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Compasión, una palabra olvidada

Esther Comabella El mundo de hoy
22 Mar 2015 BLOG_NUM_COMMENTS

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Compasión, una palabra cada vez más olvidada.

Querid@s amig@s, hoy os invito a
ver un vídeo que me ha removido por dentro.

He dudado en darle al "click",
pero tras haberlo visto, os lo
recomiendo totalmente. Algun@s quizás ya lo hayáis visto.

https://www.youtube.com/watch?v=H_8y0WLm78U

Os acordáis de Monica Lewinsky?
Era el año 1998, han pasado ya 17 años. El caso fue una revolución con gran repercusión en todos los medios. Aun por aquel
entonces las redes sociales no tenían el dominio que tienen hoy, pero aun así,
el caso está vigente en internet.

La verdad es tenía una imagen muy
diferente de ella, fruto precisamente de todos los comentarios, opiniones y
críticas recibidas en el momento y a lo largo de los años. Y os confieso que al
escuchar su testimonio, me ha entrado vergüenza, propia y ajena.

Realmente no tenemos consciencia
del abaste y la magnitud de internet y de las redes sociales. Somos totalmente ajenos al
daño que puede causar un simple error, una simple foto subida con inconciencia
o un simple comentario hecho con la mejor voluntad del mundo.

Estamos inmersos en un mundo en
el que cada vez prevalece más el conocimiento y el dominio de herramientas tecnológicas,
en detrimento, en muchas ocasiones, de valores tradicionales, que caen en el
olvido.

Se habla mucho de la empatía y de la asertividad, pero, somos conscientes de que ligada a ellas está la compasión? Cómo podemos ser empáticos
si no somos capaces de llegar a sentir compasión? Y no me refiero a compasión
por una tragedia ocurrida, sino por la capacidad llegar a imaginar el dolor y el daño que podamos
causar a los demás con nuestras acciones. Quizás esa capacidad de anticiparnos,
de ponernos en el lugar del otro (empatía) y ser capaces de sentir en nuestra
piel las consecuencias de aquello que vamos a decir, hacer, difundir (entiéndase
aquí también retwittear, reenviar, compartir, etc).

La sociedad debe salir del
individualismo absoluto y abrir los ojos a lo que sucede a su alrededor, con una mirada
autocrítica, que vaya más allá, que vuelva a la esencia, a distinguir lo que está bien de lo que está mal, a premiar
aquello que promueve la convivencia, respetando la privacidad de cada uno. Está
claro que cada individuo tiene sus objetivos en la vida y sus intereses y debe
luchar por ellos, pero sin olvidar las consecuencias
que sus actos pueden tener sobre los demás.

No debemos permitir que la
humillación de alguien, sea el medio de enriquecimiento de muchos. Y esto,
lamentablemente, sucede más de lo que nos imaginamos.

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