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Un ejemplo de valentía

Charo Izquierdo Camino de Ítaca
20 Jul. 2015 0 comentarios

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Lo reconozco. Las personas que son capaces de cambiar de vida me apasionan y me han apasionado siempre. Con dos sentimientos encontrados: el deseo de emularlas y el vértigo de hacerlo. Por eso, cuando la vida me pone delante a un ser que lo ha conseguido y que, además, puede presumir de haber llegado a coronar al menos parte de las cumbres que se ha marcado en el camino, siento una especial admiración.

Ella me lo produce.

Y ¡encima! es periodista.

Hay que reconocer que la profesión ha dado para mucho. Ha dado incluso para una Reina, la nuestra, Su Alteza Real Doña Letizia. Pero no voy a hablar de Ella, por más que la admire, que la admiro, sino de otra periodista, esta especializada en un campo tan habitualmente masculino como es el de motor, que un día decidió "colgar" el ordenador para dedicarse a otra de sus pasiones, esa que le quita la erre al motor, aunque necesite muy buen ídem para dar sus mejores prestaciones, es decir la moto. Colgó sus hábitos para adoptar otros que le permitieran dar la vuelta al mundo. Nadie dudará de que la misión era como poco ambiciosa. Pero a Alicia Sornosa parece que no se le pone nada por delante. Era septiembre de 2011. Cogió su moto trail 600 cc. Puso tierra de por medio, y en abril de 2013 había atravesado España, Italia, Egipto, Sudán, Etiopía, Kenia, India, Australia, Estados Unidos (y Alaska), Canadá, México, Guatemala, Honduras, Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Puerto Rico, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Argentina (hasta Ushuaia) y Uruguay. Se convertía en la primera española que conseguía la hazaña, la primera que daba la Vuelta al Mundo en moto.

Alicia podía haberse quedado ahí. Y ya podría haber presumido durante el resto de sus días. Pero decidió seguir luchando, seguir sus viajes que han sido dos después de este primero, el último de Madrid a Tokio, en un periplo que además coincidía con el 400 aniversario de las relaciones entre España y Japón. La aventurera ha continuado el viaje y continúa, o quiere continuarlo en los próximos meses, siempre que encuentre financiación, con una moto nueva, una Ducati Scrambler, con la que espera ir a Tailandia, Laos, Camboya y Brasil. ¿Locura? Yo diría pasión. La misma que le hace continuar con la escritura de algunos artículos, de su blog www.aliciasornosa.com o llevar a medias una novela sobre su vuelta al mundo, que a mí, que soy incapaz de subirme a uno de esos caballos con ruedas que para ella forma parte de su cuerpo, me parece una quimera.

Pero sabéis qué, no es esa hazaña, siendo grande y poderosa, lo que más me fascina de Alicia. No. Lo es que allá donde ha ido ha devuelto a las sociedades por las que pasaba algo de lo que la vida le ha deparado a ella, en forma de ayuda, ella que anda pidiendo eso, ayuda, para acometer su pasión. Lo que más me conmueve es su voluntariado permanente y activo a más no poder con aquellos que tienen menos y que conocen la necesidad de que alguien les eche una mano para vivir o sobrevivir. Por ejemplo, en su primer viaje colaboró en Lima con Padma, una asociación que trabaja con mujeres maltratadas, o en México con niños que estaban pasando por tratamiento oncológico. En el segundo, con Aldeas Infantiles en Chile. Y en el tercero, en pleno desierto del Gobi (Mongolia) entregó material y más de 1.000 euros recaudados en sus redes sociales a la Asociación La Otra Mirada, que cuida a unos niños de Nalaj, una de las barriadas de la capital y que sufren la enfermedad de "los huesos de cristal".

No es una casualidad que Alicia diga que hará su cuarto viaje cuando recaude fondos y cuando tenga una causa poderosa con la que colaborar. El hecho de que ponga ambos temas en la misma balanza me atrapó al leerlo. Porque siempre he creído en los que ayudan a quienes más lo necesitan. Siempre he pensando que tenemos tanta suerte los que hemos nacido del lado del mapa "afortunado", que entiendo como responsabilidad individual pero generalizada, al tiempo, esa de poner nuestro empeño, nuestra dedicación y nuestro dinero al servicio de los están pidiendo ayuda a gritos.

Decía al principio de este post que me gustan las personas que son capaces de cambiar de vida. Pues bien, no es cierto. O no del todo. Me impresionan más las personas que son capaces de impactar en los demás, poco o mucho, para cambiar la suya, aquellas que tienen entre su misión la de ayudar, esas que saben que una vida mejor es una responsabilidad de todos y que entre todos somos capaces de conseguir que el mundo sea mejor, o por lo menos de empujar con determinación para que se encarrile hacia ese fin. Unir la emoción (que es movimiento) del viaje y de la cooperación me parece de las cosas más bellas que he leído últimamente como estilo de vida. Enhorabuena, querida Alicia.

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