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Cómo ganarle al miedo

Patricia Murphy Doyle ¡Coge el timón! de tu vida
1 May 2020 BLOG_NUM_COMMENTS

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Y un día el mundo se paró…se cerraron los centros comerciales, los bares y restaurantes, los parques se quedaron sin niños y las playas sin turistas al sol, resumiendo: los seres humanos confinados en sus hogares porque un virus llegó para quedarse.

Y entonces apareció el miedo…un estado emocional negativo generado por un peligro inminente. Debemos responder al miedo de manera inmediata, por lo tanto siempre se halla privilegiado en relación a otras emociones. 

¿Qué es una emoción? Un proceso influido por nuestra historia personal y evolutiva que produce cambios fisiológicos y de comportamiento, claves para sobrevivir.

Imaginemos que una noche caminamos por una calle solitaria y de repente sentimos que alguien nos persigue, comenzamos a tener cambios corporales como taquicardia, sudoración, aumento de la tensión arterial.

Ante un estímulo amenazante, se activa la amígdala, que  actúa como una central de alarma del cerebro, preparando el organismo para la huida o la defensa, garantizando así nuestra supervivencia.

El COVID-19 ya está entre nosotros, es real, por esa razón el miedo acecha.

La información que nos llega de los medios de comunicación nos  coloca en un estado de alarma permanente, tememos por nosotros y por nuestros seres queridos, nos sentimos agobiados  porque no sabemos cómo manejarnos en lo cotidiano: lavarnos las manos, desinfectar todo, relacionarnos con la familia, teletrabajar y un sinfín de cuestiones sin resolver.

La propagación del coronavirus y la amenaza de una crisis económica, social y polïtica preocupan cada vez más, sólo de nosotros depende que el miedo no siga creciendo en nuestro interior.

Pero…¿qué ocurre cuándo ese miedo se transforma en ansiedad?

La ansiedad, también es un estado emocional negativo, pero la amenaza no está presente, es anticipada y, ante riesgos imaginarios, el sistema de alarma igual se dispara.

En la ansiedad, nuestro pensamiento se vuelve proclive a los sesgos cognitivos, ya que  priorizamos unos datos y descartamos otros, generando una distorsión o interpretación incongruente sobre la información que disponemos.

La incertidumbre frente al contexto actual genera pensamientos angustiosos sobre el futuro, decaimiento anímico, irritabilidad y eso deriva en el aumento del cortisol y en una situación de estrés.

¿Cómo podemos disminuir el miedo y la ansiedad?

El humor es bueno para el cerebro, actúa como antídoto para afrontar dificultades, al reírnos liberamos endorfinas mejorando nuestro estado de ánimo y disminuyendo el estrés.

Las Neurociencias  descubrieron que el cerebro tiene la característica de la neuroplasticidad, es la capacidad para adaptarse y cambiar como resultado de la conducta y la experiencia. Mediante ella, somos capaces de modificar hábitos o conocimientos predeterminados y aprender cosas nuevas.

En este tiempo de confinamiento debemos “entrenar” nuestro cerebro para potenciar las habilidades blandas como la flexibilidad cognitiva, la inteligencia emocional, la toma de decisiones, la empatía, la creatividad.

Estas habilidades nos ayudarán a aumentar nuestra capacidad de anticipación disminuyendo la incertidumbre, y, preveer cambios de contexto y escenarios futuros.

Nuestros pensamientos y  actitud determinan lo que sucede en nuestra vida.

“Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto” Henry Ford

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