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Elizabeth Eidenbenz, sinónimo de inspiración y humanidad

Rosa Tarroja Profesora en La Casa Elizalde El Rincón de Elna. Reflexiones desde la ventana de los 40
14 Oct 2017 BLOG_NUM_COMMENTS

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    Es posible que algun@ lector@ se haya preguntado, aunque hasta ahora sólo he publicado dos posts, por qué elegí el nombre de El Rincón de Elna para mi blog. Bueno, de hecho ya lo he comentado varias veces en las redes sociales -Linkedin e Instagram, si no recuerdo mal-: su historia es para mí una maravillosa fuente de humanidad e inspiración, hasta el punto que, aunque resulte un tanto extraño visto desde fuera, Elizabeth Eidenbenz es la causa por la que he vuelto a escribir. Y, de hecho, tenía muy claro, cuando empecé mi página web - actualmente en construcción -, que habría una sección titulada "El Rincón de Elna". Sección que finalmente se ha transformado en este blog.
 

  Antes de continuar, pero, quisiera dejar una cuestión bien clara. Por ética como persona, - incipiente - bloguera y profesional/historiadora. Una cuestión que también he aclarado en las redes sociales. Bethli, como familiarmente se conocía a Elizabeth Eidenbenz, es y será para mí una de las fuentes de inspiración más poderosas que han influído, y sé que continuará haciéndolo, en mi vida. Pero la historiadora que descubrió su figura, realizó una investigación impecable sobre ella y posteriormente publicó su historia es Assumpta Montellà. Así que, si realmente estáis interesad@s en conocer en profundidad la historia de esta extraordinaria mujer, os recomiendo encarecidamente sus obras. La más conocida: "La Maternidad de Elna", pero también "Elizabeth Eidenbenz: la historia de la fundadora de la Maternidad de Elna". Yo voy a intentar transmitir a través de estas líneas la influencia  que la maestra y enfermera suiza ha ejercido en mí, tanto a nivel personal como profesional.
 

    Mi primer "contacto", por denominarlo de alguna manera, con la fundadora de la Maternidad de Elna se remonta a 2010. En aquella época, el Instituto de Educación de Mataró - comarca del Maresme, muy cerquita de Barcelona-, organizaba y programaba regularmente series de conferencias o monográficos sobre temáticas diversas dirigidos a público adulto. La coordinadora de estos ciclos y yo llevábamos en contacto dos o tres años para ver si podía impartir algún curso, pero, por diversas razones no fue hasta 2010 que tuvimos, por fin, la oportunidad de llevarlo a cabo en el mencionado Instituto.  
 

     Como yo ya había diseñado y realizado para grupos de adultos itinerarios literarios en Barcelona para la coordinadora, vimos desde un principio que la literatura debía estar presente en mi curso. Asimismo, yo había investigado y trabajado el tema de la Guerra Civil, tanto para el diseño de un itinerario específico para el Consorcio de Bibliotecas, como por el hecho de haber trabajado tres años en el Museo de Historia, ambas instituciones de Barcelona. Así se empezó a trazar: un curso que versara sobre literatura y Guerra Civil, que acabó titulándose: "La Guerra Civil en Cataluña a través de la Literatura". Se trataba de ir desgranando los episodios más relevantes de este período histórico a través de libros y/o novelas: así, "Homenaje a Cataluña", de George Orwell, o "Soldados de Salamina", de Javier Cercas. También incluí el duro y cruento exilio - que, asimismo, había trabajado en mi tesina -, y sobre este episodio supe de inmediato la lectura que trabajaría: "La Maternidad de Elna". 
 

    Ya había oído hablar de la obra, incluso sabía que en el Palau de la Virreina - Barcelona -, se había organizado una exposición sobre el tema. Elegí el estudio de Assumpta Montellà porque me pareció interesante aportar una visión del exilio desde la perspectiva de una mujer - que es lo que, de hecho, hice al decidir las lecturas: alternar puntos de vista masculinos y femeninos-, y también porque sabía que al ser Assumpta Montellà de Mataró, se habían realizado en esta localidad numerosos actos sobre Elizabeth Eidenbenz, con lo cual el público estaba ya familiarizado. Pero también estaba la otra cara de la moneda. ¿Qué pensaría mi público sobre una ponente a la que prácticamente no conocían?. ¿Qué podía aportar yo que no hubiera hecho ya Assumpta Montellà?. Así que decidí hacer lo que acostumbro cuando no conozco bien un tema: investigarlo e implicarme a fondo. 
 

