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Averigua si eres una persona resiliente

Laura García García Coaching con Laura
12 Nov 2019 BLOG_NUM_COMMENTS

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Llevamos ya un tiempo escuchando, con cierta frecuencia, una palabra que parece estar de moda: la resiliencia.

Según la RAE, la resiliencia se define como la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos; capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido”.

En mi anterior post os hablaba de todos los bloqueos por los que, como mujer emprendedora, he pasado y paso. Y que, probablemente, no superaría si en mí no existiera esta capacidad que os acabo de definir. La resiliencia.

Gracias a ella, el ser humano, no sólo se levanta cada vez que cae. Sino que, es capaz de recuperarse, aprender y salir reforzado de cada una de las situaciones adversas que vive.

¿Cómo sería nuestra vida sin la resiliencia? 

Sin la resiliencia, en primer lugar, reaccionaríamos con extrema rigidez ante todas esas situaciones que se escapan a nuestro control y para las que no estábamos preparados. En nuestra mente habría una imagen de cómo tendrían que ser las cosas. Y si esa imagen no se correspondiese con la realidad, nos enfadaríamos.

Además, no seríamos capaces de controlar ese enfado. Y, entraríamos en lo que yo llamo “modo aspersor”. Es decir, empezaríamos a repartir culpas y responsabilidades a todos los que tenemos a nuestro alrededor.

Pero, nosotros no miraríamos hacia dentro para ver nuestra parte de responsabilidad ante ese hecho. Por lo tanto, tampoco tendríamos la posibilidad de ver qué lo ha causado. Y cómo podríamos minimizar esas causas para que no volviera a pasar lo mismo. Porque, una persona no resiliente es una persona que sólo se pregunta por qué. No, cómo.

Sin ella, estaríamos dominados por pensamientos negativos que desencadenarían emociones negativas. Nos sentiríamos impotentes en un mundo difícil y cruel para el que no hay posibilidad de actuación.

Estos pensamientos, mantenidos en el tiempo, nos generarían mucha presión y ansiedad. E, inevitablemente, provocarían en nosotros inseguridad y escasa empatía. Porque, ¿qué pasa si pensamos que el mundo que nos rodea y las personas que hay en él son una amenaza para nosotros? Pues que nos defendemos, y en ese momento dejamos de ser empáticos. Viviríamos en una especie de “sálvese quien pueda”.

Y claro, con este panorama, la capacidad de automotivación es: cero. ¿Para qué? Si, total, está todo perdido.

Una capacidad al alcance de todos 

Como te habrás dado cuenta, esta situación que acabo de describir no es tan disparatada. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos pensado, sentido o actuado así. Y es que, aunque la palabra resiliencia esté muy de moda, no ha sido muy explorada por el ser humano.

La parte positiva es que esta capacidad está en cada uno de nosotros. Todos tenemos a nuestra disposición esta “mágica herramienta” que nos ayuda a levantarnos a diario y crecer ante la adversidad. Sin embargo, no siempre decidimos usarla.

A unos les cuesta más que a otros. Y esto no quiere decir que a las personas resilientes no les duelan o molesten las cosas. ¡Para nada! Es, más bien, una cuestión de actitud.

Una cuestión de actitud ante la vida y ante las situaciones. Ya que, la posición que adoptamos frente a esas situaciones, es fundamental. No sólo para hacerles  frente, sino para salir reforzados. Porque no olvidemos que la resiliencia lleva implícita esta parte: la de salir reforzados.

Te animo a que recuerdes alguna situación adversa o conflicto. Y analices qué recursos pusiste en práctica para superarlo, para mantenerte a flote y salir reforzado. Esos recursos son los que te convierten en una persona resiliente.

Y si al leer estas líneas has descubierto que es una capacidad que te vendría desarrollar o incluso mejorar, no lo dudes. Ponte en manos de un profesional que te acompañe en ese proceso.

Laura

www.coachingconlaura.com

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