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COMERCIO INTERNACIONAL: EVOLUCIÓN Y TENDENCIAS FUTURAS

Elena Orte Tudela El mundo nunca es suficiente
10 Feb 2015 BLOG_NUM_COMMENTS

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Dicen los expertos que este año 2015 presenta un panorama económico que se debate entre la recuperación y la prudencia. Las proyecciones del Banco Mundial muestran que la economía global crecerá en torno al 3% durante este año, valor que se sitúa ligeramente por encima del ejercicio anterior (2,6%). Mientras tanto, se prevé que las economías en desarrollo crezcan un 4,8%.

Por otra parte, la organización mundial del comercio, prevé para este 2015 que el comercio internacional registre un aumento del 5,3% respecto al ejercicio anterior (4,7%). Sin embargo, echando la vista atrás, en los últimos 30 años, el comercio mundial de mercancías y de servicios comerciales han aumentado a un ritmo medio anual de alrededor del 7%. Parece ser que este crecimiento tan "moderado" se debe al aumento del consumo y a la especial atención que están ofreciendo las empresas en sus mercados domésticos. ¿Estamos volviendo a la regionalización? Hagamos un poco de historia antes de contestar. (Datos del Informe sobre el Comercio Mundial 2013 de la Organización Mundial del Comercio)

La revolución industrial fue sin duda el principal motor de desarrollo del sistema de comercio del mundo moderno. Los avances tecnológicos en los sectores del transporte y las telecomunicaciones permitieron e impulsaron el auge del comercio internacional. Su enorme expansión durante el siglo XIX permitió a los países especializarse en los productos en que eran más rentables y así acelerar la división internacional del trabajo. Aunque ahora nos suene extraño, la entrada masiva de productos manufacturados de productos europeos, especialmente en el textil, marcó la desindustrialización del mundo en desarrollo. La destrucción de la industria textil India es quizás el ejemplo más destacado pero China, América Latina y Oriente Medio experimentaron un proceso similar.

El espectacular crecimiento de la integración económica internacional en el siglo XIX descansaba en unos cimientos políticos internacionales relativamente sencillos. Su pilar fundamental era el patrón oro internacional y durante este periodo los países europeos comenzaron a tejer una tupida red de acuerdos comerciales bilaterales que, sin duda, sentaron la base de nuestro actual sistema. El Reino Unido, como gran potencia dominante durante buena parte del siglo utilizó su influencia para configurar una economía internacional que potenciaba al máximo las corrientes liberales de comercio e inversión. Sin embargo, esta primera era de la globalización estaba ya en retroceso cuando la Primera Guerra Mundial le asestó el golpe definitivo. El comercio sufrió importantes perturbaciones, el patrón oro se hundió, los controles y restricciones económicas se generalizaron y Europa, que había sido el centro de la economía mundial quedó devastada.

La falta de liderazgo y cooperación económicas mundiales fue el mayor obstáculo para la recuperación en el período de entreguerras pero la raíz del problema era la ausencia de un estado suficientemente poderoso para liderar el sistema, financiar un plan de recuperación viable y restablecer la estabilidad y la confianza internacionales. Aunque en los años 20 se hicieron algunos avances en el intento de restablecer el orden económico anterior a 1914, la Gran Depresión asestó un golpe devastador que propició la inestabilidad política y, finalmente, el estallido de la Segunda Guerra Mundial. EEUU, que había tomado buena nota de la lección extraída del período de entreguerras, decidió utilizar su posición hegemónica en el mundo de postguerra para construir un nuevo orden económico liberal basado en la apertura comercial, la estabilidad financiera y la integración económica. Se crearon entonces el FMI, el Banco Mundial y finalmente, tras algún tropiezo, la Organización Mundial del Comercio. Igualmente, los avances tecnológicos continuaron imparables en los sectores del transporte y las comunicaciones. De hecho, el crecimiento de la economía mundial fue más rápido entre 1950 y 1973 que antes de 1914 y su alcance geográfico fue mucho mayor.

Una de las características principales de esta segunda era de la globalización es el auge de las empresas internacionales y el extraordinario aumento de la inversión extranjera directa. El desarrollo de internet y la economía digital también han impulsado el comercio y han permitido la creciente interconexión de los procesos de producción entre distintos países, con la especialización de cada país en determinadas fases de la producción de un producto.

Un cambio mucho más destacado es la aparición de nuevas potencias económicas. Si en la primera era se produjo la desindustrialización de los países en desarrollo y la industrialización de los más desarrollados, en la segunda se ha invertido esta situación. China, en particular, se ha convertido en el mayor exportador del mundo mientras que países desarrollados como EEUU y Japón han visto disminuir su participación en las exportaciones mundiales desde 1980.

Sin embargo, el análisis de la gran cantidad de datos de que se dispone hoy en día muestra un resultado claro: el comercio actual está impulsado principalmente por unas pocas grandes empresas comerciales internacionales. En la mayoría de economías, tanto desarrolladas como en desarrollo, la participación de las empresas en las actividades de exportación es muy escasa. Si tomamos por ejemplo el caso de EEUU sorprende comprobar que el 1% de los exportadores principales representa más del 80% de las exportaciones totales del país y el 10% de los exportadores principales exportan más del 96% de las exportaciones totales.

Los excepcionales resultados de los exportadores nos llevan a preguntarnos si ya son mejores antes de empezar a exportar o si es la actividad exportadora la que propicia un aumento de su productividad. Muchos estudios confirman que la productividad elevada precede a la entrada en los mercados de exportación, entre otras cosas por el elevado costo de entrada en los mercados extranjeros. En cambio no hay apenas pruebas del "aprendizaje por medio de la exportación". Sí hay, sin embargo, datos que muestran que las empresas que entran en los mercados internacionales crecen más velozmente que las no exportadoras en lo que respecta al empleo y a la producción.

En lo que se refiere a la estructura del comercio en el futuro, las simulaciones de la economía y el comercio mundial en los próximos decenios permiten establecer varias conclusiones:

- El ascenso de los países en desarrollo se mantendrá y esos países comerciarán cada vez más entre sí.

- Los servicios ganarán peso en el comercio mundial prácticamente en todos los países.

- Pese a la tendencia actual a la vuelta a la regionalización del comercio, es poco probable que las relaciones comerciales multilaterales pierdan importancia, de hecho podrían aumentar de forma significativa.

- El comercio y la inversión extranjera directa, junto con la extensión geográfica del crecimiento de los ingresos y de las oportunidades, permitirán que un número cada vez mayor de países se integre en una red de intercambios internacionales más amplia.

- El aumento de los ingresos y la población ejercerá nuevas presiones sobre los recursos, tanto renovables como no renovables, lo cual obligará a gestionarlos con prudencia.

Hablaremos de ello, y de la famosa Responsabilidad Social Corporativa, en otra entrada, y también de esas nuevas formas de trabajo propiciadas por el desarrollo de la tecnología que no sé si estamos aprovechando realmente, especialmente en el campo del comercio exterior.

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