    Antes de continuar, quisiera hacer un pequeño inciso. No esperéis encontrar en este artículo un análisis detallado de la Guerra Civil Española ni del exilio. Precisamente la idea de la coordinadora era ofrecer una visión diferente introduciendo la literatura. No soy una especialista en este período histórico, y, además, elegí a propósito las obras porque incluían numerosos testimonios, ya que considero que la historia oral es una fuente riquísima. Además, sabía por experiencia propia cómo puede llegar a ser de delicado tratar este período histórico - como cuando hacía visitas guiadas a los antiguos refugios antiaéreos de Barcelona, y más de una persona se había venido abajo ... había vivido los bombardeos... -. Por supuesto que yo puedo tener mi opinión, es muy difícil ser objetiva, y más, cuando te has formado en Historia e Historia del Arte. Pero "mi ventaja" es que soy hija de niños de la Guerra y la Postguerra ... ¡de ambos bandos!. De pequeñita estaba hecha un auténtico lío al oír a mis padres discutir acaloradamente, ¡no entendía nada!. Pero a medida que fuí creciendo, ingresé en la facultad, y empecé a estudiar y a formarme por mi cuenta - "¿qué les debió pasar, para que tantos años después hablen del tema?. ¿Y quién fue ese señor Franco por el que mis papás discten tanto?", me preguntaba de niña llena de perplejidad y absoluta inocencia-, empecé a fusionar sus historias, sus experiencias, sus cargas emocionales, y, sinceramente, hoy puedo afirmar que me ayudó mucho este proceso. Como hija, persona y profesional. 
 

  Titulé la conferencia "El exilio desde la perspectiva de Assumpta Montellà: la Maternidad de Elna", tras encerrarme en casa varias semanas leyendo con sumo detalle tanto la obra de la historiadora de Mataró como diversos ensayos que recopilé tanto de diversas bibliotecas como del material que ya tenía en casa. Pero al empezar a leer la historia de Elna ... no sé exactamente cómo explicarlo con palabras ... la historia se fue apoderando de mí. Tanto, que ya al final elegía expresamente las horas que sabía que estaría sola en casa para disfrutar de su lectura. Bien, quizá el término exacto no sea "disfrutar". Necesitaba estar sola para emocionarme, llorar según los capítulos ... era como si yo fuera una de aquellas mujeres rescatadas de los campos de concentración para refugiados exiliados que se habilitaron en las playas del sur de Francia. Como si pudiera sentir su desesperación, su desaliento, su impotencia. Como si yo misma estuviera embarazada, y, aunque feliz, no cesaba de preguntarme cómo sacaría adelante a mi futuro bebé en aquel entorno tan hostil. Y entonces, aparece una jovencita de veintipocos años de la que por lo visto se comenta en los campos que ayuda a las mujeres embarazadas y con niños pequeños, y las traslada a una gran casa en la localidad de Elna con todo tipo de comodidades, atenciones, buena comida ... Para todas aquellas mujeres conseguir que Elizabeth Eidenbenz las trasladara a la Maternidad era, probablemente, el primer brote de esperanza que sentían en mucho, muchísimo tiempo. 
 

   Quizá influyó que hacía pocos meses había fallecido mi suegro, mi segundo padre, otro niño de la guerra con el cual - como hacía con mi propio padre - solíamos hablar de sus vivencias de aquella época, que nos gustaba contrastar con mi trabajo en el Museo de Historia de Barcelona. O que en aquella época ya nos estábamos planteando aumentar la familia y me sentía especialmente sensible hacia todo lo referido a la maternidad.

  Visto en perspectiva, quizá aquello que me impactó más fueron las cualidades, las virtudes, de Elizabeth Eidenbenz: su integridad, su coraje en aquellos tiempos tan difíciles - llegó a enfrentarse a la Gestapo en diversas ocasiones arriesgando su propia vida por alojar a mujeres judías con sus hijos en la Maternidad -, su altruismo, pero posiblemente, por encima de todo, su humildad. Assumpta Montellà, que tuvo la maravillosa oportunidad de conocerla personalmente y conversar con ella en diversas ocasiones, le preguntó una vez si era consciente de la extraordinaria labor humanitaria que llevó a cabo, de haber salvado la vida a casi 600 niños de los campos. Por lo visto, su respuesta fue muy escueta: "Eran tiempos difíciles, de guerra. Hice lo que se debía hacer". 
 

   No quisiera desvelar en detalle las obras de Assumpta Montellà por si algun@ de l@s lectores se anima a leerlas, pero sí apuntaré un detalle. Elizabeth Eidenbenz ya había estado de voluntaria ayudando en la España arrasada por los bombardeos ayudando a niños huérfanos. Tras un período agotador, regresó a su hogar en Suiza con su familia, pero no permaneció mucho tiempo allí. Al conocer el estado de los exiliados en los campos de refugiados en el sur de Francia, y aunque ya había empezado la Segunda Guerra Mundial, no lo dudó un momento. Podría haberse quedado perfectamente con su familia, en un país neutral, a salvo y con todo tipo de comodidades, y en cambió elegió volver a Francia. Sí, su integridad me caló profundamente. Recordemos que en 2010 ya había empezado la crisis,y, como siempre dice mi madre, no sólo fue - ¿lo es?. ¿Lo sigue siendo?!?!?!? - económica, sino también moral, de valores. Una parte de mi mundo, de personas con las que había mantenido una estrecha amistad durante años, se estaba derrumbando ... creo que necesitaba un referente de que todavía existía la integridad, tanto a nivel social, laboral, personal y de salud - en aquella época ya me había sometido a mi primera operación de espalda -.
 

