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LikeAGirl, El poder de lo femenino

Ana Correa Emprendiendo a vivir
26 Feb 2015 BLOG_NUM_COMMENTS

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Hace unas semanas recibí una notificación en mi cuenta de twitter porque había sido mencionada con el hashtag #LikeAGirl y entonces, me percaté de la movida que giraba en torno a un comercial del super bowl, que busca cambiar los estereotipos y devolverles a las jovencitas su confianza.

Tengo una hija de 11 años y la observo y veo su ímpetu arrollador, la confianza en su capacidad de hacer y de crear. Ella sabe y siente que ser mujer no representa ninguna desventaja. Mi hija quiere ser científica y reparar la capa de ozono.

Yo deseo que haga realidad sus sueños, todos sin excepción, sin excusas, sin miedo, sin frustraciones. Anhelo que decida sin culpa, sin dudas. Que viva su vida feliz, sin límites, volando alto, creando, siendo un ser humano útil.

¿Cómo puedo inspirar en mi hija la confianza de que no existen restricciones si yo misma vivo en inseguridad? ¿Acaso persuadirla de que en el mundo real las mujeres son discriminadas, destruirá su confianza?

Siento que me debo volar alto y vivir felíz, sin límites y sin miedo, por la sencilla razón que debo ser un referente en la vida de mi hija. Obviamente me lo debo a mi también, y a mi madre y a mis abuelas y a todas las mujeres y hombres que hicieron su parte para que yo tengo las facilidades que he tenido.

Los hijos viven y actúan de la manera en que vieron a sus padres vivir y actuar.

Ser mujer no es una desventaja, solo si uno mismo cree que lo es.

Yo estudié una carrera "de hombres", en la facultad de mecánica hace 20 años, no éramos más de 10 mujeres. ¿Discriminada? Nunca me sentí discriminada, al contrario. Cuando subí por primera vez a un equipo de perforación, el personal - tejanos, de aquellos que mastican tabaco, con espeso bigote y muy rudos - mencionó que las mujeres en el taladro traen mala suerte... lo tomamos todos, incluyéndome, como un comentario gracioso. Mastiqué tabaco con ellos, aunque hubiese preferido un cigarrillo. Nunca me he sentido discriminada por ser mujer, no he permitido que esos comentarios me afecten. Creo que la única que me ha discriminado ha sido mi madre, porque de niña no me dejaba jugar en la calle junto a mis hermanos y sus amigos, con el argumento de que las niñas no jugaban al fútbol y me mantenía en casa a su lado. La entiendo, esa fue la manera en que fue criada. Sin embargo, siempre ha sido quien me llena de valor cuando he enfrentado momentos demandantes, sin dudar nunca.

Hablar tanto de la inequidad equivale a crearnos barreras mentales, nosotras mismas. Pintar cucos y fantasmas donde no los hay. No quiero decir que no exista discriminación e inequidad, pero ¿hasta qué punto somos nosotras mismas, desde las familias, quienes creamos o reafirmamos esos obstáculos, boicoteando nuestros proyectos con falta de confianza y preparación, sintiéndonos vencidas antes de empezar a correr?

Mientras tanto se viene el 8 de marzo, otra fecha aprovechada para la venta de flores, porque San Valentín no es suficiente... Lo más contradictorio de este día de la mujer, es que los muros del Facebook se llenan de felicitaciones cruzadas entre mujeres que se saludan por ser mujeres, porque tal parece, necesitamos validar – valga la redundancia – que valemos. Quisiera que superáramos la necesidad de sentirnos mimadas cual princesas que no somos y nos hagamos cargo de la responsabilidad que tenemos. Así como mujeres valientes a través de la historia han roto prejuicios, nosotras les debemos lo mismo: Enfrentar obstáculos, más que con fuerza con astucia, y liberar nuestra mente en lugar de atar la de nuestras hijas. Emprender y crear negocios que den trabajo de calidad a mujeres, que reduzcan las brechas, autoemplearnos, y ser exitosas, entendiendo el éxito como la completa realización de nuestra esencia, en equilibrio, en paz y dichosas.

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