Los pre-propósitos

Noelia Estévez El rincón de pensar
16 Jan 2015 BLOG_NUM_COMMENTS

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Según el psicólogo organizacional Boyatzis (Goleman y Cherniss, 2005), existen tres razones por las que una persona querría cambiar:

  1. Aumentar su eficacia o su potencial de cara a un ascenso (objetivo profesional).
  2. Ser mejor persona (objetivo de crecimiento personal).
  3. Querer ayudar al desarrollo de los demás (objetivo de autorrealización).

El inicio de un nuevo año inspira a un gran número de personas a hacer "borrón y cuenta nueva" y fijarse propósitos  para ser mejor persona, aunque suelen ser los mismos propósitos de años anteriores y que seguramente tampoco se alcanzarán en el presente año. Es más fácil, sin embargo, cumplir con aquellos objetivos de tipo profesional y de autorrealización que generan un movimiento hacia la acción y el progreso.

Una de las razones por la que no cambiamos es porque a  nuestro cerebro no se le puede mentir. El hipocampo, centro de la memoria a largo plazo, es el guardián de nuestra historia lo que le hace distinguir entre lo que se quiere conseguir de lo que no. Propósitos como adelgazar, hacer deporte, tener más tiempo con familiares y amigos, etc. que son saboteados una y otra vez hablan de nuestra incoherencia entre lo que decimos y hacemos, algo que el cerebro resuelve orientándose hacia las verdaderas necesidades ocultas (sentirnos seguros, obtener reconocimiento, mantener la idea que tienen de nosotros los demás, etc.)

Por otro lado, para alcanzar cualquier propósito es necesario concretar un objetivo y estar comprometido para realizarlo, algo que suelen cumplir los desafíos de tipo profesional y de autorrealización. Si ahora mismo te pararas a pensar sobre cuáles han sido las mayores satisfacciones de tu vida, seguramente recordarás objetivos personales o profesionales en los que pusiste tu energía, tiempo y voluntad para lograrlos. Seguramente, recuerdarás con claridad qué es lo que querías y la sensación de confianza y motivación. Pero ¿qué sientes hoy respecto a tus propósitos para 2015? ¿Podrías decir con total seguridad que harás todo lo posible por cumplirlos?

En el libro la Práctica de la Inteligencia Emocional (1998) Daniel Goleman escribe que "La esencia del compromiso consiste en sintonizar nuestros objetivos con las metas de la organización, generando así un compromiso fuertemente emocional. Quienes estiman y abrazan las metas de una organización no sólo pueden efectuar un gran esfuerzo en nombre de ella, sino que también están dispuestos a realizar sacrificios personales cuando sea necesario".

Si trasladamos esta descripción a nuestra vida personal, cualquier propósito que nos fijemos debe guardar un vínculo emocional entre lo que queremos (metas) con un bienestar propio y el de los demás (organización interna y externa), teniendo en cuenta que esto requiere esfuerzo y voluntad.

Lo primero que sería conveniente cambiar es la idea que se tenga sobre el esfuerzo y el sacrificio. Nos podemos encontrar frases hechas como "Quien algo quiere, algo le cuesta" y en el otro extremo "Visualiza tus sueños para cumplirlos". Ambas tienen algo de cierto, pero son erróneas. Si observamos a las personas que admiramos nos daremos cuenta que son personas que se han esforzado en un campo determinado y además disfrutan porque creen en lo que hacen.  El actor Will Smith dice, por ejemplo, que su éxito consiste en trabajar cuando otros duermen y sentir pasión cada día por lo que hace...

Por otro lado, cómo nombramos nuestros objetivos determinará que los podamos cumplir o no. Si una persona dice que quiere adelgazar lo que está expresando es su lucha con la báscula. Tal vez antes de hablar de adelgazar habría que conocer cómo funcionan las grasas en el cuerpo, cómo afecta la inactividad, qué provocan las dietas continuas en la masa muscular, etc. para llegar a un término nuevo. El conocimiento aporta conciencia en nuestras metas, así como un nuevo valor donde adelgazar será una consecuencia de un proceso llamado salud.

Una vez que demos vida a nuestro propósito y alas, quitando términos que asfixian y con los que no nos comprometemos, el siguiente paso será ser coherentes entre lo que decimos y hacemos. Si somos capaces de mantener nuestra palabra seremos capaces de cumplir cualquier propósito.

Para poder ser coherentes, constantes y personas que generan confianza porque cumplen su palabra, hay que entrenar con metas muy pequeñas que se puedan alcanzar. Por ejemplo, no anular ninguna cita, ser puntual, abstenerse de comprometerse con aquello que cosas que pueden ser probables pero no 100% realizables o que nos harán quedar bien por decirlas ("nos vemos pronto, te llamaré, mañana te lo envío, etc."), etc. "La mejor manera de cumplir con la palabra es no darla jamás" (Napoleón)

Una vez que seamos capaces de poner límites y ser cada vez más confiables será el momento de fijarse metas un poco elevadas. Permítete ponerte propósitos que vayas a cumplir otro mes cualquiera de este año!

 

 

 

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