG para identificar riesgos y oportunidades, detectando oportunidades especificas (inversión temática) o buscando resultados tangibles (inversión de impacto)

La integración de los factores de ESG se utiliza para mejorar el análisis financiero tradicional identificando riesgos y oportunidades potenciales más allá de las valoraciones técnicas y proporcionando datos sobre temas tales como el riesgo de reputación o identificando aquellas empresas que mejor se están adaptando para enfrentar los nuevos desafíos del mercado.

La inclusión de estos criterios en todas las decisiones de inversión se convertirá en la práctica estándar. Las decisiones financieras no podrán separarse de los desafíos sociales y ambientales. Sostenibilidad y rentabilidad ya no son conceptos antagónicos sino que cada vez están más correlacionados.

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