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Ahorrar si, pero con objetivos. El Plan de ahorro.

Miguel José Balanyá Vidal Finanzas familiares. Soñar, planificar, conseguir.
6 Apr 2018 BLOG_NUM_COMMENTS

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Cuando hablo con amigos y me preguntan que es lo que hago, yo les comento que me dedico a ayudar a la gente a planificar su futuro, que nuestro objetivo es ayudar a las personas a crear patrimonio, consolidarlo y hacerlo crecer y protegerlo. La base de todo ello es la planificación financiera.

Con este post, voy a tratar de aportar aquellos aspectos que suponen el pilar básico de mi trabajo diario como consultor-planificador de finanzas familiares. He tratado de reunir y unificar distintos artículos sobre el tema y ampliarlos desde mi experiencia personal.

El término genérico de Plan de Ahorro hace referencia a algo tan sencillo y a la vez práctico como la planificación estructurada de nuestro hábito del ahorro. Supone por lo tanto ir un paso más allá del simple hecho de ir apartando cada mes algo de dinero para ahorrar.

12313815_10208170844497262_7219239086500648901_nLo primero que debemos hacer es tener un plan financiero, es decir, tener claro nuestros objetivos (para qué queremos ese dinero y en qué plazo), conocer nuestra situación de partida (qué tenemos) y tener una perspectiva de futuro (cuánto podremos generar y ahorrar en el plazo previsto).

Además, dado que la rentabilidad no se obtiene de una forma lineal, sino que las inversiones están sometidas a la volatilidad de los mercados, es importante tener claro nuestro horizonte temporal para, por ejemplo, evitar vender en un momento de caídas si no necesitamos ese capital hasta más adelante.

Es evidente que a lo largo de nuestra vida podemos encontrarnos con situaciones que nos obliguen a paralizar nuestro ahorro e incluso a tener que disponer de parte o todo del que hemos acumulado. Precisamente por eso es muy importante que, desde que comencemos nuestra vida laboral, sea la que sea, consideremos una pequeña cuota de nuestros ingresos como una obligación de ahorro. De esta manera será una parte más de nuestro presupuesto mensual y lo tendremos en cuenta como un gasto fijo obligatorio.

Una de la acepciones que la Real Academia Española da al término ahorrar es la de “guardar dinero como previsión para necesidades futuras”. Con la elaboración de un Plan de Ahorro conoceremos en todo momento las cantidades exactas que debemos reservar periódicamente y el destino que se le va a dar a las mismas.

En efecto, no será lo mismo apartar una cantidad variable y aleatoria de dinero cada mes en función del remanente disponible según los gastos, que tener totalmente definidos los importes que debo reservar mensualmente: 150€ para el plan de pensiones (largo plazo), otros 50€ para el fondo de emergencia (corto plazo), etc.

Disponiendo de un Plan de Ahorro se le da un sentido mucho más estricto a nuestro ahorro, respondiendo por norma general los importes que ahorramos a unas necesidades concretas que previamente hemos establecido nosotros mismos.

De este modo, con un Plan de Ahorro bien definido el eterno dilema de cuánto debemos ahorrar cada mes no da lugar, pues ya habremos definido perfectamente la cantidad a ahorrar cada mes en base a la cantidad estimada que deseamos tener a nuestra disposición en una fecha concreta. Un claro ejemplo de estos cálculos podría ser determinar la planificación financiera de nuestra jubilación en base a un plan de pensiones.

A la hora de definir un Plan de Ahorro personal es importante tener en cuenta los diferentes plazos para los que podemos precisar de esos ahorros que estamos acumulando, estableciendo de un mapa del ahorro a corto, medio y largo plazo, y tampoco debe obviarse la necesidad de encajar las diversas cantidades a ahorrar en nuestro presupuesto de gastos personal.

