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A menudo los hijos se nos parecen

Carme Padilla Familia S.A.
16 May. 2015 0 comentarios

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Dice Stephen Covey que "una de las verdaderas pruebas del liderazgo es la habilidad de reconocer un problema antes de que se convierta en una emergencia" y a la vez recuerda que "el líder demuestra su valía en la naturalidad con la que afronta y soluciona un problema". Lo ha escrito y lo ha dicho en multitud de ocasiones. Imagino que en su entorno es una de las ideas que más reconocerían en el autor, tanto es así que es la idea que planea en los libros y las charlas de su heredero Sean. Sean Covey es un gran conocedor de la psicología humana y ha encontrado su nicho de mercado en la adolescencia y en la niñez A los que no os suene el nombre, googlearlo y veréis, os recomiendo que lo leáis, pero "sin obsesionarse", que es la fórmula que él repite como un mantra, sobre todo ante los problemas e incertidumbres que aparecen en esa maravillosa etapa de la vida que es la adolescencia.

No me he propuesto hacer un post sobre la familia Covey, podéis encontrar incluso asignaturas en cursos universitarios sobre cualquiera de los dos. El hecho es que hace pocos días unos padres me pidieron consejo sobre si recomendar "Los 7 hábitos de los adolescentes altamente efectivos" a uno de sus hijos. Creo que he leído y escuchado todo lo que hay en la red sobre Sean Covey y, en un primer momento, dije sin pensar "por supuesto, es un clásico, un imprescindible" pero vi que estaba cayendo en el mismo error que siempre critico de estos libros de "autoayuda". No conozco a ese adolescente, no sé qué relación mantiene con sus padres ni sus padres con él. Después de una charla sobre adolescencia donde repito hasta la saciedad que cada hijo es único, cada adolescencia es única y cada padre es único, no podía rematar con un selfservice. No sé si Covey Jr. ha reflexionado sobre la aplicación del concepto de liderazgo que propone su padre a la familia, seguramente sí.

Nuestros hijos adolescentes son capaces de contestar cualquier pregunta respecto a su vida, la presente y la futura inmediata. Sólo tenemos que abonar el campo para ayudarles a hacerlo, sabemos que un síntoma de madurez que nos alerta de que se está llegando al final de la adolescencia es la capacidad de autoconocimiento y de seguridad en sí mismo. Cuanto más reflexionen sobre ellos mismos, se acepten y se quieran a pesar de sus limitaciones, más seguros se sentirán y antes llegarán a la edad adulta.

Es en ese caminar en el que debemos poner en práctica nuestro liderazgo como padres, nuestra destreza como compañeros de viaje seguros. Y aquí es donde me cuesta entender que Covey no dé más protagonismo a los padres. El líder sabe sacar lo mejor de los que le rodean, se pone al servicio de los demás, se maneja a la perfección en el win-win, alerta de los problemas y señala las soluciones, debate, comprende, empatiza...exactamente lo que hacemos los padres "altamente efectivos", con el permiso de Jr. La naturalidad con la que afronta los problemas un líder es el mejor símil de cómo afrontar la montaña rusa emocional de la adolescencia y sus daños colaterales en la familia.

La familia no deja de ser un equipo donde los colores de la camiseta se llevan con orgullo porque el sello de identidad, la marca, es el amor. Cuando uno de los miembros del equipo está en su mejor momento, lo celebramos con él, y cuando alguno se lesiona, lo sufrimos con él. No dejemos a nuestros hijos solos con un manual. A ser feliz, que es de lo que se trata, se aprende por ósmosis, se contagia, se vive. La autonomía y la responsabilidad son medios, no fines en sí mismos, para vivir en libertad, para conseguir el éxito que todo líder quiere para todos los miembros de su equipo.

Canta Serrat que "a menudo los hijos se nos parecen, y así nos dan la primera satisfacción". Sin duda, el parecido físico es de las cosas que más llaman la atención en un recién nacido, pero la frasecita "es igualito que..." mejor dejarla en la clínica. Considero que hay que ser militante de la autenticidad y de la originalidad y si pretendemos andar el camino de nuestros adolescentes poniéndonos de ejemplo fracasaremos, como fracasa el que gestiona el liderazgo (me niego a llamarle líder) contratando clones suyos, supeditados a tener un único criterio, un único discurso, una única forma de entender el negocio...de entender la vida, en definitiva. Esto que parece el gran reto –transmisión de valores para que ellos los hagan virtudes en sus propias vidas- es lo que hace que tener un adolescente en casa sea uno de los grandes tesoros de la familia y una oportunidad única de aprender, de mejorar como personas, como líderes. Ser espectadores, desde primera fila, del proceso por el que una persona deja de ser niño y se convierte en adulto, del proceso que más marcará su futuro. Cualquier líder nato daría lo que fuera por vivir ese proceso de crecimiento intelectual y personal de sus colaboradores más brillantes.

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