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La Ansiedad y el Estrés en adolescentes. Habla el psicólogo

Victoria Belplan Con estas manitas
11 Dec 2018 BLOG_NUM_COMMENTS

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Las exigencias de la vida cotidiana, las presiones y el exceso de responsabilidades han hecho del estrés uno de los problemas más habituales de nuestra época.

Sin embargo, los especialistas distinguen dos tipos de estrés: el fisiológico o “bueno”, sin el cual no segregaríamos las hormonas suficientes para tomar decisiones por ejemplo, y el otro que puede ser negativo para el organismo y que se conoce como estrés “malo”.

El Estrés y la Ansiedad

En una situación de asalto, por ejemplo, uno sufre estrés. Aparece taquicardia y aumenta el volumen de circulación de la sangre que alimenta las distintas partes del cuerpo, entre ellas el cerebro. Y es precisamente el cerebro la parte que necesita aumentar su actividad para analizar qué es lo que conviene hacer.

En este caso, según Manuel Pedraz Riesco, psicólogo especialista en este tipo de transtornos, el estrés es beneficioso.

No se puede decir lo mismo en el caso en el que se convierte  en un círculo vicioso. Esto ocurre cuando se vive en tensión emocional permanente, lo que puede suceder cuando uno no consigue adaptarse a su situación. El estrés provoca al organismo taquicardia, sudoración profusa, hipertensión arterial, contracturas y elevación de la glucosa, entre otros síntomas.

Es uno de los factores de riesgo de enfermedad coronaria, junto con la obesidad y el tabaquismo.

Los cambios en general crean tensión: las mudanzas, especialmente si también se cambia de ciudad, cambio de colegio, los chicos pueden sufrirlo, aunque en alguno de estos casos esto les resulta beneficioso como ejercicio de adaptación.

El estrés antes citado, puede generar respuestas de ansiedad, como reacciones defensivas e instantáneas ante un peligro. Estas respuestas son adaptativas para la especie humana, eso significa que ejercen una acción protectora para el ser humano. El ser humano durante miles de años se ha tenido que enfrentar a infinidad de peligros, cuando estos se presentaban las respuestas más eficaces para preservar su integridad eran dos: la huida o la lucha.

Los mecanismos psicofisiológicos humanos, que preparan para la huida o la lucha han cumplido un eficaz papel a lo largo de los tiempos. El problema actual es que el ser humano ya no se tiene que enfrentar con animales que corren detrás de él para convertirlo en su cena, hay otros agentes estresantes que le rodean y le acompañan a lo largo de su existencia, haciendo que el fantasma del peligro le aceche detrás de cualquier situación inofensiva.

Nuestra predisposición genética

La ansiedad es la más común de las emociones, la reacción del organismo humano ante un peligro o amenaza se manifiesta mediante unas respuestas fisiológicas, cognitivas y conductuales.

Hoy por hoy, sabemos que la ansiedad en los adolescentes, aún existiendo una predisposición genética es necesario que se desencadenen una serie de factores como el estrés, la desadaptación social y la sobreexigencia académica junto con el hecho de no tener unas relaciones sociales relevantes y no estar plenamente desarrollada su capacidad cognitiva y una falta de experiencia en situaciones similares, pueden generar síntomas ansiosos o depresivos ante la incertidumbre o el miedo de no saber hacerlo bien.

La respuesta del miedo funciona como un mecanismo defectuoso, que se activa y previene de un peligro inexistente. Precisamente el ser humano actual está abocado a abordar el fascinante problema de cómo controlar los aspectos perjudiciales de las respuestas de miedo conservando sin embargo, sus beneficios protectores.

Si sufres una tensión emocional permanente, el camino más efectivo es tratar de hacer pequeños cambios en tu vida.

Pasos a dar para ayudar al adolescente a mejorar su trastorno:

1.- Convencerse de que una mejora es posible

Es importante convencer al adolescente de que sus síntomas pueden mejorar y que con un tratamiento adecuado su calidad de vida puede cambiar, desechando las reticencias previsibles del miedo a la opinión de los demás o por desconocimiento de la terapia, enfatizando las ventajas de volver a encontrarse bien.

2.- Cambiar su estilo de vida

Es una apuesta por iniciar hasta el hábito, conductas ordenadas en donde haya un espacio para el deporte y la vida social, comprometiéndose con un tratamiento y no engañándose con que solamente su voluntad de hacerlo, es suficiente

3.- Prestar atención a las comidas

Está comprobado que un plan de alimentación completa y balanceada que incluya cereales, legumbres, frutas, proteínas, verduras, evitando azúcar, sal y grasas animales, es esencial para mantener las defensas elevadas.

4.- Dormir 7-8 horas

Diversos estudios científicos han demostrado una correlación directa entre la falta de sueño y el debilitamiento del sistema inmunológico

5.- Practicar alguna actividad física

Se sé hace regularmente ayudará a bajar los niveles de colesterol, mejorará la circulación y alejará las tensiones, una media de cuatro veces a la semana, sin sobreexigencias.

6.- Mantén tu peso

Tener una imagen positiva y bien cuidada es uno de los puntos fuertes en tu autoestima y factor importante para hacer frente al estrés.

7.- Recurre a los afectos

El apoyo y la consistencia emocional que nos brindan nuestros familiares y amigos son de gran ayuda en los momentos de crisis, no dudes en pedirla.

8.- La clave es disfrutar

Uno de los mejores antídotos contra el estrés es el placer, proponte alguna actividad que te gratifique, aunque sea una vez a la semana, no pospongas un café con una amiga, o una salida al cine pensando que te quitará tiempo para tus obligaciones.

9.- Regálate tiempo para ti mismo

Tomate veinte minutos al día para relajarte o sacar el pie del acelerador. Los baños de inmersión están entre los primeros aliados a la hora de despejarnos, puedes también empezar un hobby: leer, escuchar música, manualidades…

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