Debemos pues como primer paso determinar nuestra capacidad de ahorro. Y esta va a estar determinada fundamentalmente por dos vías: nuestros ingresos y nuestros gastos. Sobre los primeros habitualmente tendremos poco margen de maniobra. Sobre los segundos, una vez cubiertas las necesidades básicas, podremos actuar con más o menos rigor. Una vez tengamos bien definidos nuestros gastos podremos determinar nuestra capacidad de ahorro.

Una vez que hemos determinado cuánto podemos ahorrar y a qué queremos destinar ese ahorro, solo entonces, empezaremos a buscar qué herramientas pueden ayudarnos a cumplir con nuestros objetivos.

Antes de entrar a desarrollar nuestro viaje por el corto, medio y largo plazo, hay que tener claros tres conceptos que como ahorradores van a ser claves a la hora de elegir con qué vehículo hacerlo:

Liquidez: La entendemos como la capacidad que tienen los diferentes productos financieros para convertirse en dinero en efectivo de manera rápida y sin perder nada de su valor.

Riesgo: Hace referencia a la incertidumbre de que determinados productos financieros puedan sufrir una pérdida de rentabilidad que afecte a parte o incluso todo nuestro capital invertido.

Rentabilidad: Es la capacidad que tienen los productos financieros de obtener rendimientos.

Estos tres conceptos están siempre relacionados y nuestro perfil como ahorradores debe ser el factor que nos haga decidirnos por un producto u otro.

Con todo ello podemos comenzar por fin a diseñar nuestro mapa del ahorro

Para empezar a planificar debemos tener cubierto nuestro corto plazo, el de los imprevistos. Se trata de cubrir esas contingencias que pueden surgir y a las que nuestros ingresos mensuales no pueden hacer frente (arreglo coche, electrodomésticos, comienzo del curso escolar, vacaciones anuales,…). Para ello utilizaremos productos con total liquidez y mínimo riesgo, aunque la rentabilidad que nos proporcionen sea también mínima o nula.

Nuestro ahorro a medio plazo irá destinado a cubrir en primer lugar el llamado fondo de emergencia. Este ahorro es fundamental y sirve para garantizarnos que, en el caso de sufrir un imprevisto laboral o de salud, podamos seguir manteniendo el mismo ritmo de vida que hasta entonces. Podemos estimarlo en una cantidad que cubra entre 6 y 9 meses de nuestros gastos mensuales. En este caso utilizaremos también productos sin riesgo, buscaremos algo de rentabilidad y podremos también sacrificar liquidez.

Una vez cubierto el fondo de emergencia cubriremos otros proyectos a medio plazo como: estudio de los hijos, cambio de vehículo, remodelación de la casa, viaje especial o cualquier otro proyecto que podamos tener en mente. Para ello intentaremos conseguir algo de rentabilidad y, por tanto, en función de nuestro perfil, podemos también buscar productos con algo más de riesgo. En este caso la liquidez ya no es tan importante.

Por último, a largo plazo el ahorro irá destinado fundamentalmente a cubrir nuestra jubilación. Teniendo en cuenta la incertidumbre sobre las pensiones públicas, debemos tener bien planificado el ahorro para ese momento de nuestra vida. Buscaremos productos con mayor rentabilidad a costa de sacrificar la liquidez.

Así pues nos encontramos con una serie de objetivos con diferente plazo temporal y una gran opción de productos y herramientas financieras desde cuentas a la vista a Planes de Pensiones, PIASs, SIALPs, Unit Linked, seguros de ahorro-vida, fondos de inversión, etc.

No existe el producto perfecto que nos ayude a conseguir lo que ambicionamos, pero si podemos planificar, es decir configurar una cesta de herramientas financieras que de forma conjunta sirvan para que podamos alcanzar todos nuestros objetivos.

Aquí entra la figura del Consultor Objetivo Independiente. Un profesional que analiza los distintos productos existentes en el mercado, está al tanto de como los afectan las distintas normativas fiscales y nos ofrece las opciones que mejor se adaptan a nuestras necesidades.

Si quieres mas información sobre este tema, o una entrevista personal, no dudes en contactarme.

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