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Salir de la zona de confort en tiempos de crisis

FRANCISCO SANTOS Escuela de Negocios y Dirección
18 Dec 2014 BLOG_NUM_COMMENTS

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Como decía el filósofo griego Aristóteles el hombre es un "Zoon politikon", es decir, el hombre es un animal de naturaleza sociable. De igual manera, esa misma naturaleza le lleva a buscar el confort, de hecho ¿qué animal no lo haría?

Ante las elecciones que el día a día nos obliga a tomar el ser humano tiende a escoger aquellas que conoce, que sabe que le gustan, que controla o con las que se siente más cómodo. Y es que el confort genera dopamina lo que le transmite al cerebro la sensación de bienestar. La cuestión esencial a plantearse es ¿podemos quedarnos en la zona de confort de manera constante?

No. No sirve tanto en el caso de que estemos hablando de empresas como si hablamos de personas físicas. La innovación es el objetivo de las compañías, la vía que las llevará a ser competitivas y seguir produciendo beneficios. La innovación es cambio, si se siguen los procesos ya conocidos, las estrategias y técnicas utilizadas por nuestra competencia, ¿por qué el usuario nos va a elegir?

El problema se acentúa en tiempos de crisis. La mala salud económica que vivimos ha llevado a que muchas personas se encuentren sin trabajo. Personas que se plantean emprender, redirigir sus carreras o buscar la manera de aportar un valor diferencial que les destaque del resto de candidatos. Ante esta situación es conveniente preguntarnos: ¿cuál es mi zona de confort?, ¿me conviene salir de ella?

Uno de los convenientes de permanecer en la zona de confort es que nos ahorramos el miedo. En muchas ocasiones, no somos conscientes de hasta qué punto el miedo maneja las decisiones. El miedo produce en nuestro cerebro sustancias que conllevan la misma sensación que el dolor físico. El miedo es un factor que tendemos a intentar evitar.

Sin embargo, tanto el miedo como la zona de confort conllevan límites. Límites que nos pueden estar impidiendo avanzar e innovar. Un emprendedor con límites eleva su porcentaje de fracaso, una empresa con límites reduce su competitividad, una persona con límites pierde oportunidades. Pero, ¿cómo hacer frente a ese miedo?, ¿cuándo saber que el límite es un inconveniente?

El primer paso es ser consciente de cuál es nuestra zona de confort y cuáles son nuestros límites. Conocer su existencia permite una toma de decisión teniendo claras todas las posibilidades. Puedes tomar una decisión teniendo presente que existen esos factores que reducen las opciones.

Una vez que se es consciente el segundo paso es iniciar un proceso de preguntas:

¿Qué pierdo?

¿Qué gano?

¿Qué conlleva cada opción?

¿Cuáles son las probabilidades de éxito?

¿Puedo asumir el riesgo?

Otro agente que tiene que estar presente cuando tomemos la decisión es la certeza del error. En ocasiones se considera que si uno se mantiene en la zona de confort evita el fallo y eso es incorrecto. Es cierto que se reducen las probabilidades de error, pero no las elimina. Si esto es lo que frena nuestra decisión una forma de reducir los riesgos es el desarrollo de un buen análisis de mercado.

Una vez que salgas de la zona de confort habrá momentos en que cuestiones todo y no recuerdes por qué tomaste la decisión inicial. Por ello, es conveniente establecer una meta final y unos objetivos a corto plazo que te encaminen al principal. Tener clara la recompensa te ayudará a permanecer firme y unos objetivos a corto plazo harán la función de KPI´s aportando un doble beneficio: saber que estás siguiendo la dirección correcta para alcanzar el objetivo final y tener la sensación de recompensa y avance.

Por último, recomendamos contar con un buen sistema de apoyo. Este se convierte en una herramienta indispensable ya que se convertirán en el empujón necesario en los momentos en los que se desea desistir.

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