      Siempre, exceptuando muy puntuales ocasiones, disfruto mucho tanto preparando mis clases como impartiéndolas. También es cierto que hay determinados cursos, clases y visitas culturales que me han llenado de una satisfacción que yo diría que sólo aquel que se dedica a la docencia por vocación conoce. La conferencia / charla sobre la Maternidad de Elna en Mataró fue una de ellas, uno de - si me permitís la comparación - "mis momentos profesor Keating". Era la última clase del ciclo, y ya me habían comunicado que no volvería el año siguiente, aunque todo tiene su parte positiva: volví a mi querida Casa Elizalde. Así que, temario aparte, preparé un Power Point seleccionando cuidadosamente las imágenes, y acompañándolo con textos que habíamos comentado a lo largo del monográfico, otros míos y música. Un auténtico montaje - que no hubiera sido posible sin mi marido ... apunte romántico donde los haya, lo sé : ) - para despedirme de un público realmente encantador. 

     Tras impartir las pertinentes explicaciones, pedí al técnico que apagara las luces y puse en marcha, acompañado de la música, el Power Point. Pedí, asimismo, a los asistentes, que se dejaran llevar por las imágenes y la música, sin pensar en nada más. Al principio, mi mano estaba más que firme al ir pasando las imágenes. Pero a medida que avanzaba el montaje, me empecé a emocionar hasta el punto que se me humedecieron los ojos. Una de las asistentes, con la que habíamos coincidido en varios itinerarios, se acercó a mí al acabar, cuando por fin pude encender el micrófono y se volvieron a encender las luces. "¡Pensábamos que serías incapaz de hablar, te temblaba la mano!. ¿Que has tenido familiares que vivieron la guerra?", me preguntó. "Sí", le contesté. "Mi padre, que murió hace cuatro años, mi madre y mi suegro, que murió hace unos meses. Pero es como si Elizabeth Eidenbenz hubiera aportado luz a estos duelos". 

   Más que la remuneración del monográfico, más que el hecho de que me aplaudieran, el recuerdo más entrañable que conservo de mi charla sobre Bethli fue, no sólo el haber escubierto su figura, sino la reacción del público. Mi mejor amiga, cuyos horarios entre semana son de locos, acudió a escucharme junto a su madre. Mientras recogía mis cosas y la gente se me acercaba para despedirse, vinieron ambas y mi amiga y yo nos abrazamos. "No podía evitar imaginarme a la peque - su hija, mi ahijada -, en los campos, y eso me partía el corazón", le dije. Le dí las gracias de corazón por el esfuerzo que había hecho por venir y nos despedimos. Cuál fue mi sorpresa al día siguiente al encontrarme en mi bandeja de entrada un mail suyo diciéndome que su madre había ido a la biblioteca a buscar "La Maternidad de Elna", y que estaban pensando en preparar un viaje a la mencionada localidad francesa. Otra chica me preguntó si ya sabía sobre qué trataría mi monográfico del próximo curso, y yo le respondí que, aunque había presentado varias propuestas, no volvería. Me miró muy cariñosa y me dijo "pero siempre te quedará esto. Mira las reacciones de la gente". 

   Aproximadamente un mes después de impartir el monográfico, estaba en mi despacho - de casa - trabajando cuando entró mi marido y me dijo: "Mira, acabo de leer en el periódico que ha muerto Elizabeth Eidenbenz".Tenía unos 95 años, si no recuerdo mal. Me volví a emocionar, no recuerdo incluso si lloré. Pero lo que sí memorizo como si hubiera ocurrido ayer es que me fui directa a Facebook - en aquella época había una página que la proponía para el premio Nobel de la Paz - y dejé unas líneas, algo así como "Querida Elizabeth, descansa tranquila, somos much@s l@s que nos encargaremos de perpetuar tu legado". 
 

Elizabeth Eidenbenz no recibió el Nobel de la Paz - no sé si es posible concederlo a título póstumo -, pero sí numerosos reconocimientos y premios en vida y a posteriori: Cataluña, Francia, Israel .... Como anécdota, aunque probablemente la encontraréis en Internet, comentar que desde entonces son muchas las familias que han puesto Elna a sus hijas, hasta el punto que, una vez al año, en el Palau de la Virreina de Barcelona, se organizan las llamadas "trobades de les petites Elnes" - "encuentros de las pequeñas Elnas" -. Hará aproximadamente varias semanas, la 1 de TVE emitió el film "la luz de Elna", cuyo link / tráiler os dejo en este post. 

    Desde entonces, no he dejado de escribir sobre ella siempre que he podido, y, en un rinconcito de mi despacho, espacio al que denomino "Rincón de la Motivación", tengo colgada una foto suya. Se ha convertido en parte de mi vida, y, en los momentos más duros - especialmente estos últimos años, como explicaré en mi siguiente post -, siempre es mi velita de inspiración, humanidad, esperanza e integridad ... que tanto necesitamos en estos tiempos. 


 



 

  

   

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