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Todos podemos ser Florence Nightingale

Andrea König Fleischer Crisol Internacional Siglo XXI
6 Sep 2018 BLOG_NUM_COMMENTS

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Crisol  Internacional: “Todos podemos ser Florence Nightingale…”

Cuando faltan pocos meses para que concluya otro año nos pueden invadir muchos sentimientos, tanto de alegría y nostalgia, como de renovación espiritual y melancolía, que por instantes puedan ser reflejo de nuestros pensamientos y deseos más íntimos. En este contexto el tema de la ayuda, una  ayuda que damos de corazón no está sujeta a  ninguna época del año, ni tampoco a una edad, género, raza o clase social en particular. Abundan los ejemplos de personas verdaderamente altruistas y bondadosas a lo largo y ancho de la historia de la humanidad. Sin embargo, el tópico de la caridad, que hoy nos ocupa, es un fenómeno que se conoce más a fondo después de la Segunda Guerra Mundial  (1939-1945) y sus tremendas consecuencias y crisis humanitarias.  En la actualidad, cuando se habla de este tema, por lo general consideramos la creciente e incansable labor de cientos de organizaciones no gubernamentales conformadas por miles de voluntarios y manos solidarias, así como también  recordamos a fundaciones, universidades, grupos religiosos empresas y personajes muy generosas como la Madre Teresa de Calcuta, Mahatma Gandhi, Andrew Carnegie,  John D. Rockefeller hasta Bill Gates y también a algunos artistas que han donado cuantiosas sumas para socorrer a las personas muy necesitadas en las zonas más afectadas por crisis y miserias  alrededor del mundo.

Ahora bien, el altruismo, considerado como una “atención desinteresada al prójimo”, tiene muchos rostros y uno casi olvidado y poco conocido en el mundo actual ha sido la enfermera  inglesa Florence Nightingale, pionera de la enfermería profesional moderna. A pesar que ella provenía de una familia adinerada, renunció a los privilegios y la comodidad que podía tener, optó por luchar por su independencia y en contra de los convencionalismos sociales en una época cuando el movimiento femenino aún estaba lejos de formalizarse a medianos del siglo XIX para alcanzar una profesión en beneficio de la humanidad. Florence no solamente logró de introducir innovaciones técnicas en el hospital de caridad de Londres, sino capacitar y  organizar todo un ejército de 37 enfermeras voluntarias  en Constantinopla durante la Guerra de la Crimea, basándose  no solamente en sus excelentes conocimientos médicos, sino sobre todo en buenos sentimientos, un noble carácter, una inquebrantable voluntad  y un espíritu de lucha por querer cambiar las cosas. Con un rigor científico Florence empezó a  crear gráficos circulares o “coxcombs” que mostraban estadísticamente los riesgos de las enfermedades, hecho que  posteriormente,  en 1860 la distinguió como primera mujer  socia- fellow- de la  “Statistical Society” de Inglaterra. Asimismo, publicó en 1859 las Notas de Enfermería, obra clásica de esa disciplina y estableció salas de lecturas para los enfermos y  comunicados a través de cartas con los familiares que ella personalmente coordinaba. Durante aquellos meses Florence expresó en sus notas que “esta pobre gente muere sin nadie haga nada por salvarla: los enfermos asistan a los enfermos y los moribundos  a los muertos.” Líneas que nos invitan nuevamente a reflexionar a fondo sobre nuestra propia actitud y sensibilidad hacia el prójimo durante  tiempos difíciles, y quizás nos pueda motivar de no esperar hasta que haya  una situación emergente  para brindar ayuda a alguien que  nos necesita, sino actuar de corazón y por el gusto de querer hacerlo…y por más mínimo que sea nuestro esfuerzo, este pueda marcar la diferencia.

Cuando Florence Nightingale consiguió mejoras sanitarias sobresalientes en  algunas clínicas en Turquía durante aquella guerra, enfrentó muchos prejuicios de los médicos militares y a la pobreza de medios con que el ejército solía tratar y curar  a los soldados heridos, sanando no solamente heridas físicas sino también emocionales, lo cual le generó a su regreso a Londres la simpatía y  el apoyo de la Reina Victoria, mujer muy determinada y emancipada para la época, quien la respaldo en su lucha por reformar las leyes de sanidad pública tanto en Inglaterra como en la India colonial, dejando así un legado admirable para futuras generaciones no solamente de médicos, enfermos y trabajadores de la salud, sino para todos nosotros en búsqueda de ideales en un mundo tan tupido de ilusiones, espejismos y superficialidades. La vida de Florence fue indudablemente muy plena y larga ( 1820- 1910), dejando más de 200 escritos en torno a la salud, enfermería y cuidados médicos básicos que  han sido la luz en el camino para innumerables generaciones y más aún, un ideal a seguir en cuanto a sus buenos sentimientos, completamente altruistas y generosos, estrechando su mano a lo largo de sus 90 años de vida, lo que nos lleva a un solo pensamiento: ¿Podemos ser todos Florence Nightingale? o tenemos que esperar que pase algo…

P.S.: * Imagen tomada por la autora

Para datos biográficos http://www.londresweb.com/florence_nightingale_londres.htm

La línea del tiempo de la filantropía http://www.nptrust.org/history-of-giving/timeline/2000s/

Gente como tú y yo que han hecho la diferencia  con su actitud: http://www.recreoviral.com/reflexion/personas-altruistas/

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