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Si somos un país infeliz, demos la vuelta a la tortilla

Elena Mayor Lozano Felicidad Personal y Bienestar Profesional
9 Mar. 2016 0 comentarios

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España es uno de los países más infelices de Europa. Es la conclusión a la que llega el Instituto Gallup tras encuestar a miles de personas en ciento cincuenta y cinco países entre 2005 y 2009. Y si miras a tu alrededor -la crisis, el paro, los políticos que padecemos, los problemas personales de cada uno- no puedes decir que no tiene razón... O no. Porque no siempre hemos sido así. Y ya sabes lo que dicen: de lo que fue siempre quedan rescoldos... ¿Por qué no intentamos de nuevo ser felices?

Primero, los datos: somos uno de los países más infelices de Europa. Estamos en el puesto número diecisiete -y, ojo, que tenemos por debajo a Grecia, que también tiene lo suyo... y Francia, entre otros- de veintiuno, y en el número cuarenta y tres en el ranking mundial. Esos son los resultados de una encuesta elaborada por Gallup entre 2005 y 2009 y que ha sido publicada por la revista Forbes. Encuesta que analizó el nivel de bienestar diario de miles de personas de un total de ciento cincuenta y cinco países, así como su satisfacción con la vida en general.

¿Quiénes son los primeros?, te estarás preguntando, aunque seguramente ya tengas una ligera intuición de por dónde van los tiros. Efectivamente, los países nórdicos, los de siempre. Y no es de extrañar: sus habitantes tienen las necesidades básicas cubiertas y cuentan con un respaldo estatal mucho mayor que el de otros países menos favorecidos. Y eso, a la larga, repercute en un mayor bienestar de todos sus ciudadanos. Igual que aquí, te estarás lamentando. Qué te vamos a contar...

Y un dato la mar de curioso que también resalta el estudio: el dinero no da la felicidad, pero ayuda a comprarla. «Se habrán quedado calvos», estarás pensando. Posiblemente, pero ojo a la conclusión del estudio de Gallup: países con una tasa de pobreza muy superiores a la de España figuran en puestos más felices. ¿Por qué? Porque la felicidad del día a día, la cotidiana, está marcada por otras cosas que no tienen que ver como el dinero.

¿Te has dado cuenta? Cosas del día a día. Unas cervezas con los amigos, las risas que surgen en la conversación, un beso, un abrazo inesperado de quien realmente te quiere, un paseo por ese lugar que tanto te gusta y que hace tiempo que no visitas, una puesta de sol, un amanecer, una copa de vino, aunque sea barato, acompañando la lectura de un buen libro, la risa de tu hijo, sus primeros pasos, sus primeras palabras, un hecho positivo...

¿Seguimos?

Hay tantas y tantas cosas que te hacen feliz... Y que tienes ahí, al alcance de tu mano, que son tuyas, fáciles de conseguir y que -lo acabas de leer- apenas cuestan dinero, o no suponen un gasto grave para tus bolsillos. Pequeños hechos, momentos, situaciones... Recuerda, echa la vista atrás, acuérdate de alguno, o bien coge el teléfono y convoca unas cañas con amigos, con aquellas personas que lleves tiempo sin ver, habla con ellas, ríete, reíros, dejad que el tiempo vuele sin ataduras...

Sé feliz. Siempre hemos sido un pueblo feliz a pesar de todo. De la crisis, del paro, de los políticos que padecemos y que siguen ahí, a lo suyo. Este país ha pasado por guerras, hambres, privaciones... E, incluso en esos momentos, siempre hubo un momento para esbozar una sonrisa que, después, se transformaba en una risa franca. Un instante de felicidad que valía por muchas privaciones.

Y eso nadie te lo puede ni podrá quitar nunca.

¿Quieres seguir siendo infeliz, como dicen las encuestas? Adelante, estás en tu derecho. Pero, créeme, para cuatro días que estamos aquí no merece la pena gastarlos así, sin permitirte una pequeña felicidad, por pequeña que sea.

Porque, al fin y al cabo, siempre será eso, felicidad.

Y si quieres comentarnos cualquier cosa, ya sabes que tienes abierto nuestro correo electrónico ;)

FUENTE: El Mundo.

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