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Definir el rumbo como primer paso

Paloma Romero El nombre de todas las cosas
25 Feb 2015 BLOG_NUM_COMMENTS

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A la hora de ponerle nombre a las cosas hay que concretar hacia donde vamos. El rumbo, que marcará la pauta.

De nada sirve entrar en un taxi y empezar a decirle donde NO quieres que te lleve, " buenos días señor, por favor no me lleve a plaza de castilla, no me lleve a la calle Velázquez, no me lleve al paseo del prado, no me lleve a la calle huertas..."

Posiblemente el taxista nos diga  "muy bien señora, pero el taxímetro está corriendo y no nos hemos movido. Para ir avanzando, ¿hacia donde quiere usted ir? Aunque no me diga la calle exacta".

La identificación del rumbo nos hace definir  el sentido de nuestra marcha, aunque no seamos capaces de poder concretar.

Si en nuestra búsqueda ni siquiera somos capaces de definir el rumbo (norte, sur, este u oeste) juguemos al descarte, digamos donde no queremos ir abarcando amplias zonas, no quiero ir a Chamberí, no quiero ir a Montecarmelo, no quiero salir de Madrid ... seamos capaces de identificar claramente donde no queremos ir  de forma global.

La identificación de los "noes" en tu carrera o en tu vida es mucho mas sencillo que la identificación de los "síes". Como cuando entras en una fiesta, identificar el chico que te gusta es complicado en un principio. Lo que está muy claro, y es muy rápido,  es saber quien no te gusta.

Antonio Machado definió perfectamente la ausencia de rumbo y cómo éste va apareciendo "Caminante no hay camino, se hace camino al andar..."  el rumbo no está claro muchas veces, y como en el taxi, si no nos ponemos en camino el taxímetro va corriendo pero no nos movemos, la vida va pasando y no avanzamos.

Nuestro mayor miedo en la ausencia de rumbo es dar pasos inseguros, la ausencia de camino no quiere decir que no esté, solo quiere decir que no lo vemos, y solo con ponernos a andar hacemos el camino, tomamos rumbo.

Andar sin rumbo a veces tiene mucho sentido, decirle al taxista "arranque y le voy diciendo", así vemos la vida, el movimiento de otros, nos chocamos con otros caminantes, otros rumbos, nos damos cuenta que no estamos solos....

La ausencia de movimiento nos lleva a la soledad, a que el taxi se quede sin gasolina sin haberse movido,  nos quedemos sin fondos y nos tengamos que hacer amigo del taxista de forma obligatoria. Posiblemente nos pongan una multa por no avanzar con el coche en marcha o, lo que es peor, que provoquemos un colapso en la calle, interrumpiendo otros taxis, otros rumbos de personas que van a nuestro lado y que cuentan con que nos movamos para ellos poder salir.

Todos tenemos un rumbo, una meta, un destino, un camino, una dirección, un fin, y éste no está en donde estamos ahora, en este mismo momento, está al final de la carrera del taxi en el que vamos, aunque no seamos capaces de definirlo...

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